Carne: ¿derecho o privilegio?

La Argentina es el país con mayor consumo per cápita de cortes vacunos del mundo; por el aumento de las exportaciones se abre un debate sobre cómo satisfacer al mercado interno
(0)
24 de septiembre de 2005  

En la Argentina la carne es una cuestión de Estado: es el primer plato de los argentinos y parte irrenunciable de su cultura. Pero, aclaración pertinente, es tratada como una cuestión de Estado sólo cuando sube su precio. Su producción puede estar estancada por más de treinta años y no por eso va a ser motivo de preocupación más que de subsecretarios de la cartera a cargo, pero basta que la carnicería se convierta en usina del malhumor social para que el presidente de turno se arremangue y quiera tomar cartas en el asunto.

La carne es, entre tantas, una cuestión de Estado que no tiene política de Estado. De vez en vez, suele tener bomberos que intentan apagar los incendios pero que también no dejan de romper los muebles de la casa. Algo así está ocurriendo ahora con la carne que, parafraseando un dicho sindicalista, se encuentra con una oferta que sube por la escalera y una demanda, tanto interna como externa, que sube por el ascensor.

Desde 2003 el mercado interno se lleva todo lo que le ponen en la mesa gracias a la mejora en la capacidad adquisitiva de una mayor proporción de hogares debido a la caída de la desocupación. Así, el consumo anual por habitante pasó de 56 kilos en 2002 a 64 kilos en el 2004. Según un estudio del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva) el consumo de carne en los tres segmentos de poder adquisitivo alto, medio y bajo, se reparten, en kilos de carne no en cuanto al tipo de corte, en forma mucho más pareja de lo que podría pensarse.

Fronteras afuera, la demanda externa está comprando lo que nunca y promete terminar 2005 con el nivel más alto de exportaciones vacunas de los últimos 25 años. En julio ocurrió un hecho absolutamente inédito, que, aunque muy coyuntural de muestra lo que puede ocurrir a futuro: las exportaciones representaron el 30% de la producción total de carne. Vale recordar que el promedio histórico de la exportación fue el 15,8%. Ya en 2004 se había pegado un salto del 67% con respecto a 2003. Durante ese año los frigoríficos realizaron embarques por 586.208 toneladas res con hueso por un valor total de 921,6 millones de dólares.

En este contexto se hace fácil adivinar qué es lo que vendrá en el mediano plazo. Un reciente trabajo de la Universidad Católica Argentina para el Ipcva, concluye que "existe una imposibilidad técnica para que la producción de carne vacuna crezca al mismo ritmo que la demanda. Por lo tanto, la presión de la demanda, externa e interna, impactará sobre los precios de la hacienda y de los diferentes cortes al consumidor."

Entre otras cosas, esta tensión significa resolver un viejo debate que ahora se hace imposible esquivar: ¿el nivel de consumo de carne vacuna es un derecho o un privilegio de los argentinos? ¿Derecho a consumir, en el país de las vacas, carne barata por siempre o privilegio que algún día se deberá terminar?

La respuesta está muy ligada al lugar del mostrador que se ocupe.

Si se argumenta en favor del privilegio que tienen los argentinos en el consumo de carne vacuna, datos no faltan. Las estadísticas de la FAO muestran a la Argentina en el tope del ranking mundial con su consumo por habitante de 62 kilos seguido de lejos por Estados Unidos con 43 kilos, Uruguay con 41 kilos, y los dos más fuertes exportadores mundiales como Australia y Brasil con 39 y 36 kilos respectivamente. Vale completar el cuadro con los 19 kilos de la Unión Europea o los 9 kilos anuales que consumen los japoneses.

Sumatoria

Si a la carne bovina se le suma el consumo de todas las carnes, que incluye a porcinos, aves, corderos, pescados, los datos de la FAO demuestran que la Argentina, si bien pierde la primera posición a manos de Estados Unidos con 124 kilos, sigue perteneciendo al club de los países mas carnívoros del planeta con sus 96 kilos. Superada apenas por Australia, Canadá y Nueva Zelanda con un poco más de cien kilos, pero arriba de Brasil con 83 kilos, la Unión Europea con 73 kilos y Japón 44 kilos por mencionar sólo algunos.

En este sentido hay más datos, como que un kilo de bife que un argentino lo paga 5 dólares, a un norteamericano le puede costar 19 dólares, a un europeo 24 dólares, a un australiano 16 dólares y a un japonés, si es que después de pagarlo no se hace un hara-kiri, hasta 40 dólares.

Para los que sueñan en darle rienda suelta al potencial de la carne creen que para 2014 se podría alcanzar 1,3 millones de toneladas con ingresos cercanos a los 2800 millones de dólares.

En la otra vereda, quienes piensan que el nivel de consumo de carne en la Argentina está más cerca del derecho que del privilegio, y que por lo tanto hay que defenderlo antes que cualquier ecuación del mercado, ponen sobre la mesa el peso nutricional y también cultural que tiene para los argentinos. Como fuente de hierro y proteína de alto valor, la carne vacuna es un reaseguro en la nutrición de los niños y jóvenes.

La licenciada en nutrición Viviana Viviant, autora de un trabajo sobre los mitos y verdades de la carne vacuna, opina que "el valor nutritivo de la carne es indiscutible, posee los 8 aminoácidos esenciales que nuestro organismo no puede producir y es imprescindible en la infancia, el embarazo y el deporte".

Por su parte, un estudio de mercado realizado por el Ipcva, concluyó que la carne es la comida ideal para los consumidores argentinos.

Víctor Tonelli, productor y consultor privado con una larga trayectoria en el negocio de la carne, cree que en definitiva el consumo de carne en Argentina tiene más de privilegio que de derecho pero que hay alternativas como para compatibilizar las dos posiciones. "La cuenta es que a un lomo aquí le puedo sacar 5 dólares y al exportarlo puedo obtener 10 o 12 dólares. Obtengo el doble de valor, por lo que dejar de exportar cortes vacunos de alto precio en el mercado internacional para comerlos aquí significa tener un importante lucro cesante. Tiene mas sentido traer esas divisas y repartirlas equitativamente. Deberíamos tomar nota de lo que hicieron los uruguayos cuando se les abrió el mercado norteamericano y el canadiense. En menos de un año la hacienda pasó de valer cincuenta centavos el kilo vivo a casi un dólar. Esto tuvo impacto sobre los precios al consumidor al punto que los uruguayos dejaron de consumir los sesenta kilos anuales y se redujeron a cuarenta kilos. Pero, tanto el anterior gobierno uruguayo como el actual, entendieron que era crucial no limitar la entrada de divisas y que había lugar para defender el consumo interno a partir de los cortes que no se exportaban".

Tonelli como muchos otros cree que a la carne no hay que tomarla como un solo corte. Hay cortes de exportación como los lomos, el bife, el cuadril, la nalga, la bola de lomo, "que nos deberíamos olvidar de consumir" y cortes para el mercado interno como la marucha, la palomita, los cortes de la paleta, la cuadrada, la aguja, la tortuguita, "que son excelentes pero sobre los hay un enorme desconocimiento de los consumidores y hay que aprender a cocinarlos".

Según Tonelli, "aumentar la oferta, la producción de carne, nos va a llevar por lo menos cuatro años. Es necesario, para amortiguar las insatisfacciones que puede generar el aumento de precio de los cortes de exportación, que la gente aprecie y busque otros cortes de carne que son excelentes pero no se exportan".

El escenario futuro de las carnes en cuanto a consumo y a exportación será necesariamente distinto, ¿lo serán también las medidas que se tomen?

Todos los ojos puestos en Rusia

Es hoy el principal mercado para las carnes locales

Los exportadores de carnes argentinas hoy hablan de Rusia como la gran esperanza para los embarques argentinos. Por ello, la participación del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva) y de trece empresas locales en la World Food Moscu 2005, que empezó esta semana no es un extravagancia. Rusia se transformó en el principal destino de las exportaciones de carnes argentinas al punto de acaparar el 50% de lo vendido al mercado externo. Si alguna vez la Unión Europea (UE) concentraba toda la atención, ahora el foco cambió hacia este país que importa unas 750.000 toneladas de carnes al año. En 2002, el 4% de las compras rusas provenían de Brasil y no se importaba desde la Argentina. El 58% era despachado por la UE. Sin embargo, dos años después (2004), el 40% del total de las importaciones llegaron de Brasil, el 26% de la Argentina y el 30% de Europa. Esto marca una tendencia que estuvo favorecida, en buena parte, por la flexibilización de las regulaciones impuestas por la reaparición de la fiebre aftosa y, también, por los buenos precios que ofrece la Argentina.

El año pasado, durante la edición anterior World Food de Moscu, los empresarios regresaron exultantes por el interés que mostraron los clientes rusos. La Argentina exporta carnes para industrialización, pero hay indicios de que en poco tiempo podría autorizar el ingreso de cortes enfriados con lo cual el interés de los empresarios locales es mayúsculo. Esto sumado a una reapertura de los Estados Unidos delinearía un panorama muy alentador para las exportaciones de carnes, que desde hace años esperan el despegue.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?