Los 100 millones de toneladas, al alcance de la mano

Por Roberto R. Casas Para LA NACION
(0)
24 de mayo de 2003  

En los últimos meses ha cobrado fuerza un nuevo objetivo para la agricultura argentina: alcanzar los 100 millones de toneladas de producción de granos. Esta meta, si bien ambiciosa, seguramente será alcanzada en el transcurso de la próxima década, teniendo en cuenta que continúa siendo muy grande la brecha existente entre los rendimientos medios actuales por hectárea y los rendimientos medios potenciales, los que podrían alcanzarse aplicando las tecnologías modernas. El cumplimiento de este objetivo contribuirá a dinamizar la economía nacional y a mejorar la competitividad de las empresas agropecuarias.

A los efectos de que el crecimiento de la producción pueda concretarse en forma sostenida en el plazo previsto, se efectuarán algunas reflexiones sobre aspectos ambientales que deberían tomarse en cuenta durante este proceso como contribución a una mejor planificación de aquél.

Debemos ser conscientes de que se ha llegado al límite de utilización agrícola de tierras situadas en agroecosistemas frágiles. Desde principios de la década del 70 las mayores precipitaciones y el desplazamiento de las isoyetas hacia el Oeste provocaron el desmonte de los bosques de caldén en la provincia de La Pampa sobre suelos de alta susceptibilidad a la erosión eólica. En la provincia de Entre Ríos, la frontera avanzó sobre los bosques de ñandubay, en suelos susceptibles a la erosión hídrica.

Fuerte impacto

El proceso de agriculturización de la región pampeana también impactó fuertemente sobre regiones extrapampeanas. Bajo el estímulo del ciclo húmedo imperante y el menor valor de la tierra, comenzó un importante proceso de expansión de la frontera agropecuaria en la región chaqueña que culminó con la difusión del cultivo de soja en Santiago del Estero, Chaco, Salta y Tucumán sobre tierras con elevada tasa de mineralización de la materia orgánica, susceptibilidad a erosión hídrica y eólica sujetas a considerables riesgos climáticos para la producción. Cuando se hace tala rasa del bosque nativo sobre millones de hectáreas se incrementan los procesos de escurrimiento del agua pluvial y disminuyen los "tiempos de concentración", con lo que el agua llega mucho más rápido desde las partes altas de las cuencas hacia los sectores bajos. Aquí es donde se producen los mayores daños.

El panorama descripto debería conducirnos a lograr un incremento vertical de la producción basado principalmente en los suelos de mejor calidad y aptitud para la producción de granos, desarrollando sistemas productivos menos intensivos (agrosilvopastoriles, forestales, mixtos, etcétera) en los ambientes más frágiles.

Para los suelos de mejor calidad, cuyo máximo exponente lo constituyen los de la región pampeana, se pueden efectuar algunas consideraciones sobre la sustentabilidad de los sistemas de producción actuales.

El cultivo de soja ha crecido de manera extraordinaria en la última década debido a razones tecnológicas y a sus efectos positivos sobre la competitividad de las empresas. Existe actualmente en algunas regiones la tendencia a la monocultura sojera basada en resultados favorables cortoplacistas que son innegables. Sin embargo, si se analiza el "sistema de producción" en el mediano plazo, es indudable que la monocultura no es recomendable ni desde el punto de vista económico ni desde el ambiental. La monocultura sojera entraña riesgos no solamente por la reducción de la "biodiversidad" sobre millones de hectáreas, sino por la escasa cobertura y durabilidad del rastrojo, aspectos básicos es un sistema de siembra directa.

El crecimiento vertical de la producción se debe basar en rotaciones que incluyan, además de la soja, cultivos tales como el trigo, maíz o el sorgo, que permiten mantener un balance positivo de la materia orgánica del suelo, aspecto de fundamental importancia para la sustentabilidad del sistema productivo.

Imprescindible

El ciclo de los nutrientes para la rotación de cultivos deberá ser más "cerrado" que en la actualidad, apuntando a que cada cultivo capture la mayor cantidad de nutrientes adicionados mediante la fertilización balanceada, la cual es imprescindible para aumentar la productividad a los niveles deseados. Mejorando los métodos de diagnóstico, las técnicas y los momentos de aplicación se podrán minimizar las pérdidas de nutrientes por volatilización, lixiviación y erosión. El desarrollo de la agricultura de precisión permitirá ajustar las dosis de nutrientes y agroquímicos a las necesidades de los cultivos, evitando así efectos ambientales negativos.

Un comentario final para quienes tienen la responsabilidad del ordenamiento del territorio, la planificación del uso del suelo y la ejecución de políticas. Este se relaciona con la necesidad de que el esfuerzo productivo para alcanzar los 100 millones de toneladas contribuya a mejorar la sustentabilidad social de las explotaciones agropecuarias revirtiendo la tendencia actual de nuestro campo que, en pos de una mal entendida agricultura empresarial, nos está conduciendo a una "agricultura sin agricultores".

Los 100 millones de toneladas están al alcance de la mano, existiendo las herramientas tecnológicas, los recursos y las capacidades necesarias para lograrlo. Centremos nuestra atención en los aspectos productivos sin descuidar los ambientales, y muy especialmente los relacionados con el cuidado del suelo. Inexorablemente, el ambiente tarde o temprano "pasa por ventanilla" a cobrar lo que le corresponde por las agresiones recibidas, los errores cometidos o la desidia en la que incurrimos.

El autor es director del Instituto de Suelos del INTA Castelar.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.