En alerta permanente

Por Héctor Müller De la Redacción de LA NACION
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8 de diciembre de 2001  

El desasosiego que se apoderó de gran parte de la ciudadanía como consecuencia de la inestabilidad económica por la que atraviesa el país no fue impedimento para que un número considerable de empresarios siguiera con atención las palabras del ingeniero Fernando Ravaglia, que, durante una reunión organizada el lunes último por Difusión Ganadera, se explayó por varias horas sobre las "Diez premisas para la supervivencia de la empresa agropecuaria".

Ravaglia fue muy claro. A sabiendas de que hay mucho desánimo por las noticias que se escuchan a cada rato, que se suman al duro golpe provocado por las inundaciones, se pensó que, por todo ello, podría ser quizás una buena oportunidad rescatar esas diez herramientas que se analizaron durante toda la jornada, referidas a cómo organizar la empresa en una situación crítica.

Se habló sobre aspectos que se pueden llevar a cabo sin necesidad de tener que pensar en un crédito, y terminó la reunión con un golpecito de ánimo para decir: bueno, vamos a tratar, aún en la peor situación, de aferrarnos a todo lo bueno que aún nos sigue rodeando para poder seguir adelante. E intentar plantearlo así como para que cada uno, después, viera cómo poder continuar con su pelea cotidiana.

El primer aspecto que planteó Ravaglia fue definir los problemas y preocupaciones cuya resolución está al alcance de cada uno y diferenciarlos de aquellos que no lo están.

¿Cuáles son las cosas en las que concentro mi atención y mi capacidad de esfuerzo? ¿Trabajo realmente en resolver todo aquello que está a mi alcance? Los subsidios a la producción y la alta presión impositiva son aspectos que deben preocupar y sobre los que hay que estar informados y presionar a través de los representantes para que se produzcan cambios en donde es posible, pero luego hay que mirar hacia las empresas y esforzarse por trabajar y mejorar todo aquello que está al alcance de uno. "Nuestra capacidad de influir sobre el precio de nuestros productos es del 0%, pero podemos hacerlo en el 90% sobre nuestros costos de producción. No perdamos entonces la atención sobre este punto", expresó Ravaglia.

Dónde se está parado

La segunda premisa se basó en conocer a fondo la situación de partida de las empresas. No se puede mejorar si no se sabe dónde se está parado. Esto implica conocer con detalle los costos de producción, de vida y el ritmo y el nivel de endeudamiento, ¿por qué? "Porque son los temas que habitualmente nos tienen sin dormir cuando la situación se pone complicada", sostuvo el especialista.

El tercer aspecto estuvo referido a la necesidad de desarrollar una visión estratégica. Las empresas que reaccionan a la coyuntura están seriamente amenazadas. No hay que pensar solamente en producir más, sino en qué es lo que el mercado quiere y tratar de orientar la empresa en un rumbo que tenga futuro realmente. ¿Se busca una explotación grande o una sólida? La cuarta y la quinta premisa se fundaron en definir metas claras y estrategias prácticas. Una empresa que hoy apunte a ser rentable y competir en el nivel mundial debe orientarse a tener un sistema productivo diseñado para lograr materias primas de calidad con un costo total lo más bajo posible, obviamente, sin sacrificar calidad, porque es lo que el mercado exige. "La buena tecnología debería servir y sirve justamente para esto, para llevar los costos de producción a niveles de competencia internacional y asegurar la permanencia en mercados de alto poder adquisitivo", agregó Ravaglia.

Después se habló de cómo seleccionar la tecnología, sobre todo pensando que antes de comprar una sembradora, un herbicida o adoptar una técnica de producción, hay que preguntarse muchas cosas. ¿Agrega realmente valor a la empresa? ¿Va a mejorar la calidad de los productos? ¿Va a bajar los costos? ¿Me va a hacer más competitivo? ¿Agregará seguridad en el trabajo? Adecuar, entonces, la selección de tecnología. No equivocarse en ello.

Posteriormente se debatió sobre cómo hacer durar el dinero. Y se destacó la importancia de los presupuestos financieros. Es decir, una anticipación de los ingresos y gastos que va a tener la empresa. Y, sobre todo, vislumbrar con tiempo posibles contratiempos que pueden llegar a darse y ver cómo se van a solucionar, pero pensarlo con tres meses de anticipación y no cuando el problema se desencadena, porque en ese momento hay que salir a pedir plata prestada, con tasas disparatadas, al descubierto, y ésta es la peor forma de buscar una solución.

Familiares y empleados

Otro tema: predisponer a familiares y empleados para la situación. No puede ser que en esta coyuntura haya empresarios que prefieren optar por no decirles nada a sus familiares para que no se preocupen. Si la empresa está en crisis, que todos lo sepan y lo antes posible, mejor, para que también puedan ayudar.

Dentro de este último contexto, el primer paso es tratar de favorecer al máximo la comunicación con los familiares y con los empleados. Que se canalicen los esfuerzos de todos en un mismo rumbo. Utilizar tiempo en ello es hacerlo bien y vale la pena invertir en este aspecto.

También se intercambiaron opiniones sobre la importancia de aprender. Lamentablemente no lo hicieron durante años los funcionarios con relación a las inundaciones que afectan a importantes regiones del interior. A nivel de empresa ocurre lo mismo. Si no hay más remedio que pasar por situaciones críticas, tratar de hacerlo aprendiendo todo lo posible y pensar que el conocimiento que se adquiere hoy ayudará a sobrellevar con éxito las crisis del futuro.

Finalmente se habló sobre la importancia de las actitudes. Pensar y actuar positivamente como ese combustible anímico que hace falta todos los días para saber que en cualquier momento puede aparecer otro obstáculo.

Si uno no tiene la actitud correcta es fácil que ante la suma de dificultades se caiga y diga: basta, me cansaron. No quiero saber nada más. Ahí se empieza a perder. Por lo tanto, es importante estar en alerta permanente para no entrar en ese juego sin salida.

"Nadie tiene asegurado el éxito. Todos podemos terminar fundidos, pero lo peor que nos puede pasar es fundirnos a sabiendas de que no hicimos todo el esfuerzo que estaba a nuestro alcance para ganar esta lucha por la supervivencia y las que vendrán luego de ésta. Es nuestra única garantía de poder seguir adelante", finalizó Ravaglia.

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