Lo que el campo puede dar

Cristian Mira
Cristian Mira LA NACION
El campo puede dar más con mejores condiciones
El campo puede dar más con mejores condiciones Crédito: Archivo
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29 de diciembre de 2018  • 02:50

Dar vuelta rápidamente la página del almanaque de 2018 ofrece la oportunidad de plantear la pregunta de cuánto más podría dar el campo si hubiera un mínimo de previsibilidad y condiciones estables . No se trata de un lamento, sino de una mirada optimista hacia un futuro posible.

La sequía de la campaña 2017/18 que, como mínimo, tuvo una merma de casi 30 millones de toneladas de granos entre soja y maíz y pérdidas por ingresos de divisas por unos 8000 millones de dólares podría haber tenido un impacto menor en la economía y en el interior de las empresas agropecuarias con un sistema de seguros que mitigara ese golpe climático. Podrían discutirse las mejores fórmulas: si seguro multirriesgo o coberturas con índices, aprovechando las herramientas que ofrece la tecnología, u otras. Pero lo que no convendría hacer es dejar las cosas como están frente al cambio climático y a la mayor variabilidad del tiempo.

Sin los derechos de exportación que, por la crisis cambiaria, se reimplantaron en septiembre pasado para los cereales y se aumentaron para el complejo oleaginoso habría más recursos liberados para gastar en protección de cultivos, fertilizantes o maquinaria agrícola. ¿La consecuencia? Mayores rendimientos unitarios, más producción global y un aumento de ingresos por divisas de exportaciones.

Con una definición clara del marco regulatorio sobre semillas -sin abusos de posición dominante ni desprotección a quien aportó investigación y desarrollo- podría haber más obtentores locales e incorporación de materiales que ya utilizan otros países. ¿La consecuencia? Más valor agregado. Se dio un puntapié inicial en el Congreso sobre el tema en 2018, pero todavía es muy lento.

Con un Estado que, en todos sus niveles -municipal, provincial y nacional- no se exceda en los gastos y asigne sus recursos adecuadamente la infraestructura de caminos y transporte podría tener más eficiencia. Por ejemplo, los aumentos desproporcionados de las tasas viales en los municipios bonaerenses previstos para 2019 y la falta de mantenimiento de la mayoría de los caminos rurales no hacen otra cosa que afectar el arraigo.

¿Cuántos productores y trabajadores rurales se quedarían a vivir en el campo si supieran que aunque caigan más de 80 milímetros en un día podrían entrar y salir de sus casas? La consecuencia de tener un mínimo de infraestructura básica en los lugares donde se trabaja sería la de descentralizar las ciudades.

Con tasas de interés y acceso al financiamiento en condiciones similares a las de Brasil, Paraguay o Uruguay, por ejemplo, habría mayores incentivos a invertir en agroindustria. Aun con una política comercial cerrada -con pocos tratados de libre comercio-, el Gobierno impulsa la apertura de mercados externos que permitirán colocar la oferta exportable argentina. Este año se logró la reapertura de Estados Unidos para la carne vacuna y el ingreso a China de carne enfriada, arándanos y cerezas, por ejemplo. Hubo muchos más destinos y productos abiertos, pero ¿qué ocurriría si la economía tuviera tasas de interés normales y no del 60% como alcanzaron este año para frenar la estampida del dólar? Como mínimo, habría más dinero disponible destinado a proyectos productivos de exportación de empresas locales en vez de quedarse solo en el circuito financiero.

Con una política agropecuaria de mediano plazo -como la que tiene Estados Unidos que hace unos días renovó el Farm Bill por cinco años- no habría sorpresas como la eliminación del diferencial arancelario entre el poroto, la harina y el aceite de soja que se decidió este año. Es cierto que tiene poco sustento sostener la competitividad de una industria con un impuesto distorsivo como las retenciones, pero tampoco parece ser la mejor receta quitar de un plumazo ese factor que atrajo a empresas a desarrollar sus proyectos. En todo caso si esa protección fuera necesaria debería ser parte de una política económica transparente.

Hay más sectores o temas en los cuales se podría preguntar cuánto más podría dar el campo si las condiciones fueran diferentes. El año que se inicia el miércoles próximo ofrece la oportunidad de lograr esas respuestas.

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