
La temática gauchesca fue constante en el cine argentino
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No deja de ser significativa la presencia que en el cine argentino ha tenido la temática gauchesca y campesina.
Esto incluye historias de gauchos perseguidos y paisanos explotados en sus trabajos, la épica de la independencia, las trágicas guerras intestinas y la dureza de la vida fortinera. Además, todos los clásicos de la literatura gauchesca y criollista tuvieron su versión en la pantalla grande.
La década de 1940 fue muy importante para la industria nativa y para el desarrollo de estos temas, que signaron a importantes directores, actores y guionistas. La fuerza de la temática se prolongó en las décadas siguientes y sólo se dejó de lado en los últimos años. Aunque fue el cine mudo el que la inició. Carlos Gardel, por ejemplo, filmó en 1917 "Flor de durazno", film basado en un texto de Hugo Wast.
El moreirismo, como se llamó a la literatura y dramaturgia de gauchos perseguidos o alzaos , fue desarrollado en varios largometrajes. En 1939, Orestes Caviglia filmó "El matrero", historia de un gaucho acusado de un asesinato que no cometió. En 1942, Leopoldo Torres Ríos contó en "¡Gaucho!" la historia de un paisano perseguido. Pero la película más importante de esta línea fue "Juan Moreira", en la versión que en 1973 filmó Leonardo Favio, con Rodolfo Bebán en el protagónico. Era la tercera adaptación para el cine del folletín de Eduardo Gutiérrez; aunque las anteriores, en 1936 y 1948, no tuvieron la misma repercusión. El director retomó un tema campesino dos años después con "Nazareno Cruz y el lobo", versión de un radioteatro de Juan Carlos Chiappe sobre la leyenda del lobisón. Ambas se encuentran entre las películas más taquilleras del cine argentino.
La saga moreirista no terminó allí. En 1979, Víctor Bo protagonizó "Hormiga Negra", otro personaje de Gutiérrez, y en 1985 Arturo Bonín fue "Bairoletto", que llevó por subtítulo "la aventura de un rebelde" y recordó la historia de un bandolero de los años 30.
Hasta los dos éxitos de Favio, la película más vista del cine argentino fue la superproducción de Lucas Demare "La guerra gaucha". Filmada en 1942, se basó en la obra homónima de Leopoldo Lugones sobre la gesta del pueblo salteño y su caudillo Martín Miguel de Güemes. El guión fue de Ulyses Petit de Murat y Homero Manzi, una dupla que se destacó en el género. Contó con actores emblemáticos, como Enrique Muiño, Francisco Petrone, Angel Magaña, Sebastián Chiola y Amelia Bence.
Demare fue consecuente en esta línea, que inició en 1941 con "El cura gaucho", biografía del cura Brochero. En 1945 filmó "Pampa bárbara", también con la colaboración de la dupla Murat-Manzi, Francisco Petrone y Luisa Vehil en papeles protagónicos y la codirección de Hugo Fregonese (que en 1966 realizó una remake estrenada en Madrid). En 1951 rodó "Los isleros", una historia hondamente dramática en el delta del Paraná, con grandes actuaciones de Tita Merello y Arturo García Buhr; en 1956, "El último perro", con Hugo del Carril, donde mostró la dura vida en una posta amenazada por la soledad y los indios, y en 1961, "Hijo de hombre", drama bajo el sol caliente del Chaco paraguayo, con guión de Augusto Roa Bastos.
Continuidad en el enfoque
Otro director cuya filmografía se encauzó en esta línea fue Luis Moglia Barth. En 1936 dirigió "Santos Vega". En 1940, "Huella", que se basó en un fragmento de "Facundo", de Domingo F. Sarmiento, y fue elogiada por la crítica, y un año después "Fortín Alto", también asistido por Murat-Manzi y con la actuación del cantante Ignacio Corsini. En 1948 realizó la segunda versión de "Juan Moreira".
Si el cine referido recordaba el difícil camino de la Argentina en el siglo XIX, otro descubría que en el presente subsistían -en regiones olvidadas frente a la preeminencia de la pampa húmeda- bolsones de injusticia social y laboral. "Las aguas bajan turbias", que en 1952 dirigió Hugo del Carril según la novela "El río oscuro" de Alfredo Varela, mostró el trato brutal que recibían los mensúes en las plantaciones yerbateras del Alto Paraná. Del Carril insistió en esta temática, que le otorgó reconocimiento: en 1959 filmó "Las tierras blancas", a partir de la novela homónima de Juan J. Manauta, donde denunciaba la miseria rural en Santiago del Estero, y en 1961, "Esta tierra es mía", sobre la lucha de los trabajadores algodoneros del Chaco.
Pero antes que Hugo del Carril, Mario Sofficci dio un clásico de este cine testimonial, en 1939, con "Prisioneros de la tierra". Esta adaptación de cuentos de Horacio Quiroga realizada por Petit de Murat también desarrolló una historia de explotación y persecución en los yerbatales.
Dos años antes, Soffici estrenó "Viento norte", inspirado en un capítulo de "Una excursión a los indios ranqueles", de Lucio V. Mansilla, con Elías Alippi, Camila Quiroga y Angel Magaña.
También se puede destacar un film humorístico, "Ya tiene comisario el pueblo" -singular frente al predominio épico y dramático-, que mostró otro mal argentino: el fraude electoral. Lo dirigieron Claudio Martinez Paiva y Eduardo Morera, en 1936, y tuvo una remake en 1967 con Niní Marshall.
El cine de denuncia vivió otro momento de éxito en 1974, con los estrenos de "Quebracho", dirigida por Ricardo Wullicher, y "La Patagonia rebelde", de Héctor Olivera. La primera desarrolló la historia de la compañía inglesa La Forestal, que en 1920 explotó hombres y liquidó árboles en una amplia región del Chaco santafecino. La segunda, la huelga y represión ocurrida en 1920/21 en pueblos y estancias del sur argentino.
Los grandes protagonistas del pasado nacional fueron biografiados en el cine. Leopoldo Torre Nilsson, con Alfredo Alcón, se ocupó de San Martín y de Güemes. La vida y el asesinato de Facundo Quiroga fueron abordados en "Yo maté a Facundo", que dirigió Hugo del Carril en 1975, y en "Facundo, la sombra del tigre", realizada por Nicolás Sarquís en 1995.
"Martín Fierro" se filmó tres veces. La primera, en 1923, todavía como film mudo. En 1968, Leopoldo Torre Nilsson volvió sobre el poema y en 1974 se estrenó "La vuelta de Martín Fierro", con Horacio Guarany. También Santos Vega tuvo tres versiones: en 1936, por Luis Moglia Barth; en 1947 por través de Leopoldo Torres Ríos, y en 1971, con José Larralde.
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