La miel, una revelación divina

Un sacerdote le enseñó al santafecino Mario Fiorina las bondades de la apicultura
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21 de octubre de 2000  

TORTUGAS, Santa Fe.- Mario Eduardo Fiorina, un productor apícola santafecino, asegura que para practicar esta actividad "sólo hay que tener amigos que tengan campo", y efectivamente él los tiene en los alrededores ya que son terrenos ajenos en los que le permiten asentar cinco apiarios para llevar adelante la actividad. Las colmenas pintadas de diversos colores simulan a lo lejos a casacas deportivas que están distribuidas en un campo de juego. El apicultor, vendría a ser una especie de técnico que elige a las abejas para que hagan su mejor juego, producir la miel que, en un elevado porcentaje, será consumida en el mercado externo.

Fiorina saltó a esta actividad a mediados de la década del ochenta motivado por un sacerdote de este pueblo que combinaba su oficio religioso con la apicultura. "Un día saqué un enjambre que estaba en mi fábrica de muebles y dije: padre, acá tiene abejas para usted y él me dijo que me las quedara y armara mi primera colmena."

El inicio de este oficio es recordado con precisión por el apicultor, debido a que en esa época estaba dedicado a la fabricación de sillas en una pequeña industria de muebles de esta localidad, que luego tuvo que cerrar por problemas económicos y financieros en la época de la hiperinflación.

"Al final de esa temporada saqué casi dos tambores y me di cuenta de que la actividad podía ser rentable en esta zona donde no se practica mucha agricultura y donde hay un arroyo (denominado Las Tortugas) que también beneficia para la producción", dijo el apicultor.

Fiorina explota actualmente cinco apiarios, de los cuales sólo uno esta ubicado en un pequeño establecimiento de su propiedad. Posee en total alrededor de 300 colmenas, cantidad que le permite hacer de la apicultura su medio de vida para mantener a su familia.

Aunque no pierde la autocrítica de quienes practican la actividad: "Por lo general los apicultores tenemos un defecto: somos muy personales y hasta a veces individuales", reconoce, y luego remarca: "Deberíamos trabajar en forma conjunta para crear una agrupación que nos ayude a todos", dijo.

"Una de esas medidas podría ser -acotó- la creación de una sala de extracción común a la totalidad de los apicultores de una región. Un ambiente azulejado que permita comodidad y orientación en el trabajo de todos."

Algunos secretos

El apicultor, sin embargo, no esconde palabras para explicar los secretos de la actividad: siempre hay que saber observar el entorno, buscar sombras para trabajar bien en el verano y medir la cantidad de colmenas que tendrá cada apiario, subraya entre diversos aspectos que deben tenerse en cuenta.

"Pero lo más importante es la calidad del producto final, hay que autoexigirse sanidad y obtener un producto libre de contaminación para tener mejores mercados en el exterior y hacer de esto un ingreso importante para el país", remarca.

En efecto, la miel argentina goza de merecido prestigio en los mercados consumidores debido a las condiciones sobresalientes que presenta como coloración, sabor, aroma y densidad, que son atribuibles a la variedad y abundancia de la flora apícola.

Para Fiorina, invernar es preparar las colmenas para que esté en condiciones en el comienzo de la temporada, y las adversidades de la apicultura pasan, según su entender, por la mala distribución de las riquezas naturales, la baja población de abejas, una mala reina y enfermedades, entre otras causas.

"Además, las colmenas para invernar deben ser fuertes, sanas, porque si son débiles deben fusionarse entre sí dejando una reina de valor por cada una. De esta forma en la primavera tendremos la oportunidad de formar núcleos de poblaciones", indica con cierta vehemencia y propiedad en el hablar.

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