
La EEA Concordia trabaja en la optimización de la producción de estos frutos para intentar ampliar el volumen exportable, incorporando distintas variedades, de diferente adaptación.
1 minuto de lectura'
CONCORDIA- Con más de 140.000 hectáreas plantadas, la citricultura constituye una de las actividades frutícolas de mayor relevancia. Dentro de este panorama, una de las áreas que se destaca es la ubicada en una franja de 30 a 40 kilómetros de ancho que corre a lo largo del río Uruguay, por los departamentos de Concordia y Federación, de Entre Ríos, y Monte Caseros, en Corrientes.
En dicha área, a la que denomina Río Uruguay, tiene centrada su labor en lo que a cítricos concierne la Estación Experimental Agropecuaria Concordia del INTA que funciona en un predio de 600 hectáreas, en el paraje Yuquerí, a 15 kilómetros de Concordia.
La EEA Concordia se dedica también a investigar y realizar ensayos sobre productos forestales y su aplicación práctica. En el rubro citríco ha puesto énfasis en estudios que lleven a optimizar la producción y ampliar el volumen exportable. Cada año incorporan variedades de cítricos para evaluar y seleccionar los que presentan mejor adaptación e incorporarlos a la oferta de fruta cítrica de la Argentina.
Mandarinas y naranjas
El área Río Uruguay abarca unas 60.000 hectáreas plantadas y las características ecológicas más relevantes se refieren a la topografía ondulada, los suelos sueltos, precipitaciones en el orden de los 1200 milímetros anuales y una amplitud térmica marcada entre el día y la noche.
Actualmente, produce el 40% de los cítricos del país, que está en el orden de los 2 millones de toneladas/año. "La expectativa de producción es de 700.000 a 800.000 toneladas, y si esto no se logra se debe principalmente a factores climáticos -explica el doctor Luis Larocca, economista de la EEA Concordia-. De este valor, el 13 al 14 % va a exportación".
Esa área produce en su mayor proporción mandarinas y naranjas. En este sentido, el economista señala que en mandarinas "prácticamente no tenemos competencia; sólo Misiones que ofrece una producción más temprana, pero de inferior calidad. En cambio, en naranja sí la hay por parte de los productos del NOA y Corrientes".
En limón, el área presenta un rol secundario donde el líder es Tucumán, y en pomelos, los del NOA tienen mayor aceptación por ser más dulces y jugosos. Larocca destaca que se observa un incremento en la producción de mandarinas debido a los mejores precios que se obtienen en el mercado. Desde 1978 al presente se registra una tasa anual de crecimiento que supera el 3% anual. También ha aumentado la introducción de variedades; hoy se cultivan en mayor porcentaje satsuma, clementina, ellendale y murcott. En naranja se registra un importante aumento de las variedades de ombligo y salustiana, y en menor medida, valenciana. En cambio, en limón no hay nuevas plantaciones y en pomelo sólo variedades de pulpas rojas.
El rumbo que marca la producción de cítricos es lograr el incremento de los volúmenes exportables porque, según señala Larocca, los precios que paga la industria son muy bajos y no cubren los costos de producción. "En este momento está en el orden de los 40 a 50 pesos la tonelada de fruta puesta en la fábrica, y el costo de producción es mucho más alto. Entonces, forzosamente hay que vender la fruta al mercado interno que ahora está medio estacionado".
Hay que considerar que existe una fuerte selección y que la mejor fruta se exporta; la de menor calidad va al mercado interno haciendo que los precios bajen.
Sin considerar aquí las barreras arancelarias que existen, incrementar los volúmenes exportables implica solucionar problemas de calidad y fitosanitarios, en mercados que son muy exigentes al respecto. El 90% de los cítricos exportados va a la Unión Europea. Los productos entran fundamentalmente por Rotterdam, el Reino Unido, Francia y España y se distribuyen a toda la UE. El resto va a Canadá, Rusia y los países árabes.
"Japón es un mercado importante -acota Larocca-, que tenemos como expectativa de futuro, pero es muy exigente en materia sanitaria, por ejemplo, con el problema de la mosca. Son exigencias que hay que cumplimentar, lo cual todavía es difícil, pero no lo desestimamos."
En cuanto a la UE hay serios problemas con las barreras sanitarias que el doctor Larocca no sabe cómo se van a solucionar en forma inmediata, y donde hay que prestar especial atención, ya que si no se le puede vender a la UE, es evidente que se complica mucho el rubro exportación.
Uno de los mayores problemas es la cancrosis, enfermedad que afecta tanto a la fruta como a la planta y cuya eliminación va a ser una exigencia de la UE. Es provocada por diferentes tipos de bacterias, de las cuales el biotipo A es el más virulento y es el que ataca a la mayoria de los cítricos. En este aspecto, la EEA está realizando una activa campaña de lucha contra la cancrosis y ha elaborado técnicas de control que ya han dado buenos resultados.
Calidad y manejo
Entre las variables que hacen a la rentabilidad de los cítricos y su ingreso al ciclo de la comercialización internacional figura en un lugar prioritario la calidad, que está dada básicamente por el manejo de la explotación y la poscosecha.
"Es cada vez más evidente la importancia que tiene la calidad en todos los aspectos en el comercio mundial de cítricos -destaca el ingeniero agrónomo Mario Ragone, coordinador de la sección poscosecha de la EEA y doctor en esta especialidad-. Y en nuestro caso adquiere relevancia por el auge que está tomando en los últimos años en el área Río Uruguay la exportación como destino de la producción."
Otros aspectos que afectan la calidad son la alteración fisiológica llamada "creasing", los daños por plagas y enfermedades como la sarna y la cancrosis, la falta de color y los daños de cosecha: fruta golpeada, partida, destaponada.
"El color ha sido un problema serio este año- comenta Ragone-. Aún cuando la calidad sea buena, si no tiene color, el fruto no es aceptado. El aspecto exterior llama la atención y en este sentido, el cítrico es muy vistoso."
Otro punto se refiere a evitar daños de cosecha y a favorecer la manipulación y las prácticas culturales y fitosanitarias. Para este punto se emplean en la EEA criterios en el diseño de las plantaciones y en el tamaño de las plantas.
En la quinta tradicional las hileras se disponen a una distancia de 7 metros y 3,50 metros entre planta y planta. con una densidad de 200 plantas por hectárea. En las explotaciones más avanzadas se ha pasado a 400 platas por hectárea y más. Esta mayor densidad facilita el laboreo, la aplicación de herbicidas y el acceso de las maquinarias..





