El peor de todos

Así opinó en los últimos siete años entre el 40 y el 50 por ciento de los productores agropecuarios, según una encuesta
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21 de octubre de 2000  

El enfermo (el sector agropecuario) está muy grave, pero aún le quedan esperanzas de vida. Tiene el diagnóstico (falta de rentabilidad, endeudamiento, etcétera) y sabe cómo se contagió (presión tributaria, bajos precios de los productos). También conoce el remedio (bajar los impuestos y diseñar una política sectorial que le devuelva competitividad). Hace tiempo que pide una curación que parece no llegar, por eso se queja (paro y piquetes), pero el médico (el Gobierno) le responde que ya hizo todo lo que tenía a su alcance.

La que precede es una simple alegoría que tal vez sirva para resumir la compleja realidad que angustia al campo argentino.

La vieja cuestión impositiva es el principal reclamo que se repite día tras día en boca de la dirigencia agropecuaria como un reflejo de la inquietud de las bases.

La misma Secretaría de Agricultura, en su trabajo sobre los efectos de la política comercial externa y fiscal sobre el agro, concluyó que los impuestos a la producción llegan a 991 millones de pesos, más 374 millones que corresponden a tributos e insumos productivos.

El productor agropecuario siempre, o por lo menos durante los últimos siete años, considera la presión impositiva como el factor más limitante para la evolución de su empresa, dijo a La Nacion Diego White, director del estudio Investigación y Consultoría Agropecuaria SA (Icasa), de la consultora Mora y Araujo Asociados.

-¿Por qué?

-Porque es el insumo que probablemente más se ha encarecido en los últimos años; porque es un gasto del que el productor no visualiza retorno, porque siente que tiene tres socios a los que tiene que contribuir: la nación, la provincia y el municipio, y porque aparecen impuestos nuevos, como a los intereses o la ganancia mínima presunta, que se reconocen como distorsivos, pero no los eliminan.

Puntualizó White que estas conclusiones surgen de investigaciones que realiza el estudio en junio de cada año a una muestra de 800 productores, estratificada según la escala en once sectores de la pampa húmeda con alta representatividad del universo regional.

Agregó White que "entre el 40 y el 50 por ciento de los productores menciona a la presión impositiva en primer lugar, sobresaliendo con una diferencia apreciable sobre el resto de los factores", sostuvo.

"Todos los aspectos relacionados con el resultado operativo, precios de los productos, precios de los insumos y gastos de comercialización se perciben en un segundo nivel de importancia en relación al anterior", concluyó White.

Escenarios posibles

¿Y después del paro, qué? Es la pregunta que se hacen muchos. Cuatro son las visiones que para un futuro en el largo plazo del agro tiene el director ejecutivo del Instituto de Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI), Ernesto Liboreiro.

El INAI es un organismo que monitorea políticas comerciales del que forman parte, entre otros, las bolsas de cereales de Buenos Aires y Bahía Blanca y la de comercio de Rosario.

Según Liboreiro, la primera de esas visiones es la continuidad de las actuales políticas nacional (que ha protegido a otros sectores y desprotegido al agro) e internacionales (basadas en subsidios).

"Este escenario -agregó- presupone lo que se conoce como políticas activas negativas, porque desde el punto de vista productivo tiene en cuenta a la tierra, pero no a la gente."

Así se vislumbra una agricultura productora de commodities, con un alto nivel de eficiencia por los menores costos a raíz de una mayor escala productiva originada en un proceso de concentración de la tierra, que dejará en el camino a muchos agricultores.

En este contexto, la única salida que les queda a los pequeños productores es asociarse.

En la segunda visión, Liboreiro define un esquema que, como el anterior, tiene una agricultura que es productora de commodities, pero con redes de seguridad social que contienen a los agricultores. "Hay muchos países que lo están haciendo -sostuvo-, como en la Unión Europea, Japón, los Estados Unidos."

La tercera alternativa es un agro que no sólo produzca materias primas para alimentación, sino que redefina el negocio. "Es la integración de las cadenas de valor con la industria. Pero va más allá. Como el crecimiento de la oferta de alimentos en el mundo es mayor que el de la demanda hay que fomentar la colocación de otros productos originados en el agro, como combustibles, fármacos, plásticos, cosméticos, textiles..."

El cuarto escenario, según el director del INAI, es la involución. Esto es, continuar con la actual política nacional, pero con una agudización del contexto internacional, ya sea alzas del petróleo, mayor proteccionismo, etcétera,que derivarán en estancamiento con salida de agricultores.

Se pierde plata

Enrique Gobbée, titular de Megaagro.com, sostuvo que con el modelo de convertibilidad que tenemos, atados al dólar norteamericano, con los precios internacionales, con devaluaciones el último año, que fueron casi del 25 por ciento en los países más importantes de Europa, y del 22 por ciento en el dólar australiano y en el canadiense y con este nivel de subsidios agrícolas en los países competidores "está asegurado el quebranto para el sector agropecuario argentino. Se pierde plata".

Con una vasta trayectoria en el sector, Gobbée considera factores externos e internos para salir de este escenario. Los primeros dependen del clima. "Se pueden recomponer los precios a partir de pérdidas o disminución de las cosechas internacionales."

¿Cómo se arreglan los problemas internos? "Esa es la gran pregunta y muy difícil de responder. Es muy complicado por la estructura económica que tiene la Argentina", planteó.

"Si hay algo que carga sobre el agro -explicó- es el riesgo país y éste aumentó en los últimos tiempos, con lo cual el dinero es más caro, los bancos encarecen las líneas de crédito y eso carga sobre el costo de producción.

"A eso le sumamos que el sector subsidia al resto de la economía, mediante el impuesto al gasoil, el IVA, tasas de interés...", explicó.

En este escenario, el especialista asegura que el modelo económico no funciona porque lleva al sector al colapso. "Si el individuo no está endeudado y dispone de otros recursos, puede durar, pero si vive exclusivamente del campo y además tiene deudas, va a colapsar mañana y hoy está en los piquetes al lado de las rutas.

Para Gobbée, habría que salir gradualmente del 1 a 1 peso/dólar. "La paridad tendría que hacerse con una canasta de monedas y no con una sola y fuerte", acotó.

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