Amenaza para la tecnología

Con su aporte se lograron excelentes cultivos, como el de la actual campaña, cuya cosecha está en riesgo por falta de recursos
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26 de enero de 2002  

La enorme mayoría de las plantas que componen los vastos cultivos de soja y maíz del centro productor de la pampa húmeda luce turgente, empinada y coloreada de un verde radiante. Como pocas veces pudo observarse en anteriores campañas.

Se los puede distinguir fácilmente desde rutas nacionales y locales del sur santafecino, cordobés y también del norte de Buenos Aires. Tal es lo visto en un recorrido por Hughes, Runciman, Venado Tuerto, Pergamino, Casilda, Alcorta y Firmat, entre otras localidades. Por estos días la fotosíntesis está funcionando a un ritmo vertiginoso, y un escenario de alto rinde de granos en el ámbito nacional resulta muy probable y late en el ambiente.

Si a esto le sumamos la devaluación del peso, que mejora los márgenes brutos de los cultivos en más de un 30%, la situación pasa a ser ideal.

Claro, vale aclarar, que sería ideal en cualquier lugar del mundo, menos en la Argentina de hoy.

Todo este formidable esfuerzo puede caer en un abismo sin fondo si se adhieren pegajosamente al tejido productivo las garras de la parálisis, el corralito financiero, las medidas de política económica funestas y la incertidumbre de las marchas y contramarchas.

Los productores se ven acuciados por la ruptura de la cadena de pagos que, hoy por hoy, provoca desasosiego y una angustia incontenible.

Por otra parte, las empresas proveedoras de insumos, por ejemplo, no están abasteciendo de herbicidas, insecticidas, entre otros. Y tienen sobradas razones para hacerlo: desconocen los precios a los que puede estimarse la tasa de cambio, cómo pagarán los productos importados desde sus casas matrices, cómo cobrarán sus deudas y, tal vez, lo más importante, cuáles serán los parámetros sobre los que asienta la financiación, única forma viable de concretar operaciones.

Si se toman las pertinentes medidas sanitarias y de protección de los cultivos, el campo argentino podrá configurarse en el único gestor preponderante de divisas y valor monetario, en este más que conflictivo año 2002.

Por supuesto, la espectacular cosecha de este año no resulta de una casualidad que se dio por una sucesión de hechos espontáneos. Fue en cambio, la conjunción de desarrollos tecnológicos como las buenas variedades transgénicas, la fertilización, los sistemas de producción conservacionistas y también de las oportunidades de financiación que había el año pasado.

Los modernos, creativos, dinámicos y eficaces productores agropecuarios nacionales, hasta ahora, cumplieron ampliamente con su trabajo.

Pero el panorama cambió drásticamente. La tecnología de "costo cero" a la que conducen invariablemente los problemas inflacionarios agudos y también los modelos económicos que incorporan las retenciones a la exportación, configuran una de las principales amenazas del campo en estos tiempos.

¿Qué va suceder con el ánimo de los productores y emprendedores que pusieron muchos millones de dólares sobre esta tierra argentina?

¿Volverá, por ejemplo, Alberto Marchionni, productor y distribuidor de Hughes, Santa Fe, a sembrar 5000 hectáreas y tomar créditos para realizar instalaciones que le permitieron procesar semilla original para Nidera y trabajar con 1,5 millones de bolsas de semilla de calidad Magna de Monsanto?

¿Tendrá interés el mismo Marchionni en asumir el riesgo de traer nuevamente al país 50 neumáticos de alta flotación desde Suecia para no compactar los suelos trabajados en siembra directa y que están valuados en unos 3000 dólares cada uno y que están amontonados en un galpón?

Cómo están las cosas nadie puede estar seguro que, por ejemplo, Raúl Weiss, administrador de la Estancia Santa Isabel (propiedad de la familia Doddi), de 6000 hectáreas quiera invertir "un poco más para lograr buenos resultados".

"Nosotros, hasta ahora, aplicamos fungicidas preventivos para roya y fusarium en el trigo; fertilizamos para buscar la máxima respuesta económica. En nuestro caso son 100 kilogramos de fosfato diamónico y 200 de urea en maíz; utilizamos también el 50 por ciento de las variedades Bt y en las no Bt hacemos las aplicaciones contra diatrea que hagan falta y, por supuesto, respetamos las rotaciones de soja-trigo/soja- maíz de 15 años con 5 de pasturas, también pulverizamos contra barrenador con 500 centímetros cúbicos de Clorpirifós y 200 de Cipermetrina".

Si Weiss no hace estos gastos porque no puede, no quiere o no le conviene, sus rindes se resentirán. Y es más, si esta conducta se multiplicaran en miles de productores, podría derrumbarse la productividad de los campos argentinos e impedir que vuelvan observarse récords de cosechas como los que estamos acostumbrados. Sería, en rigor, la última gran cosecha de esta era.

Contratistas en apuros

La Federación Argentina de Contratistas de Máquinas Agrícola está ubicada en Casilda, Santa Fe. Su presidente es Jorge Scoppa y el secretario es Norberto Ferrucci.

Los contratistas aseguran ser los responsables de levantar el 80 por ciento de las cosechas argentinas y comentan: "Hay ilimitada cantidad de cheques rechazados y como no hay créditos para producir, no se pueden negociar valores".

Agregan que no puede permitirse "a las empresas multinacionales o nacionales que apliquen un interés para financiar insumos que resulte idéntico a las empresas privatizadas de agua, luz y teléfonos".

Ricardo Torentino, contratista de 11.000 hectáreas que comienza a recolectar granos en Gancedo, Chaco y termina en Necochea dijo: "Si no se pesifican las deudas en dólares que fueron tomadas uno a uno, no se podrán pagar las deudas a los bancos. Tengo una cosechadora Don Roque comprada con un crédito del Banco Nación que me va a ser difícil de pagar".

Se espera que esta crisis sea sólo un fuerte "cross" al hígado y no tenga la capacidad de sacar del ring productivo a los hombres que tienen las ganas, la capacidad y las posibilidades de hacer crecer a la Argentina.

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