El productor de trigo es una especie en extinción

Por Hugo Luis Biolcati Para LA NACION
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19 de diciembre de 2009  

El presidente Nicolás Avellaneda decía que el hecho más importante de su mandato fue la exportación de trigo por primera vez a Europa. 130 años después, cabe preguntarse si el año del bicentenario será el último que exportaremos trigo al mundo.

En 2006, con la excusa de "cuidar la mesa de los argentinos" y evitar subas en el precio del pan, el Gobierno intervino el mercado de trigo a través de cierres de las exportaciones, la intervención en el mercado interno, la presión a exportadores y molineros para controlar los precios. Esto provocó una "cartelización" de la demanda que pagó durante varios meses el precio exigido por el Gobierno.

Estas intervenciones le quitaron transparencia al mercado, perjudicando al productor y favoreciendo a otros eslabones de la cadena y a nuestros competidores en el comercio internacional. Este es el caso de Uruguay, que en esta campaña podría exportar más trigo que la Argentina, hecho impensable un par de campañas atrás.

También resultaron perjudicados nuestros compradores como Brasil, que ha tenido que buscar trigo en otros mercados y encaró además una apuesta política de autoabastecimiento a través de incentivos a sus productores.

Pero además, el alto costo que la Argentina asumió por estas políticas no se tradujo en beneficios para el consumidor que pagó valores cada vez más altos por el pan, en el que el trigo incide sólo en un 15%.

Hoy la Argentina retrocede en el área sembrada y en productividad. La presente campaña nos remonta 111 años atrás, con un área que se ubica cerca de las 2.800.000 hectáreas y con una producción estimada en 7,5 millones de toneladas, si las condiciones climáticas lo permiten. Dos campañas atrás producíamos tres veces los requerimientos internos y ocupábamos un lugar relevante como abastecedor confiable de este cereal al mundo.

Así, mientras otros países apoyan su producción, aquí las intervenciones estatales hicieron que los productores dejaran de recibir cerca de 55 dólares por tonelada de trigo, hecho que llevó a la quiebra a gran cantidad de empresarios rurales. ¿Quién se quedó con esta diferencia? Evidentemente, los molineros y los exportadores, los principales jugadores del mercado, que aprovecharon esta incertidumbre para engrosar sus ganancias.

Tomando la campaña 2008/2009, esta pérdida de ingresos para los productores trigueros ronda los 500 millones de dólares. Un monto equivalente en ayuda a los productores afectados por la sequía, como los del sudeste de la provincia de Buenos Aires, hubiera significado un alivio importante.

Una situación similar se registra en la cadena del maíz, y ha comenzado también a registrarse en la soja: los exportadores estarían implementando una nueva estrategia para cubrirse ante un escenario interno incierto con posibles trabas al comercio por parte del gobierno nacional.

De este modo, la intención de siembra está disminuyendo como consecuencia de las trabas a las exportaciones, un mercado sin cotizaciones o con cotizaciones que no reflejan la realidad del mercado, y de una sobre estimación de las necesidades del trigo para el consumo interno, y derechos de exportación del 23%.

Para revertir esta situación es imprescindible devolverle transparencia a los mercados, a través de la liberalización de las ventas externas para que la molinería compita con las exportaciones, y para que el productor pueda recibir un precio sin deducciones extras.

Al mismo tiempo, el Gobierno podría compensar directamente a los molinos por cada bolsa de harina que destinen al mercado interno, impulsando de esta manera la producción sin que se traduzca en aumentos de precios para el consumidor.

De lo contrario, la Argentina podría convertirse en importadora de trigo.

La palabra trigo proviene del latín triticum , que significa ´quebrado´, ´triturado´ o ´trillado´, haciendo referencia a la actividad que se debe realizar para separar el grano de trigo de la cascarilla que lo recubre, o como dice el dicho, separar la paja del trigo. Pero, evidentemente, el Gobierno ha interpretado que lo que se debe quebrar, triturar o trillar, es al productor, beneficiando a los molinos y a los exportadores y perjudicando al consumidor, sin tener en cuenta que si sigue con esta estrategia nos vamos a quedar sin el pan y sin la torta.

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