Heridas que son difíciles de cicatrizar

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26 de enero de 2002  

Aún se observa el humo y el olor de los restos de neumáticos de tractores incendiados en la puerta del Banco Bisel en Alcorta, Santa Fe. A metros de allí dialogan Rubén Ranzuglia, productor de cerdos; Odilio Scaffino, agricultor y ganadero; Félix Geraci, uno de los responsables del Centro Comercial de Alcorta, y Roberto Faiela y Daniel Ribeira, ambos productores chicos y mixtos.

"Con el consentimiento de los gerentes de tres bancos y la policía se tomaron pacíficamente los tres bancos de este lugar", aseguraron. Las razones fueron: ajuste de tasas activas a niveles razonables, pesificación de todas las deudas, prórroga de cobro de los créditos, abolición de costos y gastos de cajas de ahorro y cuentas corrientes, agilización de cobro y acreditación de depósitos, anulación de informe sobre cheques devueltos, paralización de todos los juicios y suspensión de nuevos juicios por falta de pago.

Al margen de las valederas razones que los sustentan, los hechos violentos y enfrentamientos como los que se registraron en Casilda y en menor medida en otras ciudades resultan muy traumáticos, especialmente por tratarse de lugares en donde todos se conocen y en muchos casos van a los mismos cafés y juegan al truco en los mismos clubes.

Además, la gente del interior es tranquila, pacífica, simple, generosa y de buenos modales. Son heridas que se abren y de difícil cicatrización.

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