El trigo, en una nueva etapa

Por Héctor Müller De la Redacción de LA NACION
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17 de mayo de 2003  

Dilucidada la contienda electoral, el campo y toda la sociedad en su conjunto esperan con ansiedad que asuma el nuevo presidente de la Nación. Pero también anhelan que antes de que eso ocurra -es decir, en el transcurso de la próxima semana- se conozcan los lineamientos políticos , económicos y sociales por los que transitará el gobierno de Néstor Kirchner y quiénes serán los que lo acompañarán durante su mandato.

Con excepción de que Roberto Lavagna continuará al frente del Ministerio de Economía, en el momento de escribirse estas líneas no se sabía mucho más.

Por lo tanto, habrá que esperar, cruzar los dedos, desear que el nuevo presidente pueda encarar las reformas estructurales que se mencionaron en esta columna el sábado anterior y que su gobierno transite, definitivamente, por un camino de fuerte apoyo a la producción.

Mientras tanto, el sector continúa andando. Y dentro de este aspecto, se considera que corresponde destacar algo que no tuvo mucha difusión y que, sin embargo, puede ser un instrumento de gran importancia para la agricultura: la creación del Programa Nacional de Calidad de Trigo.

Competitividad

Aprobado por el secretario de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos, Haroldo Lebed, a través de la resolución N°334/2003, el programa abre una nueva etapa para el cereal, la de aumentar su competitividad en el mercado mundial.

Con esta decisión, Agricultura aporta el marco legal para el ordenamiento de la cadena del trigo, acompañando los esfuerzos del sector privado y aprovechando la oportunidad para que llegue como mensaje a nuestros compradores externos (fundamentalmente Brasil).

El nuevo programa, que ha sido consensuado con el sector privado, propone dar impulso a una nueva etapa en la segregación de los trigos argentinos como elemento central para asegurar la sustentabilidad de las producciones. Y entre los considerandos de la resolución, se destaca, entre otros aspectos, que es necesario acrecentar la competitividad del trigo argentino a través de las mejoras en la calidad y la presentación, coordinando y potenciando los esfuerzos que viene desarrollando parte del sector triguero argentino.

Como ya es sabido, la demanda mundial marca una definida tendencia a ser cada vez más selectiva, especialmente en el caso de los principales países importadores, que exigen mayor valor agregado. Por otra parte, el mercado interno muestra un comportamiento similar, demandando cada vez más calidad y consistencia en las entregas.

Es bien conocido que la Asociación Argentina de Productores de Trigo (Aapotrigo) junto con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) vienen bregando desde hace años por la segregación de las clases de trigo.

Y dan sus razones: la demanda internacional se centra en la compra de clases específicas de calidad y no en mezclas de diferente aptitud. Además, con el tiempo se va exigiendo mayor homogeneidad y consistencia (repetibilidad) en los embarques, ya que deben ser utilizados en procesos industriales automatizados.

Por otra parte, la mayoría de los países exportadores de trigo ha adoptado la diferenciación como una forma de satisfacer la demanda de sus compradores y agregarle valor a su producción. Léase Estados Unidos, Canadá, Australia, Francia, etcétera.

La ingeniera Martha B. Cuniberti, del INTA Marcos Juárez, sostiene en una nota que esa estación experimental está trabajando en una propuesta de clasificación por bandas de proteína -consensuada por distintos sectores oficiales y privados e incluso por molinos de Brasil-, que es promovida por Aaprotrigo y el INTA y que contempla tres clases de trigo: TDA1 Superior (Trigo Duro Argentino 1 Superior), TDA2 Especial (Trigo Duro Argentino 2 Especial) y TDA3 Standard (Trigo Duro Argentino 3 Standard).

El sistema de clasificación por bandas de proteína se viene recomendando desde el INTA Marcos Juárez desde hace muchos años.

No mezclar

Mariano Otamendi, titular de Aaprotrigo, advierte que si un productor tiene sembrado en su campo cuatro o cinco variedades de distinta calidad debería evitar la mezcla, ya que tienen aplicaciones distintas. Y si lo hace está limitando su uso, ya que es una mezcla no apropiada para un proceso industrial determinado.

Agregó que, desde ahora, al establecerse un marco general de decisiones oficiales, en vistas al futuro, la Argentina comenzará a comercializar su trigo de acuerdo con las necesidades de los compradores. Se comienza así con una serie de medidas en el tiempo para darles valor a las exportaciones del cereal argentino. El productor sabrá qué está multiplicando y para qué mercado.

"Ese es el norte. Agregarle valor a las exportaciones de trigo. El negocio pasa por no mezclar", enfatiza Otamendi.

Para el especialista, si nuestro país es capaz de demostrarle al mundo que podrán solicitarnos trigos clasificados, si en el tiempo se crea esa cadena de valor y si, además, somos absolutamente confiables, entonces, ese día, la Argentina tendrá su premio a través de mejores precios. Algo más para destacar, a fines de mes partirá para Brasil el primer embarque de trigo clasificado TD1 y TD2. Una clara señal con indudable sentido positivo.

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