Ahora preocupa la sequía

Carlos Marín Moreno
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22 de diciembre de 2001  

Como broche de oro de un año completamente anormal en materia climática, 2001 termina con una situación de sequía que afecta a varias zonas de la pradera pampeana. En muchos campos las lomas y media lomas piden agua y la sembradora espera turno para volver a rodar.

"Muchos productores se vieron obligados a parar la siembra porque no pueden tirarse un lance y obtener una mala implantación y arranque inicial de un cultivo, porque no hay resto económico si se fracasa", apuntó un asesor que trabaja en el sur de Santa Fe y en el sur de Buenos Aires.

"Después del encharcamiento o anegamiento primaveral, muchos suelos están completamente planchados, con una capa dura superficial muy difícil de romper con las máquinas de siembra directa, lo que complica todavía más la emergencia", agregó el técnico.

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La falta de agua también se nota en los cultivos implantados. Muchos maíces tempranos tuvieron un mal arranque porque las lluvias lavaron las aplicaciones de nitrógeno efectuadas a la siembra. Luego crecieron con dificultades y hoy sufren stress hídrico, por lo que muestran gran desuniformidad en tamaño y color de las plantas, que refleja con nitidez las distintas calidades de suelo que hay en cada lote. La insuficiente provisión de agua se evidencia por el funcionamiento permanente de los equipos de riego en la zona maicera núcleo.

Las sojas de segunda también deben pelear contra un ambiente desfavorable. Implantadas con mucho apuro y dificultades, las plantas tienen 10/15 centímetros de altura, vegetan en un perfil seco y están muy lejos de cubrir el entresurco.

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Por supuesto, este fin de año con tendencia a seco beneficia a las zonas inundadas, que ven retirarse el agua de la superficie de potreros altos y medias lomas, aunque conservando la napa a profundidades peligrosas. Se va el agua, pero no los problemas parece ser la consigna de estas regiones, reflejada por la situación de Argentino Riva, productor miembro del CREA Cañada Seca, cerca de Rufino.

"En 1997 explotaba 1300 hectáreas agrícolas, entre propias y arrendadas, de las cuales se inundaron 1200 hasta el tercer hilo del alambrado; fuera del agua sólo quedó una pequeña fracción que incluía el casco. Al año siguiente, buscando recuperarnos, volvimos a sembrar; cayeron 1300 milímetros y nuevamente sufrimos inundación. Y lo mismo pasó en 1999 y en 2000, cuando llovieron más de 1300 milímetros por año", señala.

"Esta sucesión de campañas fracasadas nos dejó sin recursos y nos obligó a alquilar el campo para el ciclo 2001/2002 y a vender dos equipos agrícolas para saldar las deudas bancarias que se habían contraído. La campaña que viene, si el agua se va, volveremos a la producción", dice resignado.

El hecho de que el agua comience a retirarse dirige la atención de los productores hacia la planificación económica y financiera futura de las empresas afectadas. "El productor que sufrió una inundación en primavera tiene que hacer un esfuerzo por levantar la vista de los problemas que aún enfrenta y pensar en los efectos del fenómeno sobre su empresa a mediano y largo plazo. Debe entender que el plan de producción original sufrió modificaciones y hay que plantear nuevos escenarios para ver cómo va a quedar en el futuro. Esto es lo primero que hay que hacer, antes de tomar alguna decisión empresarial", opina Horacio Alippe, coordinador de los CREA del Oeste Arenoso. Agrega que "esta nueva planificación de la empresa es básica porque el golpe asestado por las inundaciones de 2001 impactará en 2002 y 2003".

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