El clima nuestro de cada día

La ciencia previsora del paisano
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25 de agosto de 2001  

El paisano de nuestra campaña, inteligente y vivaz, aprendió en el libro de la naturaleza un sinnúmero de conocimientos que cimentaron su rico caudal de sabiduría.

Acostumbrado a ser un profundo observador de los elementos que lo rodeaban, aprendió a pronosticar el tiempo con bastante acierto.

Desde el alba hasta la puesta del sol y durante las noches, fue grabando en su retina los cambios atmosféricos.

A ellos estuvo sujeta toda su actividad, dado que en su vida al aire libre, exponíase a ser sorprendido por un chaparrón en medio del campo, y a caballo, al ir o regresar de la pulpería, o podía en muchas ocasiones ahogársele un baile, o espantársele la hacienda en un rodeo.

Además, ante síntomas de sequías, debía preservarse ahondando sus jagüeles y cuidando sus aljibes y evitando los incendios de campo, que sobre el pasto reseco progresaría como reguero de pólvora, haciéndosele muy difícil la tarea de combatirlos, con cueros mojados o sacrificando toros y arrastrándolos a la cincha de su caballo al borde de las llamas.

Por el contrario, en épocas de grandes lluvias y ante los peligros de las inundaciones, aprendió a descubrir en algún cambio del viento, un pronóstico de que la precipitación habría de concluir, saliendo por fin el bendito y ansiado sol.

¿Lluvia o sol?

Para predecir el tiempo, supo valerse de los animales salvajes y domésticos, de las nubes, el humo, los vientos y todas las manifestaciones que estuvieron a su alcance.

Con sutil perspicacia supo expresar su saber en pintorescas frases y refranes que aún hoy son comunes en boca de los auténticos hombres de campo. Así, por ejemplo, suele decir, que cuando el perro duerme patas arriba o el chajá se posa en el poste de un alambrado, es seguro que ha de llover.

Si por la noche canta el chingolo, el siguiente día será de fuerte viento, y si durante una llovizna los gallos cantan más a menudo, es señal que el mal tiempo ha de continuar. Asimismo, dice el gaucho que si aparece cerrazón o neblina, durante el buen tiempo y si se levanta formando o dejando nubes, es infalible que empeorará. Los truenos indican viento; los del mediodía, lluvia, y los de la tarde, tormentas; y los que en el verano se ven en el horizonte despejado, anuncian calor.

Si el sol al ponerse lo hace muy colorado, el día siguiente ha de ser apacible. En cambio, cuando por la mañana sale con fulgores rojizos, habrá mal tiempo.

Señal infalible

Si en el campo, al hacer un alto en el arreo de la tropa y preparar el fogón, el humo se eleva en una larga espiral, habrá buen tiempo; lluvia inmediata, en cambio, cuando se levanta por un corto trecho y se asienta a poca distancia.

Si por la noche las estrellas parecen brillar más fuerte que de costumbre, es probable que llueva.

Cuando las ovejas pastan con empeño y sin cesar, es inminente el mal tiempo. En cambio, mejorará cuando durante una tormenta chillan las lechuzas.

Si en el interior de las cocinas, el hollín se desprende de las chimeneas, debe esperarse mal tiempo; igual, si los vacunos se agrupan y los patos o gansos vuelan inquietos de un lado a otro.

Sabe el paisano que cuando después de una corta lluvia bajan las nubes cerca de la tierra pareciendo que ruedan y asemejándose al humo, el tiempo ha de ser bueno.

Por el contrario, si después del viento sigue una helada blanca que se disipa en neblina, tiene el paisano la certeza de que lloverá.

Son muchos los refranes creados por el gaucho, y todos expresan profunda inteligencia. Para ejemplo, recordemos algunos: Cuando las ranas cantan, el tiempo cambia; Cuando el viento ruge, la tormenta cruje; Cuando la cena es de fuego, el almuerzo es de agua; Nubes del Tordillo, agua p´al novillo (El Tordillo eran los famosos montes de tala, coronillo, espinillo y sombra de toro, que se hallaban ubicados entre Dolores y General Conesa).

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