Oportunidades que ofrece China para la economía argentina

Por el tamaño de su mercado es un nicho para colocar excedentes de producción
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15 de diciembre de 2001  

Durante siglos China lideró el concierto mundial de las naciones, destacándose especialmente por sus logros en el campo de las artes y las ciencias. Tras un retroceso que arrancó a comienzos del siglo XX y que se extendió hasta fines de la década del setenta, esta nación emprendió una vigorosa recuperación, teniendo hoy un producto bruto interno (PBI) cuya magnitud equivale al conjunto de los países del Mercosur.

Ahora, con el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC), se abre un nueva etapa para el comercio mundial que no podría dejar de lado a este gigante.

Una tasa anual promedio del 9% para el período 1991-1998 convierte a China en uno de los países con niveles de crecimiento más elevados y sostenidos en el mundo. Este desempeño es doblemente meritorio si se tiene en consideración que se halla inmersa en un profundo proceso de transición, tratando de evolucionar desde un sistema socialista hacia una economía mixta, con mayor gravitación del mercado.

Lejos de ser la excepción que justifica la regla, la evolución de la agricultura china durante las dos últimas décadas reafirma el éxito incuestionable de las reformas emprendidas, lo que ha permitido alcanzar el objetivo de la autosuficiencia alimentaria, permitiendo así satisfacer prácticamente la totalidad (98%) de los requerimientos de una población en vertiginoso crecimiento.

Esa población, hoy estimada en casi 1300 millones de habitantes, se incrementa a razón de unos 10 millones todos los años, es decir una magnitud comparable al conurbano bonaerense. Aun cuando el territorio tiene una extensión que es tres veces superior a la nuestra, su superficie agrícola está muy acotada por la proporción ocupada por zonas montañosas y desérticas. Esto hace que los 900 millones de chinos concentrados en el área rural cuenten con una superficie promedio de apenas 0,5 hectárea por unidad productiva.

Mientras que durante el período previo a las reformas (1970-1978) -que se extendió hasta el fin del comunismo de Mao- la tasa de crecimiento anual del sector agropecuario fue de apenas un 2,3%, en el período posterior (1979-2000) ascendió a casi un 7 por ciento.

Sin desmerecer la importancia de los cambios emprendidos orientados a la descentralización y "decolectivización" de las unidades productivas. En materia de precios y mercados, la clave del vigoroso crecimiento se centra en el firme respaldo dado desde el gobierno a la política de ciencia y tecnología. De acuerdo con la información disponible, la inversión anual en investigación agropecuaria rondaría los 3000 millones de dólares.

Aceptando que el tamaño de la economía china oscilaría alrededor del billón de dólares, esto significa que se destinaría a investigación agropecuaria el 3% del PBI, un porcentaje comparable con el de los países desarrollados. Y muy por encima de la Argentina, que apenas dedica el equivalente al 0,4% del PBI, cifra que constituye una de las "intensidades de inversión" más bajas del continente (Chile, México, Brasil y Uruguay invierten cerca del 1 por ciento).

A las inversiones en investigación hay que agregar los gastos en extensión, que superan los 2000 millones anuales. Solamente el programa nacional de biotecnología prevé un desembolso de 400 millones en recursos operativos para los próximos cinco años.

Socios estratégicos

China debe ser vista como uno de los principales aliados estratégicos para la Argentina en el nivel mundial por dos razones fundamentales. Por un lado, las mayores demandas del mercado chino generan incuestionablemente un nicho de oportunidades para la colocación de nuestros productos. Al incremento de las exportaciones generado durante los noventa, es posible dar un nuevo salto en las ventas, colocándose en un piso no inferior a 1200 millones anuales, para lo cual es preciso desarrollar una agresiva estrategia público-privada.

Al mismo tiempo China y la Argentina deben ser socios en el área del desarrollo tecnológico agropecuario. En el caso específico del INTA, y como resultado del intercambio de misiones técnico-científicas realizadas este año, han comenzado a ejecutarse 26 proyectos de cooperación, en sociedad con el Buró Estatal Chino. Algunas áreas como las semillas., vacunas y alimentos asoman como altamente promisorias.

El autor es vicepresidente del INTA.

Una alternativa subterránea

¿Podrá el gobierno chino seguir produciendo suficientes alimentos para una población en constante crecimiento? Uno de los principales limitantes se centra en la cuestión ambiental, en donde algunos analistas anticipan que la creciente presión sobre la base de recursos naturales impondrá daños irreversibles sobre muy frágil equilibrio ecológico. La abrupta reducción en la oferta de agua que se estaría produciendo, sería a todas luces insuficiente para abastecer una agricultura irrigada, que en la actualidad beneficia a las dos terceras partes de la superficie sembrada. Según estudios de la FAO, de los 50.000 kilómetros de ríos principales de China un 80% estaría seriamente contaminados. Esto marca una disminución de los acuíferos más importantes.

La otra duda que subyace en los medios especializados es qué pasará con China luego de su reciente incorporación a la OMC, dado que entre los requisitos es que los aranceles de importación de productos agrícolas deben caer del 22 al 17,5 por ciento.

Proyecciones efectuadas para los próximos años anticipan un retroceso en los actuales niveles de autosuficiencia pasando de casi el 100% se reduciría al 88 por ciento. En términos absolutos, esto podría representar un aumento en las importaciones anuales de granos y oleaginosas que se situaría en una banda que oscilaría entre 20 y 35 millones de toneladas.

La única alternativa para reducir esta brecha, sería importando alimentos de países más eficientes en su producción o intensificando las enormes inversiones en ciencia y tecnología que el estado chino ya comenzó a realizar.

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