Cuantiosas pérdidas en el agro santafecino

Cifras provisionales indican un quebranto de 200 millones de dólares; la zona centro norte de la provincia, la más castigada
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3 de mayo de 2003  

SANTA FE.- Después de 1992, cuando el extremo norte santafecino soportó el efecto de lluvias inusuales para la región, que abortó la mejor campaña sojera y ganadera de la zona, con cerca de un millón y medio de hectáreas perjudicadas, la inundación actual, por el mismo origen, está llamada a convertirse la peor de los últimos diez años.

Según estimaciones privadas, en esta ocasión los registros pluviométricos excepcionales, que en sólo dos meses (900 milímetros) casi cubrieron la media anual para la provincia (1100 milímetros) terminaron con la soja de segunda que faltaba cosechar -unas 300.000 hectáreas- el maíz de segunda -200.000 hectáreas- y abortaron el desarrollo normal de la actividad ganadera y tambera.

Frente a ese panorama, Víctor Airaldo, representante del departamento San Cristóbal (centro-norte) ante la Federación Agraria Argentina, explicó que las pérdidas podrían elevarse a más de 200 millones de dólares.

El dirigente dijo que podrían estar afectadas "más de dos millones de hectáreas de tierras productivas anegadas, el 80 por ciento de la sojasin cosechar, una merma de 600.000 litros diarios en la producción de leche y un millón de cabezas de ganado en el agua".

El ministro de la Producción, Ricardo Fragueiro, aclaró que las pérdidas por 200 millones de dólares son provisionales ya que deberán sumarse los quebrantos que dejará la merma en la cosecha agrícola.

Es que, según los técnicos agropecuarios, los pisos "lavados" durante más de tres semanas pierden capacidad de producción por un año.

Fragueyro no descuidó la suerte de la lechería, ya que la zona afectada es una de las mejores productoras. "Hay un 10% de merma en la entrega a fábrica", señaló.

Desde el sector ganadero surgen las quejas porque pocos prestan atención al millón de cabezas afectadas, como apuntó Airaldo. Desde hace dos semanas, los anegamientos de campos y la imposibilidad de retirar los animales hacia zonas altas, provocaron la muerte de unas 10.000 cabezas en el extremo noroeste (desde Monigotes hasta Ceres).

De allí que varias sociedades rurales reclamaron a sus pares de las provincias limítrofes que allanaran el camino a zonas donde se pueden trasladar animales.

Cuando aquella situación se justipreció todavía no habían aparecido las graves consecuencias de la riada del Salado en la zona próxima y luego en esta capital. Se estima que otras 100.000 hectáreas de pasturas y toda la producción hortícola del cordón norte de esta ciudad han desaparecido bajo el paso desenfrenado de la más importante crecida de ese cauce en toda la historia.

Desde el gobierno santafecino se admitió que habrá un tratamiento preferencial a los productores damnificados, ya incorporados a la declaración de zonas de emergencia y desastre.

Perjuicios en los campos

La situación de la mayor parte de los establecimientos del norte y centro de Santa Fe es catastrófica. Rubén Giorgis, asesor del CREA (Consorcio Regional de Experimentación Agrícola) Rafaela, afirmó que "el sector central de la provincia, que incluye los Bajos Submeridionales, es una gran depresión que actualmente está llena de agua. Muchos campos están afectados en un 100 por ciento".

El técnico definió que la zona es muy grande y comprende los departamentos de Castellanos, Las Colonias y Nueve de Julio, con gravísimos daños en los campos ubicados cerca de las desbordadas márgenes del río Salado.

En esa región la cosecha de soja se levantó en el 40-60% de la superficie, según los campos. "Lo que aún no se trilló se perderá totalmente porque el grano maduro se pudrirá completamente con un metro de agua encima", anticipó Giorgis.

En los campos ganaderos la situación es desesperante: "Hubo que sacar el 100 por ciento de la hacienda en la mayor parte de los tambos y de los establecimientos de invernada, sin saber inicialmente a donde ir" lamentó el técnico, quien advirtió la escasa disponibilidad de campos altos para pastaje o capitalización.

Además, el arreo y la carga de la hacienda se hizo en un contexto de altísima mortandad "porque debió realizarse en pocas horas para no quedar cercados por una creciente que no toleraba demoras".

En la localidad de Monigotes se dio un caso extremo: llovieron 445 milímetros en un día y el 100% de los campos resultó inundado, por lo que todos los productores debieron cargar toda la hacienda simultáneamente.

Se procura evitar los "huellones"

A mitad de semana hubo sol y una tenue brisa sureña en la región afectada, que alentó las esperanzas de los productores. Pero ellos saben que sólo varios días de buen tiempo y fuertes vientos los pueden alejar del precipicio.

"Desde hace varios días que estoy esperando que mejoren las condiciones para salir a cosechar en lotes que vale la pena hacerlo. Para ello acabo de comprar varias gomas de alta flotación para las cosechadoras", comentó Jorge Scoppa, presidente de la Federación de Contratistas Rurales, con sede en Casilda, Santa Fe.

Las cosechas con gomas comunes, con alta humedad en el suelo, provocan fuertes "huellones" en la tierra, cuestión que determina que muchos productores apelen, más tarde, a las disqueadas, aun en campos que vienen con muchos años de siembra directa, con lo cual se interrumpe la práctica de la agricultura conservacionista.

Rutas cortadas

Pero las desventuras de los productores no terminan en los campos. Las aguas rompen puentes y rutas por la inusual velocidad que han tomado. Sucede que el río Paraná -donde desemboca el Salado- está muy bajo y eso acelera la velocidad de avance de la masa líquida. Así por ejemplo, el agua se llevó un puente cercano a la localidad de San Justo, ubicado sobre un camino de tierra.

También hay varias rutas cortadas. Por ejemplo, la 70, que une Recreo con Rafaela, está interrumpida por el río Salado. La ruta 6, de Esperanza hacia el norte, tiene un metro de agua sobre el asfalto. Lo mismo ocurre en la ruta 13, que une Rafaela con San Cristóbal.

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