Cambio climático: los costos económicos de un tiempo inestable

El aumento de la temperatura, la mayor variabilidad meteorológica y sequías e inundaciones más intensas tienen, y tendrán, fuertes impactos en la actividad económica de la Argentina y el mundo, no sólo en el campo sino también en la industria o los servicios
Alejandro Rebossio
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6 de diciembre de 2009  

Seres humanos que deben migrar a zonas menos inhóspitas, ganaderos que ven morir sus animales por sequías más extremas que en el pasado, agricultores que pierden sus cultivos por inundaciones más intensas, el Gobierno obligado a declarar esta semana la emergencia agropecuaria, hoteleros que reciben menos turistas porque los lagos están secos, industriales que venden más equipos de aire acondicionado. Los impactos del cambio climático -la discusión es si responde al calentamiento global generado por el hombre o a un ciclo habitual- ya se sienten en la Argentina, como en el resto del mundo, pero los mayores riesgos se vislumbran para las próximas décadas. Por eso, a partir de mañana en Copenhague se definirán en la Cumbre de la ONU sobre Cambio Climático los compromisos de todos los países, sobre todo, los desarrollados y China, para contrarrestarlos.

"Los científicos no se animan a decir que los cambios que se ven en la Argentina sean referidos al cambio climático mundial, pero lo que está pasando se parece a lo que va a pasar. Se prevén fenómenos extremos más agudos, más sequías donde había sequías y más inundaciones donde había inundaciones, olas de calor, tornados, tormentas de viento y granizo", explica Raúl Estrada Oyuela, diplomático que negoció el Protocolo de Kyoto (de reducción de emisiones de dióxido de carbono en países ricos, excepto Estados Unidos, que no lo firmó) y que ahora preside la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente. "Aparte de los cambios en la producción primaria, vemos que el cambio sustancial del régimen de lluvias ha traído problemas en las represas de Salto Grande y El Chocón, donde se sobreacumuló agua por mal manejo", ejemplifica Estrada Oyuela.

Si la Argentina continúa aumentando las emisiones de dióxido de carbono, enfrentará nuevos impuestos para ingresar sus productos a países desarrollados, advierte el diplomático. En EE.UU, la Cámara de Representantes aprobó un tributo para compensar el esfuerzo que la producción de Estados Unidos tendrá que hacer si su gobierno asume compromisos en Copenhague. El Senado francés aprobó un etiquetado de los artículos que aclare su contenido de carbono. Walmart también quiere crear un etiquetado similar para sus supermercados de Estados Unidos. La Organización Mundial de Comercio (OMC) admite ciertas trabas al comercio de productos contaminantes.

"El cambio del sistema climático obliga a la relocalización de cultivos", expone Osvaldo Canziani, integrante del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU, organismo que ganó el Nobel de la Paz. "Los cultivos de cereales no van a tener rendimientos apropiados y, en un futuro próximo, cuando la temperatura media sobre la superficie de la Tierra aumente en 2º C, varias especies no van a poder ser cultivadas en las regiones tropicales actuales, mañana más calientes. Estos cereales se cultivarán en regiones templadas, siempre y cuando la temperatura media del planeta no aumenten en 3º C."

"La situación se ha hecho crítica con especies de peces comestibles", reconoce Canziani. "Los rendimientos cárnicos y lácteos del ganado disminuyen en condiciones de mayor temperatura y humedad."

El director de Cambio Climático del Gobierno, Nazareno Castillo, prevé "menos generación hidroeléctrica en el Comahue, continuidad del retroceso de glaciares, incrementos y caídas de la producción agrícola de la zona pampeana, enfermedades nuevas para zonas templadas como el dengue, con sus consiguientes costos para la salud, inundaciones que demandarán la construcción de barreras para contener el agua y el reordenamiento de poblaciones". Agrega que "el turismo puede sufrir el impacto, la industria puede tener problemas de infraestructura por inundaciones, tornados o falta de insumos, y también las migraciones forzadas tendrán un impacto sobre las economías", enumera Castillo.

Impacto mundial

El ingeniero agrónomo experto en clima Eduardo Sierra considera que en la Argentina el calentamiento global acelera la variabilidad del clima. El cambio amenaza al mundo entero, pero los países en desarrollo son los más vulnerables, según un informe que el Banco Mundial ha presentado para la cumbre de Copenhague. "Los países emergentes soportarán aproximadamente entre 75 y 80% del costo de los daños provocados por la variación del clima. Incluso un calentamiento de 2° C por encima de las temperaturas preindustriales –probablemente lo mínimo que padecerá el planeta– podría generar en Africa y Asia meridional una reducción permanente del PBI de entre 4 y 5%", advierte el banco. En Europa oriental y Asia central, el peligro está asociado con el legado soviético de mala gestión ambiental y con el lamentable estado de la infraestructura.

"En América latina y el Caribe los ecosistemas más importantes están amenazados. Se prevé la desaparición de los glaciares tropicales de los Andes, lo que modificaría el calendario e intensidad del agua a disposición de varios países y provocaría estrés hídrico por falta de agua para al menos 77 millones de personas ya en 2020, así como una amenaza para la energía hidroeléctrica, fuente de más de la mitad de la electricidad en muchos países de América del Sur", advierte el documento del BM. Sin embargo, "el impacto más desastroso será la extinción del bosque amazónico y la transformación de grandes extensiones en sabana, con graves consecuencias para el clima de la región, y quizá de todo el mundo".

El detalle de los impactos

En la Argentina, el director de Cambio Climático del Gobierno, Nazareno Castillo, afirma que se observa un aumento de la frecuencia de las precipitaciones extremas en el este y centro de la Argentina, un incremento de la temperatura en la cordillera, la Patagonia y Cuyo, con retroceso de glaciares, un alza de los caudales de ríos y de la frecuencia de las inundaciones en todo el país, excepto en San Juan, Mendoza, Comahue y el norte de la Patagonia, donde han disminuido los caudales. Para enfrentar el cambio climático, la Argentina debe tomar algunas medidas de adaptación, como la rotación de cultivos, pero en el futuro también deberá adoptar políticas de mitigación, es decir, tendrá que limitar las emisiones de dióxido de carbono. "El secuestro de carbono con bosques es más barato que las energías que reducen la emisión, como la solar o eólica, mientras que las medidas de eficiencia energética son menos costosas aún y permiten recuperar la inversión", explica Castillo y concluye: "Es difícil discernir si hay cambio de ciclo o cambio climático, pero al menos hace diez años hay cambio de tendencia".

El ingeniero agrónomo experto en clima Eduardo Sierra advierte sobre las menores lluvias en el sur de Cuyo, el norte de la Patagonia y el sudoeste de la región pampeana, donde se registra mortandad de ganado, el sector del campo más afectado por las modificaciones del clima. Entre los cultivos, los más perjudicados son el trigo porque está cultivado en zonas más marginales, seguido por la cebada, la avena y el centeno. Las plantaciones de vid, tabaco, caña de azúcar, tomate y papa sufren más heladas y granizos. "Como América del Sur es la gran biósfera del mundo, se teme más presión productiva de parte del mundo", señala Sierra.

El Banco Mundial alerta que la mayor parte de los países en desarrollo carece de la capacidad financiera y técnica suficiente para manejar el creciente riesgo climático. "Dependen en forma más directa de los recursos naturales sensibles al clima para generar sus ingresos y su bienestar. Además, la mayoría se ubica en regiones tropicales y subtropicales ya sujetas a un clima sumamente variable."

De acuerdo con el Boletín Anual de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en 2008 las concentraciones globales en la atmósfera de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso alcanzaron los niveles más altos desde que se llevan registros históricos. "En 20 años las emisiones han aumentado en un 26%, y solamente de 2007 a 2008 se incrementaron en 1,3%", concluye.

En Africa subsahariana, cuya economía depende fuertemente de los recursos naturales, los cambios se dejarán ver en la agricultura, que aporta aproximadamente el 23% del PBI (con exclusión de Sudáfrica) y da empleo a cerca del 70% de la población, según el Banco Mundial. Los problemas de infraestructura podrían obstaculizar las medidas de adaptación, y la capacidad de almacenamiento de agua se mantendría limitada a pesar de la abundancia de recursos. En Oriente Medio y Norte de África, la región más seca del mundo, la disponibilidad de agua per cápita se reducirá a la mitad para 2050.

Para el BM, en Asia oriental y el Pacífico un factor de vulnerabilidad es la cantidad de personas que viven en la costa y en islas de litoral bajo: más de 130 millones de personas en China y unos 40 millones, es decir, más de la mitad de toda la población, en Vietnam. Las economías de la región dependen fuertemente de los recursos marinos —el valor de los recursos de coral bien gestionados es de US$ 13.000 millones sólo en Asia sudoriental—, que están ya sometidos a presión como consecuencia de la contaminación industrial, el desarrollo costero, la sobrepesca y el aliviadero de plaguicidas agrícolas y nutrientes.

El Banco Mundial cita una historia de vida para retratar el drama del calentamiento global. Un miembro de la tribu Masai en la planicie Laikipia en Kenya debe tener nueve reses antes de que pueda pedir a una mujer en matrimonio. El joven Sam Stanyaki, de la villa Waso, ha trabajado muy duro para adquirir esas nueve cabezas de ganado. Sin embargo, ¿podrá casarse en febrero próximo y realizar una gran celebración como tiene previsto?

"Las lluvias llegaron muy tarde este año y apenas había pasto. Hemos tenido que llevar nuestras reses a otros lugares donde pensábamos que la hierba era mejor", afirma Stanyaki. "Pero, allí no había suficiente pasto para todos y estoy preocupado porque a lo mejor tendré que vender mis reses a un bajo precio o que algunas mueran. Si eso pasa, no sé qué haré con mi boda", admite.

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