El suelo, frente a los desafíos climáticos

El suelo, clave en la definición de potenciales
El suelo, clave en la definición de potenciales
Valentín Gentiletti
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13 de abril de 2019  • 02:20

En el sudeste cordobés, más específicamente en Marcos Juárez, con el transcurso de la cosecha de la tan esperada campaña "récord", gracias a los mapas de rendimientos vamos encontrando los primeros vestigios que nos dejó un año excepcional para aquellos que no tuvieron inconvenientes de anegamiento en los lotes.

Una de las primeras curiosidades a destacar fue el comportamiento de los diferentes suelos ante las abundantes precipitaciones. Los que salieron favorecidos este año son aquellos suelos sueltos con texturas franco-gruesas, como los Hapludoles ubicados en su mayoría al sur de nuestro departamento, que poseen una capacidad de infiltración y percolación muy elevada.

Los que no fueron tan favorecidos son aquellos suelos más pesados, es decir de una textura franca-fina, como los Argiudoles ubicados al norte del departamento, que poseen un horizonte B textural, una alta retención hídrica y una menor capacidad de percolación. Si a éstas características intrínsecas de los suelos le sumamos una topografía plana, con pocas vías de escurrimiento y una influencia de la napa freática elevada, podemos llegar a visualizar mermas significativas en los rinde de soja y de maíz.

Lo que sucede es que por demasiado tiempo en sectores de bajos o depresiones ubicadas en los lotes el agua ocupó un alto porcentaje de la porosidad del suelo provocando lo que se denomina anoxia radicular, que sería la falta de oxigenación de tejidos por estar impedido el proceso de respiración radicular. Esto en un período prolongado se traduce en mermas de rendimiento.

En los primeros mapas de rindes de esta cosecha se observa este efecto, ya que los sectores donde el rendimiento del cultivo disminuye coinciden con áreas bajas del lote donde el agua pudo haber perdurado por más tiempo, manteniendo el suelo saturado.

A modo de cierre, con los primeros datos podemos ver cómo en aquellos suelos sueltos con baja retención hídrica, alta infiltración y una napa en niveles óptimos, los cultivos exploraron mejores rindes que en aquellos suelos de textura más pesada donde, ante abundantes lluvias, el agua saturó los poros por un tiempo mayor. En un año donde el agua se transforma en limitante, lo que sucede es lo inverso.

El autor es ingeniero agrónomo, asesor de la firma Los Tacuruces

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