Cuando la historia de un producto se puede contar

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22 de diciembre de 2001  

CORDOBA.- La mitad de las exportaciones argentinas son granos "tradicionales", pero conseguidos con prácticas orgánicas: soja no transgénica, maíz colorado, trigo y girasol "aceitero". En algunos casos para consumo humano, en otros para alimentación animal.

Germán Bosch, de la certificadora BioGrains, informó que los embarques de cereales y oleaginosas en 1999 ascendieron a 13.400 toneladas y en el 2000, a 15.600. "La tasa de crecimiento fue del 16 por ciento. Es difícil que un rubro de alimentos crezca a ese ritmo", destacó.

El técnico vaticinó que las exportaciones de granos continuarán creciendo, "aunque no todos los productos por igual", pues dependerá de los estándares de calidad que se alcancen y de la capacidad competitiva de los argentinos. Advirtió que habrá que tener en cuenta que "los consumidores cada vez son más estrictos respecto de la calidad".

Aparte de los granos, el listado es tan largo como todo lo que produce la Argentina: carnes bovinas (cuando se superen las restricciones por la aftosa) y ovinas, lanas, fibras textiles, manzanas, peras, naranjas, aceite de oliva, miel, yerba mate, té, hortalizas, dulces, lácteos, azúcar y decenas más.

Con tantas perspectivas por delante, los productores ya se animan a hablar de un "marketing orgánico", que califican de "conceptual" porque se asienta en valores y en una concepción de la vida.

Tarraubella contrapuso al "marketing de las apariencias, el marketing de las esencias", convocando a que, "al romper dos huevos" los agricultores orgánicos sepan demostrar que no son iguales los que ellos producen, pues tienen una historia que se puede contar, a diferencia de los alimentos convencionales.

La certificación de los productos es un eslabón fundamental de la cadena de crecimiento de los orgánicos argentinos. Con la ley 25.127 y dos decretos reglamentarios dictados en el 2001 se compuso el soporte legal que colaborará con el desarrollo del sector.

En el país funcionan doce certificadoras autorizadas por el Senasa de las cuales tres tienen aprobada la equivalencia europea, con lo cual se puede exportar en forma directa a la Unión Europea sin que haya que "re-certificar" en el Viejo Continente.

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