Cómo legitimar la discrecionalidad

Gabriel Perez
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1 de octubre de 2011  

Las propuestas echadas a rodar hace algunos días por Agricultores Federados Argentinos y las Bolsas de Comercio donde se propone un nuevo sistema en la comercialización para el trigo y el maíz se inscriben dentro de la lógica de lo ocurrido en los últimos años.

La discrecionalidad, los negociados y las transferencias arbitrarias de miles de millones de dólares, de manos de productores a manos de industriales y exportadores, sin justificación, sin premiar eficiencia, sin estimular más que las ganancias de un puñado de empresas en detrimento de la producción nacional hacen estragos en la capacidad productiva nacional.

Las 4,7 millones de hectáreas sembradas con trigo son una sombra de las más de 7 millones alcanzadas hace diez años.

Por características agroclimáticas el trigo sigue siendo en parte del territorio nacional un monocultivo, sino la superficie sería aun menor.

Sirva como comparación el dato que en 1895 en Santa Fe se sembraban un millón de hectáreas, hoy apenas si llegamos a la mitad de esa cifra.

Estas propuestas hechas públicas desdoblan los mercados entre interno y externo y proponen poner en mano de los productores los certificados de permisos de exportación en función de expectativas de cosecha, sin tener en cuenta calidades, rendimientos y otros "detalles".

También define un mercado interno regulado por una nueva institución, un fideicomiso que arbitraría entre compradores y vendedores. Sería algo así como un asignador, un facilitador, un nuevo arbitro entre oferta y demanda.

Todos estos complejos mecanismos de laboratorio se quieren implementar en un país donde la AFIP da de alta y baja mensualmente a cientos de productores y acopiadores denominados en el mercado como "carpetas", o empresas que solo existen en los papeles para derivar por estas la comercialización en negro.

Estas mismas "carpetas" ahora tendrán permisos de exportación (ROE). Los productores en vez de vender su producción se focalizaran en hacer valer sus permisos, más allá de la calidad de sus granos. Los exportadores en vez de comprar mercadería por su calidad, arbitraran mercados de "papeles".

Los industriales ya acostumbrados al desagio de hasta un 50% en los precios internacionales producto de los cupos o cierres de la exportación, seguirán cazando en el zoológico, pero ahora a través de un fideicomiso legitimizado por los eslabones comerciales necesarios de las cadenas de producción.

Estas propuestas legitiman el modelo impuesto, con el solo fin de mejorar la participación en las exportaciones de AFA y otras empresas nacionales y darles a las casas corredoras de granos un negocio que los haga intermediarios ineludibles, al ser estos permisos de exportación (ROE) otorgados obligatoriamente por estos.

Están lejos de ser el vehículo que nos lleve al 2020 a producir 170.000.000 de toneladas de granos, como lo anuncio recientemente nuestra presidenta.

A hoy y con el mejor contexto internacional de los últimos 100 años en materia de commodities agropecuarios, nuestras producciones de maíz, trigo, girasol, sorgo, arroz, cebada están lejos de su potencial y es simplemente por el desanimo de nuestros productores.

La solución es que todos los actores, productores, exportadores, industriales, bolsas y acopiadores sentados bajo el paraguas del gobierno nacional y dentro del marco de la nueva y potente herramienta que es el Plan Estratégico Agro (PEA) alimentario negocien las reglas para que los mercados vuelvan a ser instrumentos de estímulo a la producción que faciliten los objetivos y los hagan realizables.

El 2020 es mañana y la cosecha de trigo en 45 días, ¡no perdamos más oportunidades!

El autor es director de Mercampo

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