No es imposible crecer en medio de la crisis

Es el caso de Raúl Beltramino, tambero de Rafaela
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25 de agosto de 2001  

Cuando en 1984 quedó al frente de las 268 hectáreas que explotaba su padre, Raúl Beltramino, productor del CREA Rafaela (zona Santa Fe Centro), organizó su empresa sobre la base de tres objetivos: crecer, fomentar las asociaciones y capacitarse para afrontar los obstáculos.

Hoy, después de 17 años de llevar las riendas de su explotación, Beltramino trabaja 1360 hectáreas; posee un patrimonio neto de 800.000 pesos; produce, en tres tambos propios, 3,5 millones de litros de leche -con los otros dos establecimientos que tiene en sociedad llega a los 4,5 millones de litros-; bajó, entre 1994 y 2000, del 50% al 15% su nivel de endeudamiento, y crece a una tasa del 8% anual.

Sus tambos representan el 80% de las actividades de la empresa, la agricultura el 17,16% y la recría, el 2,84 por ciento.

Ahora, Beltramino quiere consolidar la empresa, lograr mayor eficiencia en cada actividad -por ejemplo, produce entre 220 y 225 kilos de grasa por hectárea, pero pretende llegar a los 300-, manejar un endeudamiento no superior al 6% del capital y seguir apostando a las asociaciones de las que ya forma parte.

Los primeros pasos

La historia se inició en 1982. Ese año, Beltramino comenzó a trabajar en la explotación de su padre, que había sufrido, entre 1979 y 1982, el acoso de varias inundaciones y la consiguiente pérdida de ingresos.

Dos años después, su padre hizo un acuerdo familiar y lo ubicó como conductor de la empresa. De esta manera, el productor empezó con dos tambos: uno propio y otro al 50% con un familiar.

En 1985, incorporó un veterinario y empezó a llevar registros, que revelaron que tenía 52 vacas en ordeño, con un promedio de 11 litros por animal, y que la producción diaria ascendía a los 575 litros. Al poco tiempo, también incorporó la inseminación artificial.

"Los siguientes años fueron muy duros, con altos niveles de endeudamiento. No obstante, siempre fui optimista e invertí en lo que me iba hacer crecer", dijo durante una jornada organizada en Sunchales por la zona Santa Fe Centro y en una reunión en San Justo.

Una vez que Beltramino se propuso crecer, el despegue de la empresa no demoró. Sin embargo, continuó luchando para superar cualquier problema que afectara la naturaleza económica-productiva de su explotación. Por ejemplo, cuando en 1989 fracasó en su primer lote de siembra directa de trigo sobre soja, apeló a la capacitación mediante cursos, revistas y reuniones con otros productores. Pero su afán de perfeccionarse también estuvo sustentado en otras herramientas: en 1991 se lanzó, mediante programas de computación, al seguimiento del control lechero y reproductivo de los animales de su empresa.

En ese año también compró equipos de comunicación que le permiten estar conectado con sus empleados, y en 1992 hizo su primer silo de sorgo forrajero y empezó a implantar avena y moha mediante el sistema de la siembra directa.

Al año siguiente, comenzó a realizar análisis de gestión económica de su empresa y a desarrollar presupuestos financieros, después de que el grupo Gaico que integraba incorporó un asesor con formación CREA para analizar los números de las explotaciones. "Mi esposa, que ya se había sumado a la parte administrativa, se dedicó a llevar adelante todos estos instrumentos", remarcó.

"En 1998, recibí a un socio de menor escala. Y esto fue positivo porque, además de lograr una mayor superficie, me permitió tener personas de confianza. De esta manera, dividimos las responsabilidades y cada uno realiza un mejor control de las actividades", manifestó.

"Además, en 1999 tomé personal capacitado en mecánica y compre una cosechadora. Así, el parque de maquinarias siempre podía estar listo para ser utilizado en el momento apropiado", dijo.

Expansión y asociaciones

En 1989 compró cinco equipos de labranza; construyó el primer tambo espina pescado; incorporó un mixer para suplementar a las vacas lecheras; adquirió una quebradora y embutidora de grano húmedo y una cosechadora.

El productor siempre fue un convencido de que las asociaciones sirven para motorizar el crecimiento.

Por eso, en 1986 ingresó en una asociación que compró una enrolladora y en 1992 se unió a una agrupación de labranza pesada y tomó el 50% de un tambo. Dos años después, entró en otra que tenía un equipo de picado de forrajes. En 1996 constituyó, con nueve socios, Comercial Eusebia SRL, una firma de acopio de cereales y venta de insumos agropecuarios, y en 1998 incorporó un socio a su empresa y otro tambo al 50%. Desde el último año, participa en una sociedad de transporte general de cargas.

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