Dura etapa de recuperación

En el INTA Castelar son optimistas: el aumento de temperatura y los días soleados permitirán reorganizar la producción
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1 de diciembre de 2001  

Muestra imágenes satelitales frescas como pan caliente y después de señalar los puntos más críticos, anticipa: "Hemos pasado lo peor. Ya rozamos el pico máximo y entramos ahora en la etapa de recuperación". La frase pertenece a César Rebella, titular del Instituto de Clima y Agua del INTACastelar. El técnico subraya que "si bien habrá lluvias tendremos respiros de varios días, y si a eso se agrega el aumento de temperatura propio de esta época podemos inferir que áreas tan afectadas como Villegas, por ejemplo, verán una mejora evidente en los campos".

El alivio para las zonas anegadas que, según relevamientos, superan las 6 millones de hectáreas, no será parejo. El pronóstico indica un nivel de lluvias normal para los meses de verano, "lo que supone que los más beneficiados serán los campos agrícolas ubicados en las zonas más altas". La paradoja será la convivencia de exceso de agua y sequía en áreas puntuales.

En el corto plazo, los partidos de la cuenca media y baja del Salado estarán expuestos a mayor riesgo por el natural drenaje de los excedentes hídricos hacia esa zona. "Si a la crecida se suma alguna complicación meteorológica, como fuertes vientos, podemos prever serios problemas en la protección de ciudades como Chascomús, Roque Pérez y General Belgrano, por citar algunas", advierte Rebella.

La etapa más dura sobrevendrá con los efectos de la inundación, que "se extenderán más allá de la presente campaña agrícola y resultan de muy difícil evaluación en el caso de la producción ganadera". La recuperación de los suelos no será uniforme. En las áreas de potencial ganadero habrá que esperar años para superar el fenómeno de salinización. En este contexto, la pregunta obligada es qué medidas preparan los gobiernos nacional y provinciales para el día después de la inundación. "Por un lado, el inicio de las obras de infraestructura. Por el otro, la eximición de los impuestos nacionales y de los aportes previsionales por un lapso de 180 días, una vez que sea superado el desastre", respondió René Bonetto, secretario de Provincias, quien tiene a su cargo la organización de la ayuda a los inundados. A esto se sumará la postergación de los vencimientos con el Banco Nación, la suspensión de los remates y planes de refinanciación de deudas a plazos de entre 3 y 20 años.

Por su parte, la Secretaría de Agricultura comprometió $ 120 millones para la reconstrucción de caminos rurales. El monto, que obtendrá de créditos internacionales, no será reintegrable. En el gabinete de ministros se evaluará la inclusión de una partida especial en el presupuesto 2002 en concepto de asistencia financiera no reintegrable para asistir a los productores en la reconstrucción de sus establecimientos y aliviar la pesada carga de deudas que arrastran.

El Gobierno impulsará también la reforma de la ley de emergencia y desastre agropecuario y la extensión del seguro agrícola.

Mientras tanto, Chrystian Colombo, jefe de esa dependencia, anunció convenios de la Nación con las cuatro provincias afectadas por $ 67,75 millones para la contratación de los trabajos de reparación de canales, caminos, puentes y defensas urbanas.

Tras la reunión que Bonetto compartió el miércoles último con representantes de Federación Agraria (FAA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Sociedad Rural (SRA) y Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro), aclaró a La Nación : "No todas las demandas planteadas pueden ser satisfechas por el Gobierno".

¿Qué prevén las autoridades para reorganizar la producción de las zonas afectadas? Bonetto señaló que la tarea corresponderá a la Secretaría de Agricultura y a las provincias, y advirtió que "si ahora es un mal momento para el país, ojalá cuando se vaya el agua podamos recurrir a un crédito internacional".

En opinión de Rebella, habría que "promover actividades no tradicionales, como la acuicultura, que convierten el problema de anegamiento en una nueva ventaja natural de la región. Pero eso requiere de investigación que sustente el desarrollo y financiamiento adecuado. Confiamos en el potencial de esas áreas para el desarrollo de producciones alternativas".

La disyuntiva histórica que habría que superar, entonces, es la de decidir entre construir canales o reservorios. "No se trata de posibilidades antagónicas, ya lo había señalado Florentino Ameghino en el siglo pasado. Son tan importantes unas como otras", dijo el técnico.

Corriente incontenible

La preocupación de los inundados se focalizó en las últimas semanas en hechos como el desborde del canal artificial Arturo Jauretche (en el partido de Pehuajó), en la rotura del puente que vincula la ruta nacional 7 con la ciudad de Junín y en la destrucción de un murallón a tres kilómetros del casco urbano de Carlos Tejedor.

Según Rebella, el destrozo de viejas estructuras seguirá repitiéndose mientras el volumen de agua en superficie continúe socavando esas viejas estructuras, que no recibieron mantenimiento adecuado. "Cuanto más tiempo perdure este nivel de anegamiento se agudizará la erosión de puentes, rutas, canales y terraplenes que protegen ciudades", graficó.

En cuanto al daño en los suelos, el técnico aseguró que depende de la morfología de los mismos y de su ubicación geográfica. "Los de más lenta recuperación serán los de uso ganadero. Una vez que baje la napa habrá que esperar lluvias que laven la superficie e iniciar un mejoramiento de las pasturas porque habrá invasión de especies vegetales de muy poco valor forrajero. Los campos buenos, por el contrario, ubicados en las lomas se recuperarán rápidamente", detalló.

El impacto económico de esta inundación que, por primera vez en la historia afecta al mismo tiempo a las cuencas del río V, del río Salado y de la laguna La Picasa,no podrá calcularse en los próximos meses. "Hay producciones que se verán afectadas por más de un ciclo anual. La interrupción de la lactancia de los terneros o las enfermedades que afectan a la hacienda resultan difíciles de medir, pero sus efectos se prolongarán en los años sucesivos. En cuanto a la agricultura, es evidente que al anegamiento le seguirá una disminución de la productividad de los suelos", detalló Rebella.

Antes que centrar su análisis en la economía rural el técnico evalúa las consecuencias sociales que se manifiestan a medida que el problema se expande. Le preocupa la anarquía que se desata en los pueblos con la misma fuerza incontenible de la corriente hídrica. Cada cual construye canales para salvarse y el anegamiento avanza como una desgracia infinita.

"Es la historia del eterno retorno", interpreta Rebella. Dice, con decepción, que las anteriores inundaciones no han servido de lección. De ahí la repetida falta de previsión y la desorganización de las comunidades cuando el problema sobreviene. Y subraya que tan necesaria es la eximición de impuestos como el apoyo moral de los dolientes directos. "La inundación es peor que un incendio", grafica. En su opinión, no hay desgracia que inmovilice más que ésta.

Evolución de la actual campaña

Un 10% de la superficie recolectable de trigo fue trillado, por lo que se acumula 1,25 millón de toneladas. Es probable que el nivel del área perdida aumente a un 3,5por ciento, indica un relevamiento de la Bolsa de Cereales al 24 de noviembre. En cuanto al girasol, fue sembrado casi un 60% del área proyectada en 2.075.000 ha y se mantiene un considerable atraso del 20 por ciento. Sin embargo, la persistencia de un clima seco facilitó esta semana las tareas de siembra. El área maicera (estimada en 2,7 millones de ha) se ha cubierto en un 70,5 por ciento. En la zona núcleo (este de Córdoba, sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires) lotes de maíz sin exceso de humedad presentan excelente estado, con muy buena densidad y vigor de plantas. Ya fueron implantadas más de 4,3 millones de ha de soja, lo que significa el 38% de 11,4 millones de ha proyectadas para esta campaña.

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