La intensificación ganadera y su impacto sobre el ambiente

Alumnos de Ciencias Ambientales de la Facultad de Agronomía de la UBA evaluaron los problemas y sus posibles soluciones
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26 de diciembre de 2009  

El proceso de intensificación de la ganadería que se desarrolló en las últimas décadas en la Argentina contribuyó al sostenimiento de la actividad, desplazada por el avance de la frontera agrícola, con una mayor eficiencia e incrementos en la producción. No obstante, también generó un alto impacto sobre el ambiente y en muchos casos problemas de contaminación.

En este contexto, un equipo de trabajo de la carrera de Ciencias Ambientales, de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba) evaluó los problemas que trae aparejado la práctica en establecimientos pampeanos, y analizó posibles soluciones de mitigación de los impactos ambientales.

Los estudios partieron del Taller de Problemáticas Ambientales, coordinado por María Semmartin, docente de la Cátedra de Ecología de la Fauba. Bajo este marco, un grupo de ocho alumnos, con la dirección de Ana García, profesora de la cátedra de Química Analítica, trabajaron en un feedlot de la pampa arenosa.

El establecimiento cuenta con 20 corrales con un comedero y un bebedero común. Cada corral concentra unos 300 vacunos, alimentados a base de maíz, pellet de cáscara de soja y diferentes complementos vitamínicos. Los animales llegan al establecimiento con 100-150 kg, son alimentados durante 90 días y salen con 300-350 kg.

Pese a su escala, y a la gran cantidad de desechos que se generan, en el establecimiento no se desarrolla un plan de manejo para el tratamiento de residuos. Según se indicó en el informe final del taller, las principales consecuencias son, en primer lugar, el intenso y desagradable olor que se percibe al llegar al feedlot. El metano y el amoníaco producido provocan alteraciones en la calidad del aire a nivel local y regional. Además, el polvo que se genera podría provocar afecciones a las vías respiratorias.

En segundo lugar, el trabajo destaca la acumulación de residuos, que impacta directamente en el suelo, altera sus propiedades y, como consecuencia, afecta la calidad de los cuerpos de agua. Dentro de esta problemática, se destaca la posible contaminación de la napa de agua que abastece al consumo humano y animal.

"El feedlot utiliza lagunas naturales para recoger los residuos líquidos generados, sin un estudio previo para establecer el grado de impermeabilización y la capacidad de acumulación de efluentes. Por consiguiente, se agrava la posibilidad de que contaminantes como el nitrato lleguen a la napa", advierte el informe dirigido por García.

"Este tipo de producción altera el ecosistema modificando los servicios que brinda. La gente que vive y trabaja en el lugar es poco consciente de la magnitud y sólo recientemente ha empezado a interesarse por los daños ambientales generados", remarcaron los alumnos. Los perjuicios también repercuten sobre el bienestar del animal, modificando la rentabilidad de la empresa.

Arboles y pastos nativos

La evaluación de este caso también incluyó la determinación de posibles soluciones. Se recomendó plantar árboles que ayuden a atenuar la contaminación atmosférica y, además, brinden sombra a los animales, favoreciendo la producción de ganado, al tiempo que se destacó el beneficio de recoger el estiércol, tratarlo y utilizarlo como abono para los campos, y de aplicar un tratamiento adecuado a los efluentes.

También se recomendó generar espacios con pastos nativos o pasturas, de manera de retener los nutrientes y reutilizar los efluentes, y evaluar si el pellet utilizado favorece a la contaminación por metales pesados, vía estiércol de los animales.

En cuanto a la problemática global de la intensificación ganadera, el equipo de trabajo concluyó que algunas de las medidas más urgentes a implementarse, con el esfuerzo combinado de distintos actores, son el desarrollo de tecnologías apropiadas en relación con la generación de modelos de contaminación en la escala de predio, de cuenca y de regiones geográficas, la nutrición de precisión, el desarrollo de indicadores específicos para el monitoreo, y la difusión de técnicas y equipamiento para implementar la reutilización de estiércol y de efluentes.

La intensificación de la ganadería tuvo un fuerte crecimiento en la última década. Hasta 1999, sólo 17,5% de la faena vacuna provenía de sistemas intensificados. En 2004 la participación había aumentado a 21%, y en 2005 a 25%. En los años siguientes, la tendencia se acrecentó y se repitió en la lechería, con la reducción del número de tambos, aumentos en la escala y una mayor producción por vaca.

Este incremento de los sistemas de engorde a corral o feedlot generó un aumento de los flujos de energía y de nutrientes, y el riesgo de contaminación. Los animales excretan al ambiente entre 60 y 80% del nitrógeno y el fósforo que ingieren, a través de la orina y las heces, que se concentran en áreas reducidas y conforman la principal fuente de nutrientes, metales pesados, antibióticos, microorganismos patógenos y de otras drogas veterinarias. Esta actividad también contribuye a la contaminación atmosférica por los gases de efecto invernadero, a través de la emisión de metano y óxido nitroso, asociada a la dieta de los animales y al manejo del estiércol en sistemas intensivos.

Según los estudios realizados por García, el negocio de feedlot, pese a su expansión, no ha tenido un marco jurídico que comprenda todas las variantes y regule su habilitación y funcionamiento.

En países como EE.UU. y Canadá, con una larga trayectoria en estas actividades, hay reglamentaciones estrictas para la protección de las aguas superficiales y de los acuíferos, así como para la aplicación apropiada del estiércol sobre tierras agrícolas. Estas regulaciones apuntan a, por ejemplo, controlar las escorrentías, manejar el estiércol sólido, mantener firme y limpia la superficie de los feedlot, realizar el tratamiento de los efluentes en lagunas o piletas y reutilizar los residuos tanto líquidos como sólidos en tierras agrícolas.

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