Retenciones: otra plaga que ataca a la soja

La soja, ahora con 33% de retenciones
La soja, ahora con 33% de retenciones
Pablo Adreani
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7 de marzo de 2020  

Nada nuevo bajo el sol, necesito plata, meto la mano en el bolsillo de los productores, sin discriminar a quién perjudico, cómo y dónde. Dentro de la píldora ácida del aumento de 3 puntos en las retenciones a la soja, que por su daño bien podría asemejarse a una plaga que ataca el cultivo, hay que reconocer la buena medida que implica haber bajado las retenciones al maní, el maíz pisingallo y el maíz flint, por citar algunos productos beneficiados. A mi juicio, las retenciones de los productos de las economías regionales deberían ser cero.

El Gobierno muestra su hilacha ideológica y no se da cuenta que bajando a cero las retenciones a los productos regionales todos orientados al mercado de exportación es mayor el beneficio directo e indirecto que haber bajado mezquinamente algunos puntos. Está demostrado que sin retenciones dichos sectores pueden generar más inversiones y más ingreso de divisas por exportaciones.

En términos conceptuales, no es estratégico para un país agroindustrial castigar a todos los productos exportables que forman parte del sector. No lo fue cuando se castigó la generación de valor agregado en el complejo soja cuando el gobierno anterior eliminó el diferencial arancelario, hecho que podría haber sido corregido por el actual Gobierno aprovechando este cambio arancelario.

Veamos algunas cifras, nuestro país es el primer exportador mundial de porotos, de maní, de maíz pisingallo, de maíz flint y de aceite y harina de soja. Y podemos seguir con la pera, la manzana, el te. Nuestros competidores tienen la foto de nuestro presidente arriba de su mesa de negocios, es el principal factor extra mercado que les permite competir con nuestro país en el mercado mundial.

Volviendo a la soja, el tema no son los 3 puntos, sino el hecho de que muchas zonas del país con el 30% de retenciones y a los precios actuales ya arrojaban márgenes netos negativos. Con esto adicional pasan a perder más y ese es el nudo gordiano del problema. Y todo arranca en el origen de las retenciones, las mismas se aplican sobre el valor FOB de exportación y recorta el precio del producto en el primer escalón del análisis del negocio. Cuando se descuenta el costo de producción, de comercialización y los fletes, un productor ubicado a más de 800 km del puerto o con un rendimiento de soja que no llega al 50% de los rindes que se cosechan en la zona núcleo, entra en rojo, con márgenes netos negativos.

Solo un aumento mágico en el precio de la soja, de por lo menos US$30 por tonelada, puede llegar a compensar dicha perdida, pero no se puede aplicar política agropecuaria pensando en la lámpara de Aladino.

En concreto, un productor de 50 hectáreas, otro de 500 y otro de 1000, si tiene su campo ubicado en Las Lajitas, Salta, tendrá el mismo margen neto negativo. La diferencia es que el productor de 1000 hectáreas pierde 20 veces más que un productor de 20 hectáreas. Como vemos la rentabilidad del cultivo de soja no depende de su escala, depende de dónde está ubicado el campo, de la distancia al puerto y de cuándo rinde su campo.

Un productor de Venado Tuerto, con 5000 kilos por hectárea de rinde y con una distancia al puerto de 170 kilómetros, no sufrirá el aumento del 3% en las retenciones como lo va a sufrir un productor del NOA o el NEA. Por ese motivo, la segmentación y las compensaciones no tienen sentido, ni el efecto que el Gobierno pregona.

El autor es fundador de GuruMarket

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