Cómo hacer frente a la incertidumbre

Los productores de la pampa húmeda coinciden en que para sobrevivir deberán vencer el pesimismo y el desaliento
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21 de octubre de 2000  

RUFINO.- Desde la ruta 7 se observa que la pampa está salpicada de esteros. El cambio de la geografía y el desvío de 35 kilómetros por tierra son un anticipo del contexto económico que describen los productores del sur de Santa Fe y del noroeste de Buenos Aires.

Aquí la experiencia de la inundación atraviesa la lectura de la crisis rural. Por eso, las prioridades pasan por la recuperación de la red vial y el manejo de los excedentes hídricos. Sin embargo, aquí no escapan a los reclamos generales.

¿Qué soluciones esperan para revertir la crisis de rentabilidad del campo? No limitan su visión de los problemas a la reconversión y el ajuste tranqueras adentro. Algunos opinan que la ausencia de estrategias de Estado para el sector no revela descuido del Gobierno sino indiferencia. La denuncia recurrente es que la Argentina "es un país agropecuario sin conciencia agropecuaria".

Se quejan por "la falta de responsabilidad de los políticos" y "la escasa representatividad en las decisiones del sector".

"Hay que tratar de adivinar qué hará el Gobierno, porque podemos cubrirnos en los mercados de futuros, pero contra los funcionarios no hay protección posible", dice con tono irónico Rafael Torello, productor de Junín.

"Hace falta pensar qué se quiere hacer con el campo y las consecuencias de seguir con esta política económica", dice Luis Carrillo, de la firma Semit, dedicada a la venta de semillas.

"Es imprescindible rediseñar al sector y que los funcionarios piensen cómo vamos a competir con los países que subsidian la producción", plantea Carlos Dobal, de la misma empresa.

"Nos hemos puesto a competir a nivel internacional, pero enfrentamos una paradoja. Nuestros ingresos son del primer mundo mientras que nuestros egresos son de un país subdesarrollado", reflexiona Alejandro Vignale, de la Sociedad Rural de General Villegas.

En opinión de Ester Cappellini, apicultora del norte bonaerense, si los políticos no se sensibilizan los pedidos del campo no dejarán de sonar como un llanto folklórico. "Mientras tanto, la economía de los pueblos del interior está a la deriva", sentencia.

"Nos decimos federales y somos unitarios. La gente ya no tiene fuerzas más que para afrontar lo cotidiano. ¿Cómo pedirle que genere un proyecto de cambio?", reflexiona el productor Enrique Carballeira.

Según el productor Antonio Ananía, los problemas de hoy se arrastran desde hace décadas. Y sostiene como verdad histórica que "las políticas barrieron a la gente de campo".

Juan Carlos Marello, también productor de Rufino, agrega que ni siquiera la refinanciación está diseñada para los que están a tiempo de eludir el entierro económico.

Manejo del tiempo

La mayoría de las opiniones se centra en la autocrítica. Algunos productores reconocen que no asumen la gravedad de sus problemas. "Yo sé que tengo que operar, pero mientras pueda dispararle al bisturí..." En ese manejo del tiempo evitan decisiones drásticas, algo así como "preparar la pista de aterrizaje para que el contacto con la tierra no sea tan brusco".

"Estoy barranca abajo y tengo que frenar el envión", dice Alejandro Elcoro, que está en plan de disminuir sus deudas.

Otros "recortan sin asco" sus gastos, se desprenden de activos para disminuir el peso de sus deudas y buscan asesoramiento para encarar un estricto análisis de gestión.

Todos coinciden en la necesidad de alejarse del pesimismo y del abatimiento. Pero además insisten en las ventajas de formar un equipo de trabajo para compartir asesoramiento empresarial, buscar alternativas de diversificación y alcanzar escala.

Sólo venciendo el individualismo histórico, según evalúan, se alcanzarán escala y estrategias para sobrevivir. "Las colonias que fundaron los inmigrantes prosperaron por el apoyo que se dieron entre sí", recuerda Carlos Zizke, productor de Rafael Obligado.

Rafael Torello, de Junín, insiste en una metáfora: "Es imprescindible una visión de faros largos". Explica que sólo seguirán en carrera los que logren anticiparse a los cambios. Prioriza la planificación antes que la reacción.

Zizke coincide. Por eso insiste en que la capacitación moviliza la actitud empresarial. "La crisis se puede metabolizar mejor si tranqueras adentro estás fuerte", apunta.

Un ejemplo de este impulso es la cooperativa de Carabelas, que según cuenta Elcoro, reunió a productores de la zona para discutir alternativas de inversión que "los mantengan vivos". La viabilidad de los negocios propuestos ahora son evaluados por técnicos del INTA.

En opinión de Horacio Martínez, vendedor de implementos, "hay que agudizar la previsión". "Para esta época nos abastecíamos de repuestos de cosechadoras. Antes nos aprovisionábamos con más stock. Ahora esperamos a diciembre a ver cuánto se demanda". Su decisión se explica por la disminución de sus ventas y la inseguridad de cobro.

La política crediticia es una preocupación que aflora en todos. "El financiamiento a largo plazo es imprescindible para crecer. Los ingresos se recortan por debajo de las necesidades. Te vas empobreciendo y acá nadie te da un mango para que reactives. El que está endeudado está asfixiado", explica Torello.

"Sobrevivirá quien tenga capacidad de financiarse", dice Pedro Duffau, tambero de Salto, que reniega de tener que "precarizar el planteo" para mantener su empresa después de dos años de precios en desequilibrio. No sólo dejó de arreglar las instalaciones sino que recorta las compras de alimentos, con la consiguiente caída de la productividad. "Somos conscientes de que estamos afectando el estado del rodeo."

"Esta es una etapa de transformación muy profunda. Tendemos a desaparecer... Un productor que tenía 200/300 hectáreas se transformó en zapatero y está evitando la venta judicial del campo, pero el destino final es ése", evalúa Emilio Carballeira.

La impresión general es que "con este modelo, el capital termina en pocas manos" y que la migración a las ciudades será advertida cuando sea tarde.

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