Impulsan técnicas para mejorar la cría

Entre otras alternativas, en la cuenca del Salado se propone fertilizar para anticipar la producción primaveral de pasto y realizar un manejo más eficiente de los animales
Fernando Bertello
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24 de abril de 2004  

RAUCH.-- De la mano de la tecnología, en el corazón de la cuenca del Salado, la principal zona de cría de la Argentina con 6,5 millones de hectáreas, la apuesta de los productores por ser más eficientes en la producción de terneros está intacta, aun cuando, como ocurre en otras regiones, aquí también se observa el avance de la soja.

Esa actitud por querer mejorar su negocio fue, justamente, lo que se pudo observar en los 450 ganaderos que el viernes 16 de este mes participaron del 5o. Encuentro de productores de terneros, organizado por la Sociedad Rural de Rauch, para escuchar de boca de los especialistas qué tecnologías avanzan en la zona.

Aquí, entre otros temas, se destacaron los análisis de los expertos sobre varios aspectos clave, como la fertilización estratégica de las pasturas, las mejoras que pueden incorporar quienes entoran la vaquillona a los 22 meses y qué pautas son necesarias para mejorar la eficiencia en el servicio.

En esta zona, en la producción de terneros hay tres niveles de ganaderos: los que obtienen entre 80 y 100 kilos de carne por hectárea por año; los que se ubican entre 120-140 kilos, gracias a la utilización de determinadas tecnologías, y los más avanzados, que están en torno de los 150-170 kilos por hectárea.

Fertilización estratégica

Para Jorge Castaño, uno de los especialistas que disertó en el 5o. Encuentro de Productores de Terneros, en esta región se justifica realizar una fertilización que permita llegar antes al pico de producción de pasto que, normalmente, se presenta en primavera.

Como en la cuenca del Salado las pariciones generalmente se dan en agosto y septiembre, y el pasto natural en cantidad y calidad sólo aparece a partir de octubre y mediados de noviembre, la propuesta de Castaño es anticipar en unos 40 o 50 días ese momento con el agregado del nutriente que le falta al suelo.

"Entonces, debido a que en agosto ya tenemos el umbral de temperaturas (8-9 grados) por encima del cual se pueden esperar respuestas al fertilizante, la idea es aprovechar esto para traer de octubre-noviembre a septiembre el pico de producción", expresó el especialista.

La fertilización estratégica que comentó Castaño debería cubrir ciertas deficiencias de nutrientes que son características de esta zona, como los 2, 3, 4 o 5 ppm de fósforo, para llegar a niveles de 10-12 partes por millón con 100 kilos de superfosfato triple o fosfato diamónico.

"Además, como aquí las pasturas son mayoritariamente pastos y tréboles, y no de alfalfa, como en otras regiones, hace falta nitrógeno, sobre todo si uno busca anticipar el pico de producción primaveral", enfatizó el especialista del INTA.

Según recordó Castaño, en invierno, cuando el suelo está frío, es prácticamente nulo el aporte de nutrientes para las pasturas. No obstante, como muchas de las especies tal vez estén activas, requieren nitrógeno para poder crecer.

De ahí que, según el especialista, con la fertilización estratégica se busca actuar en un momento que reporte beneficios a los distintos sistemas de producción de la cuenca del río Salado. Con las aplicaciones de entre 50 y 100 kilos de nitrógeno por hectárea efectuadas en agosto en Ayacucho se logró duplicar y hasta triplicar las tasas de crecimiento de los distintos recursos forrajeros, como el pasto natural, y anticipar entre 30 y 50 días su pico de crecimiento.

A los 22 meses

Además de las alternativas del primer entore de las vaquillonas a los 15 o a los 27 meses (servicio de primavera en octubre, noviembre o diciembre), Julio Burges, especialista del INTA Balcarce, comentó el potencial y las limitantes de una opción intermedia: el entore a los 22 meses. Se trata de una modalidad que va ganando adeptos en la zona y que busca, en primer lugar, realizar el servicio en invierno (junio-julio) con un animal de mayor edad y peso corporal. No obstante, a la vaquillona le toca parir en otoño (marzo), justo cuando a ella y al ternero le quedan por delante hasta la primavera un semestre de poca temperatura y luz, lo cual demandaría contar a pleno con los recursos forrajeros disponibles o asignar otros.

De todos modos, como dato positivo de esta opción, Burges comentó: "Los terneros nacidos en otoño aprovechan más las pasturas durante la primavera, debido a su desarrollo fisiológico, y el par vaca-ternero haría lo mismo con el crecimiento primaveral de los pastos".

"La propuesta implica cambios en el uso de los recursos forrajeros y los terneros deberían tener prioridad a partir del destete. Para mejorar la economía forrajera global de este sistema se recomienda conservar el excedente del crecimiento primaveral en forma de heno y aumentar la receptividad invernal", agregó.

Según comentó el especialista, sobre la base de estudios realizados en INTA Balcarce, las vaquillonas con el primer servicio a los 22 meses de edad, en lugar de los 27 meses, lograron producir hasta los cuatro años de edad 95 kilos de ternero para invernar desde el 1° de marzo, aunque necesitaron un 12% más de pasturas, produciendo un 17% más de kilos de ternero por pasto consumido.

Entre otros puntos en favor de esta opción, Burges señaló que el entore se presenta como más factible de ser realizado (bajan, además, los riesgos a distocias), hay más seguridad para estabilizar la tasa de preñez de una categoría difícil como la vaca de segunda parición y se perfila un mejor escenario de producción y de resultados con la invernada dentro del campo de cría del ternero destetado en primavera.

Aparte de Castaño y Burges, en la reunión también disertaron los expertos Juan Pedro Torroba y Fernando Canosa. Mientras Torroba hizo hincapié en los factores que permiten realizar una buena evaluación del servicio, entre otros temas, Canosa remarcó que el sector ganadero tiene un amplio margen para crecer con tecnologías probadas y de bajo costo.

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