No hay liberalización del comercio sin cooperación

Los países ricos deberían adoptar actitudes más responsables
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28 de octubre de 2000  

Desde que empezó la crisis en Asia, los países de la OECD han aumentado el apoyo a su agricultura en un 9,95 por ciento. De cada 100 dólares ganados por uno de sus productores, $ 40 son subsidios. En 1999, esos países batieron el récord del apoyo otorgado a sus productores: 361.000 millones de dólares.

¿Qué consecuencias tiene esto para los países que viajan en "segunda clase"?

En los países en desarrollo el capital es el factor relativamente más escaso y su consecuencia más evidente es la sobrevaloración de los problemas de corto plazo.

Los acuerdos de liberalización comercial pueden ser vistos como una apuesta correcta por el mediano y largo plazo. Sus ventajas llegan con la expansión de los sectores con mayores ventajas comparativas. Pero como esto depende de un proceso de inversión y aprendizaje, en el corto plazo tienden a notarse más los costos del ajuste.

La liberalización comercial promovida por la Organización Mundial de Comercio (OMC) tiene varias ventajas. Por una parte sirve para aumentar la previsibilidad de las políticas públicas, disminuyendo consecuentemente el riesgo privado. Por la otra, permite "racionalizar" ciertas regulaciones internas que frecuentemente esconden transferencias de rentas públicas en favor de grupos de interés locales.

Más importante aún, un proceso de liberalización comercial favorece una mejor asignación de los recursos económicos y en consecuencia favorece el desarrollo de las actividades con mayores ventajas comparativas.

Amortiguar

Ahora bien, esto quiere decir que la economía gana eficiencia, pero hay sectores que crecen y otros que se ajustan. Llevar esto a la práctica requiere que los gobiernos puedan amortiguar las consecuencias sociales del ajuste de esos sectores. Para que sea posible, es necesario que los sectores con mayores ventajas comparativas, entre los que sin duda se encuentra nuestro agro, puedan expandirse y lograr economías de escala.

Estas condiciones son complementarias y paralelas, al menos para los países que aspiran a vivir en democracia. Sin una expansión de los sectores con mayores ventajas comparativas no hay recursos para amortiguar los costos sociales del ajuste. A su vez, si nuestros gobiernos no pueden absorber parte de estos costos, no se logra la estabilidad social y política necesaria para que se hagan inversiones en los sectores con mayores ventajas comparativas.

Toda la ganancia

La posibilidad de lograr economías de escala en los sectores con mayores ventajas comparativas depende de varios factores endógenos, pero requiere de la cooperación de nuestros principales socios comerciales.

La eliminación de las barreras comerciales es como un juego en el cual el mejor escenario es que los socios cooperen. Sin embargo, si un socio coopera, mientras que otro decide no hacerlo, este último podría llevarse toda la ganancia.

La realidad que enfrentamos se parece a este último escenario. En efecto, en los sectores donde tenemos las mayores ventajas comparativas, nuestros principales socios comerciales parecen haber decidido "jugar la carta egoísta".

Un trabajo del Banco Mundial recientemente presentado en la OMC destaca que el promedio arancelario que enfrentan las manufacturas que los países en desarrollo exportan a los mercados de los países desarrollados es cuatro veces superior al promedio arancelario que enfrentan las manufacturas que se exportan entre países desarrollados. A su vez, en el comercio agropecuario hemos visto un sistemático e irresponsable aumento en el uso de los subsidios. A partir de 1997 la crisis desatada en Asia hizo que cayera la demanda de los principales productos básicos. Una caída en la demanda genera una caída en los precios, y si ésta es luego seguida por una reducción de la oferta, se obtiene un nuevo precio de equilibrio. Este es un ciclo "normal", pero lamentablemente no fue lo que sucedió.

Cuando los precios de los commodities cayeron como consecuencia de la crisis, la Unión Europea y los Estados Unidos, en lugar de reducir su producción, aumentaron los subsidios. Esto generó aún mayores excedentes, que fueron luego volcados, a precio subsidiado, en un mercado internacional saturado. El resultado fue aumentar la perversidad del ciclo descendente de los precios y agravar la crisis de balanza de pagos de los países en desarrollo.

Esto no es solo teoría. En la Argentina, por ejemplo, si los precios de nuestras exportaciones agrícolas de 1999 hubieran sido equivalentes a los precios de los años 1990/1994, hubieran entrado 1400 millones de dólares adicionales.

¿Cuánto de esta pérdida se debe a la política de subsidio de los principales socios de este sistema? Es difícil saberlo, pero la OCDE ha estimado algunos de los efectos que tendría la eliminación de ciertos subsidios. Por ejemplo, si la Unión Europea no subsidiara a sus exportaciones de trigo, la tonelada valdría hoy un 4 por ciento más.

Si no subsidiara sus exportaciones de maíz, la tonelada valdría un 9 por ciento más. A su vez, si los Estados Unidos. no hubiesen aumentado el uso de los subsidios domésticos, hoy la soja valdría entre 6 y 7 por ciento más.

Estas estimaciones se limitan a especular sobre los precios de dos o tres productos, pero evidentemente el empuje hacia la baja de estos commodities tiene también consecuencias sobre los precios de los productos sustitutivos.

Pago doble

Probablemente el colmo de la irresponsabilidad fue el uso, precisamente en 1997 y 1998, de "saldos" de subsidios a la exportación acumulados, es decir no usados, durante los años 1995 y 1996. Por ejemplo, en materia de azúcar, la UE superó, en 1997 y también en 1998, los límites anuales, tanto en desembolso presupuestario como en volumen.

Curiosamente, estos mismos países, preocupados por el avance de la crisis, se apresuraron a socorrer con fondos frescos las instituciones de crédito internacionales. En pocas palabras, el contribuyente europeo y norteamericano tuvo que pagar dos veces.

Primero pagó los subsidios que aumentaron nuestros problemas de balanza de pagos y después pagó por los créditos que nos ayudaron a contener la crisis.

En síntesis, para que los países en desarrollo puedan absorber los costos del ajuste que trae la apertura comercial se necesita de la cooperación de los principales países desarrollados.

El autor es funcionario del Servicio Exterior argentino. Sus opiniones son personales .

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