La lechería busca su senda de crecimiento

La actividad, tras una profunda crisis, puede volver a cobrar un nuevo impulso sobre la base de las inversiones ya realizadas
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3 de mayo de 2003  

Lo peor ya pasó. La lechería, más allá de la inercia característica de la actividad que hace que las tasas de crecimiento sigan siendo negativas, empieza un nuevo ciclo y en poco tiempo volverá a crecer. La pregunta es a qué tasa se dará ese crecimiento.

Durante la década del 90 la lechería creció en nueve años a una tasa promedio del 7,7% anual, luego de años de hacerlo a tasas no superiores al 3 por ciento.

Muchos fueron los factores que contribuyeron a que esto fuera así, a partir del lanzamiento del plan de convertibilidad.

En primer lugar, el incremento en el consumo interno, que pasó de 180 a 220 litros por habitante y por año, con el consiguiente aumento en los precios. En cualquier análisis que se haga se debe tener presente que el aumento en el consumo interno fue el factor disparador del crecimiento. Un segundo factor fue la baja rentabilidad de las actividades alternativas. Ante los bajos precios de los granos, el tambo se presentaba como alternativa para darle un destino más rentable a la tierra. La creciente disponibilidad de crédito fue otro de los factores que favorecieron, junto con la buena relación entre el precio de la leche y los bienes de capital, la inversión en los tambos. Este contexto propició la apertura de nuevos tambos. Además, los existentes destinaron más superficie a la actividad y hubo un aumento en la carga por hectárea a partir del uso generalizado del silaje de maíz.

Por otra parte, la buena relación de precios entre la leche y el maíz favoreció el incremento en los niveles de suplementación de los rodeos que año tras año mejoraron su potencial genético, con el consiguiente aumento en la producción por vaca y por hectárea. El resultado de la combinación de estos factores no sólo fue el crecimiento del sector a altas tasas, sino también que impulsó toda la actividad a un salto tecnológico.

Después, llegó la crisis que llevó a que la producción de 2002 cayera a los niveles de 1994.

Factores presentes

Ahora están dadas las condiciones para crecer de nuevo, pero: ¿cuántos de aquellos factores que nos permitieron crecer al 7,7% anual siguen presentes?

En primer lugar, el consumo, que durante 2002 se ubicó entre 170 y 180 litros equivalentes por habitante por año, al menos en el actual contexto macroeconómico no muestra signos de que vaya a crecer de manera significativa; por lo tanto, no habría que esperar que la demanda interna actuara como disparadora de precios.

Las actividades alternativas presentan muy buenas rentabilidades, de la mano del alto valor relativo del dólar y, fundamentalmente, de los excelentes rendimientos de la campaña que termina.

El crédito de mediano plazo, que tanto ayudó al crecimiento de la actividad en la década anterior, actualmente es casi inexistente.

Estos dos factores hacen dudar de la posibilidad de que se abran nuevos tambos y que los existentes sumen hectáreas a la actividad. El costo de oportunidad de la tierra es alto y no hay cómo financiar inversiones.

La relación leche - maíz, después de un año de encontrarse en sus niveles mínimos históricos, se recuperó y en la actualidad se encuentra por encima del promedio, lo que hace suponer que, en este sentido, veremos en los próximos meses un significativo crecimiento en las producciones individuales.

Finalmente, el uso del silaje de maíz como recurso para aumentar las cargas ya no se utiliza como en años anteriores.

Por lo tanto, de todos los factores que hicieron crecer la lechería en los años 90 al 7,7% anual, sólo uno parece estar presente al inicio de este nuevo ciclo, por lo que no habría que esperar que las tasas de crecimiento alcancen aquellos niveles, sobre todo porque no están dadas las condiciones para que se le destinen más hectáreas a los tambos, algo que resultaría una amenaza para quienes con tanto esfuerzo lograron superar la crisis.

Mientras haya un tipo de cambio real alto y los precios internacionales se encuentren en sus valores medios, los productores que quedaron deberían tener un negocio rentable a lo largo del tiempo, sin la amenaza de que otros ingresen de manera agresiva. Si el dólar está alto, la agricultura también será rentable, y se trata de una actividad mucho más sencilla de realizar y que no requiere grandes inversiones.

Este es el escenario que se plantea en el contexto macroeconómico actual, que puede cambiar con los consecuentes efectos sobre las variables analizadas.

Mientras duren estas condiciones, el crecimiento se dará fundamentalmente en los tambos existentes, sobre la base de lo invertido y el know-how desarrollado en la década pasada. En definitiva, será un negocio para los que quedaron; ése será su premio.

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