El límite del negocio

Acorralados por una realidad que les es adversa, los hombres del campo, fieles a su espíritu de no bajar los brazos, se valen de estrategias tecnológicas para mantener la competitividad
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25 de marzo de 2000  

Las distintas variables adversas que vive el sector agropecuario en los últimos años ha dejado fuera del negocio a muchos hombres de campo y puso en una situación límite a quienes lograron mantenerse, pese a los esfuerzos que hacen estos últimos en acceder a la más moderna tecnología y capacitación en busca de una mayor productividad.

{p01f1.jpg|Ampliar la escala y lograr una mayor productividad con tecnología y capacitación marcan el horizonte del productor|Archivo/Juan José Rojas|} En la ExpoChacra, realizada la semana última en Uranga, cerca de Rosario, fue evidente el desánimo de los productores por la realidad que viven, pero también quedó de manifiesto que no pierden su entusiasmo por la imponente tecnología allí exhibida.

Son muchos los que tienen bien claro que han llegado "al fondo", pero, pese a la contrariedad, se aferran al negocio. No tienen fórmulas mágicas, sino estrategias, algunas ya conocidas, que se presentan tal vez como la última "bola de la noche".

Prestar servicios a terceros, ampliar la escala y lograr una mayor productividad sobre la base de la tecnología, la capacitación y los esquemas asociativos son algunas de las opciones que les marcan el horizonte. Así lo expresaron a La Nación productores de diferentes zonas mientras recorrían la muestra.

Ofrecer el mejor servicio

Iván Carignano, un joven productor de la localidad de Piamonte, en la provincia de Santa Fe, trabaja con su padre en 150 hectáreas propias y en 250 de terceros, una escala que para esa región es promedio.

"Para esta zona, digamos que estamos en el piso de lo que se puede trabajar. Antes, con la superficie propia uno podía progresar. Pero, hoy por hoy, hay que estar agrandándose. Desde el año último tenemos una máquina de siembra directa para granos finos y gruesos que la hacemos trabajar afuera prestando servicios a terceros como para que se vaya pagando.

"Pero la competencia es cada vez mayor. Entonces uno intenta brindar el mejor servicio y tratar de diferenciarse, como por ejemplo, con doble fertilización (nitrógeno y fósforo en el momento de la siembra), inoculación, etcétera, para que a uno lo elijan.

"El campo propio lo tenemos para ir viviendo y progresando..."

-¿Cuántas personas viven con lo que sacan de su negocio?

-Tres: mis padres y yo. Lo que pasa en la Argentina, como debe ocurrir en todos los países, es que el productor grande es cada vez más grande, mientras que el mediano intenta subsistir. Desde mi punto de vista, va a llegar un día en que los productores de una escala como la nuestra van a tener que agruparse en esquemas asociativos o en cooperativas para bajar costos.

Hacer bien los números

Osmildo Carignano, de 69 años y padre del anterior, opinó que una explotación bien trabajada sigue siendo rentable.

-¿Qué significa una explotación bien trabajada ante estas difíciles circunstancias?

-Significa manejar los costos, los entradas, no excederse en los gastos. Hay que hacer bien los números.

-¿Están endeudados?

-Hemos mejorado las herramientas y, lógicamente, tuvimos que tomar créditos. El endeudamiento alcanza a un 20 por ciento del capital, que es manejable.

-¿Utiliza las herramientas del mercado a futuro?

-Y... uno algo está haciendo.

-¿Y en materia de capacitación?

-Asistimos a charlas técnicas en el Mercado a Término de Rosario.

-¿Pensaron alguna vez abandonar la actividad?

-Somos gente de campo y no podemos hacer otra actividad.

-¿Hay éxodo de productores en su zona?

-Sí. En el término de dos años lo hemos advertido en chacareros de 30 a 40 hectáreas, porque con esa escala una familia no puede vivir. Se buscan algún oficio y se van a trabajar al pueblo. Por contrapartida, los más grandes se siguen expandiendo con las compras de esos campos.

El campo tocó fondo

Héctor Fain, de Villa Minetti, en el norte de Santa Fe, no cree que se trate de un problema de explotaciones grandes contra las chicas. "No es tan así", dijo este productor, que trabaja entre 7000 y 8000 hectáreas, entre propias y arrendadas, con sus dos hermanos. Considera en cambio que el tema pasa por ser más eficiente y "se debe empezar a trabajar más a conciencia".

Fain reconoce la mala situación del campo. "Todos lo sabemos, pero no es culpa del productor, porque lógicamente no podemos competir con agricultores subsidiados de otros países. El campo ya tocó fondo y así no va más..."

-¿Qué estrategia tienen ante esta situación?

-El nuestro es un caso muy especial, porque cerramos el círculo: fumigamos, transportamos y acondicionamos el cereal. Lo único que no hacemos es cosechar y aún así con una ola más ya nos tapan.

Aplican siembra directa, pero Fain asegura que no nota diferencia en los costos porque el "precio de los insumos está muy elevado, los tratamientos químicos son muy caros y los rindes no varían mucho respecto de la convencional."

-¿Entonces cuál es el beneficio?

-Nos inclinamos por la siembra directa porque nos da más campo de acción y no necesitamos tantos fierros. Además, por conservacionismo, porque de una buena vez tenemos que empezar a cuidarles la tierra a nuestros hijos y nietos".

Creo que a los productores les falta información y asesoramiento técnico. Por algo están los profesionales. Hay que darles trabajo a los ingenieros, porque uno no puede patear el corner y vhacer el gol de cabeza.

-¿Les cierran los números?

-Sí, por la escala que tenemos. Al disponer mayor volumen se puede pelear mejor la compra de insumos y la venta de la producción.

-¿Están despegando?

-No es tan así. Para sembrar 8000 hectáreas se necesita una inversión de un millón y medio de dólares y la rentabilidad del campo es mínima.

Pese a la adversidad, Fain coincide con Carignano. "No me pienso ir del campo. Nací allí y me gusta. Soy un chacarero de alma", concluyó.

En tanto, Miguel Angel Servato, de 51 años, trabaja con maquinaria propia 240 hectáreas (entre propias y alquiladas) en Oliva, Córdoba, junto con su hijo Mauricio, de 22, y su yerno,Gabriel Torresi, de 31. Recorrieron la muestra en Uranga y hablaron con La Nación mientras se interesaban por las nuevas pulverizadoras de una empresa nacional.

A los cultivos tradicionales (soja, sorgo, maíz y maní), incluyeron, como diversificación para enfrentar la coyuntura, un criadero de lechones, conejos, gallinas, pollos, huerta (que también destinan para consumo propio) y algo de ganadería.

Trabajan también como contratistas en siembra directa y fumigación. "Nos apuntalamos por todas partes para mantenernos. En estos momentos hay que aprovechar todos los recursos. Hasta mi mujer se encarga de producir los conejos", agregó.

Todo el grupo familiar se pone al servicio de la explotación. Miguel Angel es el administrador, Mauricio se ocupa de la siembra directa y Gabriel, en fumigación. No tienen empleados.

-¿Están endeudados?

-Y... venimos peleando duro. Pero tenemos fe.

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