Crece la utilización de transgénicos en China

El algodón Bt. de Monsanto significa toda una revolución
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21 de octubre de 2000  

SHAHEXIN, China (The New York Times).- Hasta hace tres años, cuando la compañía Monsanto introdujo una planta de algodón genéticamente modificada en esta aldea situada en medio del Cinturón Algodonero de China, los agricultores como Ma Yuzhuo fumigaban los campos con toneladas de pesticidas tan tóxicos que muchas personas, expuestas a ellos, morían cada año, aunque el gobierno ocultaba el número de víctimas.

Pero la planta de algodón de Monsanto, conocida por la marca que lleva su semilla, Bollgard, contiene un gen de una familia común de bacterias llamado Bacillus thurigiensis , o Bt.

El gen Bt hace que la planta genere una proteína tóxica para los gusanos que atacan el algodón, lo cual reduce la necesidad de fumigar con pesticidas, aumenta los rindes, y permite que Ma Yuzhouo siga con vida. "No sé de qué se trata, pero sé que da resultado", comentó el agricultor.

Los cultivos transgénicos no están muy extendidos en Europa occidental y han generado preocupación en los Estados Unidos. Pero China los adoptó, y ahora produce algodón y otras cosechas con más rapidez que cualquier otro país asiático.

Salvar vidas es una de las causas, pero también lo es salvar su economía agropecuaria. China espera que, después de su incorporación en la Organización Mundial de Comercio (OMC), la ingeniería genética pueda salvar a los agricultores como Ma Yuzhuo de la crisis ayudando a producir cultivos de mayor calidad a menor costo.

En China, la tierra está dividida en pequeños lotes, en cada uno de los cuales trabajan varias personas, y el costo que significa producir trigo, arroz o maíz es mayor que en los Estados Unidos y Europa.

Alarmado por la perspectiva de que los Estados Unidos puedan ejercer su dominio en todo el planeta en virtud de su tecnología más avanzada, Deng Xiaoping impulsó el llamado proyecto 863, que se puso en marcha en marzo de 1986.

Pekín convocó a sus principales científicos, muchos de los cuales trabajaban en el extranjero, y los destinó a siete áreas de investigación. La ingeniería genética figuraba al tope de la lista. Desde entonces, la doble hélice reemplazó al átomo como símbolo del impulso de modernización.

En los laboratorios de todo el país los científicos bombardean genéticamente las células de cerdos y cabras con la esperanza de desarrollar proteínas farmacéuticas y órganos para trasplantes en seres humanos, o inyectar granos de polen con ADN para producir papayas, papas, tabaco y tomates resistentes a los virus y plagas. Un investigador trabaja en la clonación del oso panda, que se halla en grave peligro de extinción.

Entre los científicos convocados por Deng figuró Chen Zhanliang, que trabajaba en un laboratorio financiado por la compañía Monsanto en la Universidad de St. Louis, en el Estado norteamericano de Missouri. Chen quedó a cargo del desarrollo de plantas transgénicas, excepto el algodón. En ese proceso, los científicos trasplantan genes al ADN de la planta receptora.

"Esta es el mayor aporte a la investigación científica en la historia de la biología molecular china", comentó Chen. El grupo a su cargo distribuye fondos a más de 150 laboratorios que trabajan en proyectos como el cultivo de un tipo de arroz resistente a la sequía y de un tipo de maíz con alto nivel de aceite.

China fue el primer país que desarrolló productos transgénicos con fines comerciales, a partir de las plantas de tabaco resistentes a virus y plagas cultivadas en la provincia de Liaoning, en el nordeste chino, en 1988.

Desde 1997, Pekín aprobó más de 100 productos genéticamente modificados, el doble del número permitido en los Estados Unidos. Varios de ellos,incluyendo tomates de maduración lenta y pimientos verdes resistentes a virus y plagas, se hallan en etapa de producción comercial y distribución en el mercado.

"El principal objetivo es mejorar la calidad y el gusto de esos productos", señaló Chen.

A pesar de los pronósticos, en los años 80, de que la creciente población superaría la capacidad del país de alimentarse, la autosuficiencia ya no es una preocupación. China cuenta con un enorme excedente de granos y ya no puede comprar todo lo que cultivan sus propios agricultores. Pero debido a que los costos de producción son altos y la calidad es baja, no mucho puede ser exportado y gran parte se pudre en silos temporarios. La competencia extranjera -granos baratos y de alta calidad- amenaza con unir más el mercado interno.

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