"La solución es que el agua que cayó en los campos se quede donde está"

Es la premisa del Proyecto de Saneamiento Rural de la cuenca del Río Tercero
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22 de diciembre de 2001  

CORDOBA.- Que el agua se quede donde cae. Este debe ser el anhelo más enraizado entre los sufridos pobladores y productores agropecuarios de las zonas inundadas. Y ésa es la premisa de la que se partió para poner en marcha esta semana el Proyecto de Saneamiento Rural en la Cuenca del Río Tercero (Calamuchita), en la provincia de Córdoba, que abarcará 250.000 hectáreas.

La región está a unas decenas de kilómetros del drama que viven los habitantes de Laboulaye, que acaban de protagonizar una gesta que se difundió por el país, cuando todo el pueblo pasó un fin de semana levantando una muralla de varios kilómetros de bolsas llenadas con tierra para frenar el avance de las aguas. La misma lucha se registró en poblaciones de Buenos Aires y Santa Fe.

Las correntadas que se originan en la zona pedemontana cordobesa, que corre entre las localidades de San Agustín y Los Cóndores, han solido inundar las ciudades de Hernando y poblaciones vecinas a ésta e incluso a una bastante lejana, Oncativo. Este año el problema no se ha presentado en esa región, pero está candente el drama del sur provincial, asolado por impresionantes caudales nacidas en otras zonas. El proyecto es válido independientemente del lugar donde esté radicado el problema.

"Apunta fundamentalmente a que el agua se quede en los campos a través de una serie de técnicas agronómicas para aumentar su almacenaje en el sitio donde cae y la que no puede ser retenida, por la abundancia de una precipitación, es conducida por obras de ingeniería hacia desagües naturales, pero en forma ordenada para que no cause daños en las obras de infraestructura o en las localidades urbanas de la cuenca", sintetizó el ingeniero Luis Crusta, uno de los técnicos que pilotea el programa.

No hay nada en el planteo que no se conozca, como años de desidia en encarar soluciones integrales al recurrente problema, que así como hace eclosionar encendidas demandas cuando las aguas avanzan arrolladoras se esfuman cuando se retiran.

En el lanzamiento del plan se puso como ejemplo de beneficiosos resultados al Consorcio de Conservación de Suelos El Salto, que hace 18 años se constituyó en un modelo testigo. Lamentablemente, sobran los dedos de las manos para contabilizar las experiencias emuladoras.

Hugo Angeleri, miembro fundador y actual presidente del consorcio, sostiene sin cavilar que en su zona se puede hablar de "un antes y un después" de las curvas de nivel, terrazas, canales empastados y microembalses que junto con prácticas de labranza, rotaciones y otros manejos les cambiaron "la cara" a los campos de los productores participantes.

La propuesta se va a repetir ahora en esta otra cuenca de Los Cóndores. El Proyecto recibió esta semana un espaldarazo al firmarse un convenio entre el municipio y las subsecretarías de Recursos Hídricos y de Asuntos Vecinales de la Nación. La primera aportó 300.000 pesos para ponerlo en marcha.

En el arranque participan un par de consorcios de productores. Dos de ellos, parados en medio de un camino rural que corre flanqueado por "barrancas" de 5 metros de altura cavadas por las correntadas, recuerdan que hace 30 años esa y otras profundas cárcavas que hieren la superficie de la tierra no estaban. Eduardo del Bianco y Omar Bergoglio cuentan que cuando apenas llueve unos milímetros de más por esos "cañadones" corren hasta "cuatro metros de agua".

Crusta apunta que hay que tener un concepto bien en claro: "El agua sale de los campos y si no se la ataja en los campos, no hay solución. Por lo general, se ejecutan obras que atenúan los efectos, pero no solucionan la causa, cuando en el Consorcio El Salto y otras cuencas hemos podido reducir desde 64 metros cúbicos el caudal de agua a 4 metros por segundo, es decir, quince veces menos".

El agua que queda en el campo no es un problema, sino un beneficio que potencia la productividad. Los números dan sostén a esa certeza: mejorar la infiltración de agua en 30 milímetros equivale a 2 quintales de soja por hectárea.

En suma, hay un punto de partida distinto de la alternativa "canalera". El subsecretario de Recursos Hídricos, ingeniero Daniel Di Giusto, milita en la misma línea de enfoque. "Al agua hay que pararla donde cae y utilizarla mejor en lugar de derivarla hacia otro lado. Hay situaciones de exceso que no tienen otra solución que, por ahora, no sea el canal, pero es bueno saber que los canales por sí solos no van a dar nunca una solución de fondo", sentenció.

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