Las consecuencias de varios años de desperdicios

Cristian Mira
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25 de julio de 2015  

Vistas de una forma o de otra cada vez es más evidente que las cuentas para producir no dan. Lo saben los citricultores de Entre Ríos, los tamberos de Santa Fe, los fruticultores del Alto Valle y los agricultores de la Pampa Húmeda. No sólo ellos, claro. La lista podría engrosarse con el resto de las regiones del país. Hay un contexto internacional desfavorable por la caída de precios y el cierre de mercados. Pero esa sería una excusa perfecta para no encontrar soluciones a los problemas que se generaron exclusivamente por las alquimias "del modelo". En 2005 cuando el mercado internacional de la carne se llevaba el 25% de la producción local, a los "magos" de las soluciones fáciles se les ocurrió reglamentar el peso mínimo de faena y aumentar los derechos de exportación. Años después, cuando el precio de la leche en polvo alcanzaba un récord en el exterior, a los "expertos" se les ocurrió fijar un precio de corte para la leche exportada. En ambos casos hubo un mensaje implícito: habrá un riesgo político en la formación de los precios. Ya no sólo era cuestión de enfrentar los riegos habituales de la actividad como el clima o los mercados sino la voluntad política de los funcionarios de turno. Y esos criterios se adoptaron en tiempos del primer kirchnerismo, que aún hoy buena parte de la dirigencia de la oposición añora como los "buenos" de la actual administración.

Las fotos de leche derramada o de naranjas en el piso despiertan reacciones emocionales. Provocan un impacto negativo en un país donde el 28% de la población está bajo la línea de pobreza (según cifras privadas porque el Estado cree que es "estigmatizante" contar a los pobres). Sin embargo, tras esas reacciones no tienen en cuenta que la producción de alimentos no es un servicio público: tienen costos y debe haber ganancia. Es cierto que implica un grado de responsabilidad social participar en el proceso de producción de alimentos, pero los modelos que rechazan a las empresas privadas, como el venezolano, terminan perjudicando a la población.

En los últimos años se demostró las consecuencias de esa confusión de roles. Cuando el secretario de Comercio Guillermo Moreno decía que quería "carne barata para el pueblo peronista" diseñó un modelo que, en rigor, produjo carne barata para el turista brasileño que almuerza en Puerto Madero. Se subsidió con carne de la mejor calidad a quien menos la necesitaba.

Hay otros desperdicios que no provocan reacciones emocionales. Uno de ellos fue el que provocó el kirchnerismo cuando desaprovechó los mejores tiempos de los precios internacionales elevados de granos, carnes y lácteos. En vez de apoyar a productores y empresas locales para capturar esas oportunidades, como sí hizo Brasil que internacionalizó su industria de alimentación, restringió los mercados y el comercio. Y los consumidores tampoco fueron beneficiados.

Números críticos

En el caso de la agricultura, los números arrojan perspectivas negativas tras una campaña marcada por la suba de costos y la caída de precios. Según un análisis realizado por Julio Lieutier, asesor del CREA Seguí-La Oriental, el maíz debiera subir un 25,3% respecto del precio esperado a abril de 2016 para cubrir los gastos de producción. La soja, en tanto, tendría que tener un incremento de 11,9%. Y si se quisiera hacer un planteo de trigo-soja de segunda, la cotización del cereal tendría que incrementarse un 32,6% para cubrir los costos. Esa estimación fue hecha para la zona norte de la provincia de Buenos Aires e incluye los costos de implantación, protección, arrendamiento y comercialización de los cultivos.

"Estos resultados negativos son consecuencia de una combinación de factores que incluye derechos de exportación, restricciones en los permisos de embarque, aumento de costos en dólares y caída de precios internacionales", según el especialista de CREA.

La campaña que acaba de concluir, más allá del récord productivo, tampoco fue favorable. Tomando como base un campo del sur de Santa Fe, el costo mínimo para no perder entre el ciclo 13/14 y el 14/15 creció un 19% en el caso de la soja, mientras que en el maíz se incrementó 34 por ciento.

Al no corregir ahora esa situación, el Gobierno le impide a la administración que asuma en diciembre próximo contar con un colchón de dólares imprescindible para estabilizar la macroeconomía en el primer año de mandato. Otro desperdicio en marcha.

Resumen

93,8%

Siembra de trigo

Ese porcentaje alcanzó el área sembrada prevista con el cereal según la Bolsa de Cereales.

La frase

Alejandro "Topo" Rodríguez

Ministro de Asuntos Agrarios

"Nadie va a apartarnos del diálogo con los productores"

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