Hacia un sistema equilibrado que contemple todos los intereses

Opina Néstor Roulet
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30 de julio de 2005  

Cuando comenzamos a analizar el tema de regalías en nuestra Confederación, en algo hubo total unanimidad: oponernos a las regalías globales y extendidas. Las regalías globales tienen incorporadas un concepto filosófico que rechazamos totalmente, que es el de la extracción en lo producido.

Como nos oponemos a las retenciones por su condición distorsiva, lo mismo sucede con las regalías globales.

Si permitimos esta forma de extracción, dentro de unos años nos van a retener otros porcentuales alegando cualquier objetivo; además, si aseguramos ingresos provenientes de la producción primaria sin riesgos de ninguna naturaleza, esto puede ser un factor que desaliente la competitividad y la inversión en investigación.

El sistema de regalías extendidas convierte también al productor en un aportante cautivo por una cierta cantidad de años.

De generalizarse esta práctica, podría transformarse en un regalía-dependiente, debiendo pagar durante años por algo que ya compró.

Tampoco aceptamos los acuerdos privados, ya que sólo hay negociaciones entre oponentes similares; y los pequeños y medianos productores tendrán que aceptar mansamente las condiciones impuestas por los obtentores en los contratos.

Iniciativa

En base a esta postura, se comenzaron a desarrollar conceptos que nos parecían muy importantes para llegar a una propuesta objetiva, justa y que respetara todos los derechos.

El primero de ellos es que a nuestra proposición la tenemos que tratar con los semilleros, que son los responsables del desarrollo varietal de semillas autógamas (trigo, soja, etc.) y, por lo tanto, los receptores del reconocimiento del derecho intelectual.

Estamos persuadidos que la investigación y el desarrollo de nuevas variedades debe ser retribuido justamente a quienes invierten en ello, pero tal inversión debe ser incorporada en el costo de la semilla.

En segundo lugar, los eventos biotecnológicos son un insumo más de los semilleros, por lo tanto, los mismos deben estar incluidos en el precio de la bolsa de la semilla, junto al reconocimiento intelectual. Debe quedar bien claro que los viejos eventos, por ejemplo, resistencia al glifosato, fueron traidos y desarrollados en el país conociendo la actual Ley de Semillas, por lo que quedarían fuera de toda discusión.

En tercer término, no podemos perder el derecho de uso propio, que está totalmente asociado al derecho de propiedad, por lo que el uso propio oneroso es un derecho establecido por Ley, al que los productores no estamos dispuestos a renunciar.

En cuarto lugar, debe haber un ámbito donde se discutan estos temas, en el que estén presentes todos los actores y se acuerden las pautas; es por eso que pedimos la urgente integración del directorio del Inase (Instituto Nacional de las Semillas) para que actúe en base a las herramientas legales actuales.

Por último, tener un sistema de control transparente y eficiente, que haga cumplir las pautas comerciales y legales, integrado por Inase y Oncca (Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuaria).

Teniendo en cuenta estos postulados, desarrollamos nuestra propuesta, que consiste en:

*Incentivar el uso de la semilla legal. Para esto se debe exigir a todos los integrantes de la cadena el cumplimiento de las normativas actuales. Implementar políticas activas como son el pago a cuenta de Ganancias o aplicar una doble imposición en los gastos del valor de la semilla.

*La reserva de semilla para uso propio sin límites de tiempo, gratuita, por la superficie para la que se compró la semilla legal. Se pagan regalías por única vez, incluidas en el precio de compra de la bolsa.

*Para sembrar más superficie de la que se puede justificar con semilla legal, se podrá multiplicar semilla en el establecimiento para uso propio, abonando una regalía por única vez - cuyo valor es consensuado en el ámbito integrado por toda la cadena - hasta cubrir la superficie deseada. Una vez abonadas estas regalías, la semilla es de propiedad del productor y podrá reservar de ella para uso propio sin límites de tiempo. La venta de esta semilla a terceros por parte del productor multiplicador queda prohibida.

*Entre la semilla original, la reservada de uso propio y la multiplicada de uso propio que abonó regalías, se deberá justificar el 100% de la superficie sembrada en cada año.

Desalentamos todos los extremos, no compartimos el derecho de uso propio oneroso porque desnaturaliza el derecho de propiedad y tampoco alentamos el uso de la bolsa blanca porque afecta el derecho de propiedad intelectual.

Todas estas medidas tornarán más equitativa la relación comercial semillero-productor, sin afectar los respectivos derechos de propiedad (como Intelectual y de uso propio).

Animados por estas intenciones, estamos conversando con todos los sectores involucrados en la cadena de producción, a fin de encontrar un equilibrio que contemple los intereses del conjunto de los interesados.

El autor es presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de la Tercera Zona (Cartez)

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