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Por falta de fondos, peligra el plan contra el picudo

El Senasa podría interrumpir el combate contra esta plaga que ataca al algodón; además, muchos empleados del programa no cobran desde hace seis meses
Fernando Bertello
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25 de marzo de 2000  

El Programa Nacional de Prevención y Erradicación del Picudo Algodonero -una plaga que ataca la producción de este cultivo- podría dejar de funcionar debido a que el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) no tiene recursos para financiarlo, y un alto porcentaje de los 200 empleados encargados de capturar este insecto no recibe, desde hace seis meses, el pago de su sueldo.

Las autoridades de la Fundación para la Lucha contra el Picudo Algodonero (Fulcpa) denunciaron, en una entrevista con La Nación , que el crítico estado financiero del programa de prevención conspira contra cualquier intención de mantener esa plaga bajo control y evitar que emigre masivamente desde el departamento paraguayo de Ñeembcú, una región muy afectada por este insecto.

"Si llegara a ocupar toda la superficie del Chaco, en esta provincia, la producción de algodón, que actualmente oscila las 200.000 toneladas, podría caer a un 10 por ciento del total", advirtió Jorge Almiroty, presidente de la Fundación.

Por su parte, una fuente del Senasa, que reconoció que "el tema del dinero está un poco trabado", aseguró que el problema financiero del plan se resolvería durante esta semana.

Aunque aún no existe un cálculo exacto sobre cuántos son los trabajadores que no cobran sus salarios por controlar las trampas que fueron instaladas para combatir el picudo, un informe interno de la Dirección de Sanidad Vegetal del Senasa -al que accedió La Nación - precisa que el organismo mantenía, hasta el 3 de febrero último, una deuda de 395.000 pesos con las provincias productoras de algodón.

Además, el estudio dice explícitamente que el programa de erradicación del picudo no podría continuar si no se produce un anticipo de fondos que garantice su normal funcionamiento.

Sin dinero para que la lucha contra este insecto sea contundente, y con la certeza de que el Senasa tampoco lo tendrá hasta mayo próximo, los directivos de la institución manifestaron que la producción de algodón está en peligro.

"Por culpa de una indiferencia criminal está en peligro no sólo la región algodonera, sino la estabilidad de 250.000 familias que viven de este cultivo", expresó, por su parte, Jorge Vartparonian, vicepresidente de la institución.

Los malos resultados en la recaudación del arancel que financia este programa, que el último año alcanzó los 769.016 pesos, y que para la actual campaña se ubicaría en 637.800, si la evasión no la precipita aún más, son los responsables, según Almiroty, de la difícil situación del plan.

De todos modos, en Fulcpa creen que, durante un año, 2.000.000 de pesos solucionarían los inconvenientes actuales.

Si bien en Formosa actualmente existe un foco de infección en unas 700 hectáreas, los directivos afirman que el principal problema está en Paraguay, ya que desde el departamento de Ñeembcú, a sólo 80 kilómetros de la frontera con la Argentina, se produciría un ingreso masivo de picudos.

En este sentido, Vartparonian subrayó que recientemente se descubrió una infestación de picudos al oeste de la localidad de Cerrito (Paraguay), y que los vientos predominantes, desde el Noreste hacia el Sudoeste, llevarían la plaga a Corrientes y el Chaco.

Peligrosa convivencia

"Todas las invasiones que tuvimos fueron por migraciones desde Paraguay. Lamentablemente, en ese país, donde la presencia de esta plaga es importante, no se lo combate sino que se convive con él", agregó Almiroty.

Para hacer una comparación respecto de los daños que este insecto ya ocasionó en otras regiones algodoneras, los casos de Brasil y Paraguay, que sufrieron, en la década del 90, una significativa caída en sus niveles de producción actúan como voz de alerta.

El primero de estos países registró en su cosecha un descenso de 800.000 a 400.000 toneladas y el exilio del área de siembra al Estado de Mato Grosso, la única región relativamente exenta de esta plaga; el segundo retrocedió de 400.000 a 70.000 toneladas.

Más allá de que los directivos de la entidad utilizan las estadísticas para medir el antes y el después del picudo en el algodón, y dicen que los empleados que cuidan las trampas no tienen salarios dignos, hay un tema que los productores no quieren olvidar: la probable caída de un programa que contribuye a que este insecto permanezca lejos de la Argentina.

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