El mercado pasó a un segundo plano

Por Pablo Adreani Para LA NACION
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8 de diciembre de 2001  

Hoy la preocupación de los productores no pasa por el clima, ni por Chicago, ni por la isoca (esta última ya controlada por la biotecnología), sino por la incertidumbre que golpea a toda la actividad económica y productiva de la Argentina.

Las nuevas medidas implementadas a principios de esta semana han producido una fuerte retracción en las ventas de mercadería disponible. Ningún productor va a vender si no tiene que aplicar esa venta para cancelar algún compromiso previo, de lo contrario le estaría entregando inocentemente al Gobierno el producto de todo un año de esfuerzo. ¿Y después qué? Se da entonces la siguiente paradoja, aunque sea una buena recomendación vender soja disponible ante el potencial de baja, de aquí a la nueva cosecha, el productor no puede captar estos mejores precios a la luz del nuevo "plan" económico implementado. Es en estos momentos en que la opinión de los analistas se queda sin fundamentos y la ficción es superada ampliamente por la realidad.

Para que las cosas no sean aún más sencillas, el Gobierno acaba de anunciar un severo control de cambios que limita seriamente las operaciones de comercio exterior. Ante la incertidumbre planteada la primer reacción no se hizo esperar: el jueves último los exportadores se retiraron del mercado y no se registraron operaciones en el disponible. De esta forma se está generando una gran distorsión en el mercado que no tiene nada que vender con los clásicos "fundamentals" de oferta y demanda. Hacía mucho tiempo que los exportadores no se retiraban del mercado de la forma en que lo hicieron durante esta semana.

No se concibe que en un país agroexportador no se tomen las precauciones del caso para no frenar la actividad comercial y exportadora. ¿O acaso el Gobierno no necesita de las divisas del sector? El Gobierno ha logrado trasladar a todo el sector productivo agropecuario (uno de los pocos de pie y con una gran capacidad de recuperación) la incertidumbre generada en sus propios errores internos. Una vez más la Argentina pone marcha atrás mientras el resto de los países (desarrollados o no) están apretando el acelerador a fondo. Cada mes que pasa de inactividad es un año que se pierde en productividad, ante la velocidad en los cambios tecnológicos.

El agro sigue trabajando

Mientras todo esto sucede hoy nuestros productores están cosechando su trigo, sembrando su soja y sus maíces de segunda, recorriendo potreros; los científicos siguen investigando hasta la caída del sol; las empresas continúan invirtiendo en investigación y desarrollo; las plantas de maíz experimentales siguen creciendo, y toda la comunidad agropecuaria está de pie (incluso aquellas golpeadas por las inundaciones).

Por suerte, en nuestro país, todavía quedan emprendedores que han sabido desarrollar el sistema de siembra directa y cultivar las sojas RR que lograron bajar en forma sustancial los costos de producción, sólo por citar los casos más representativos.

En el campo, cada nuevo día es una esperanza que comienza con la salida del sol, mientras que en las ciudades cada nuevo día es una amenaza. Quiera Dios que a partir de hoy el sol salga igual para todos y que esta crisis nos enseñe a cada uno de nosotros a comenzar de cero, a refundar una nueva nación, productiva, pujante y competitiva. De lo contrario no tendremos nada para dejarles a nuestras generaciones futuras.

El autor es analista de mercados y director de AgriPac Consultores.

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