Primero se devaluó, luego se pensó...

Relativizan beneficios para el campo
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26 de enero de 2002  

Y por ahí, si le hubieran hecho caso a Descartes, el filósofo francés, con eso de que primero pienso y luego todo lo demás, quizás esta situación angustiante se podría haber evitado.

Aquí se prefirió la fórmula, presionada por los funcionarios del Fondo Monetario Internacional (FMI) y con el sonoro ¡por fin devaluaron!, de Anne Krueger, la número dos del organismo, de devaluar primero y pensar en las consecuencias después.

Salió entonces un: ¡Devalúo, luego emparcho! El decidir a fuerza de prueba y error se hizo sistema.

La historia que siguió a la devaluación es conocida por todos. Comenzaron a conjugar nuevos tiempos verbales: pesificados por hoy, dolarizados mañana. El dólar oficial para esto pero no para aquello, sumado al billete dólar que no existe, pero se vende como dólar libre, y, por supuesto, el corralito de tamaños variables según las circulares del Banco Central, echaron por tierra todo vestigio de estabilidad que mal que le pese funcionó durante los últimos diez años.

La estabilidad

Hoy esa estabilidad, que permitió al campo duplicar la cosecha agrícola y la producción láctea, entre otras actividades, fue cambiada por la devaluación del peso.

Los manuales de economía dicen: el campo por ser un sector exportador es el principal beneficiario de las devaluaciones. Pero la pregunta que hoy muchos se hacen es: ¿gana el campo con "esta" devaluación?

Para Víctor Trucco, presidente de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), entidad embanderada con la mejora tecnológica de los productores, "los beneficios que puede traer la devaluación son fuegos artificiales. Antes que nada la Argentina necesita ser un país serio con reglas de juego claras y estables, que viva de acuerdo con sus posibilidades. No se puede producir y al mismo tiempo estar luchando contra la incertidumbre y los misterios que nos deparará el funcionario de turno".

Desde el área económica de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea) se insiste en que hoy no se pueden hacer números porque simplemente no hay precios de mercado ni de insumos. "No entendemos cómo algunos especialistas pueden estar sacando márgenes de las actividades cuando el panorama es totalmente incierto. Hoy por hoy no hay mercado de futuro, por lo tanto no se puede tomar precios", afirma el ingeniero Teodoro Zorraquín.

Sin financiamiento

Quizá la mejor respuesta a los beneficios de este "primero devalúo y luego pienso" sea lo que está ocurriendo en el corto plazo con la destrucción de la cadena de pagos y la desaparición del financiamiento, y en el mediano plazo con el problema de la deuda de los productores.

En cada ciudad del interior por los efectos del corralito y la crisis bancaria hay una montaña de cheques rechazados que provoca el cierre de cuentas. En los comercios se acabó el fiado y la entrega de varios insumos. El contado es ley y cualquier deuda pasada es motivo de discordia por la interpretación de si es en dólares o en pesos.

Esta asfixia financiera provoca que por estos días modelos exitosos y ordenados de producción se caigan a pedazos "porque no tengo ni el gasoil para cargar la chata". Así es como la inseminación artificial le deja paso al toro y "chau a la mejora genética de las vacas"; el trabajo de hoy será para mañana; el insecticida que ya no se encuentra dejará que los bichos sigan comiendo el cultivo y de esta manera lo que se construyó productivamente se comienza a destruir.

A esto no se le puede dejar de mencionar la situación que ha provocado la devaluación en las explotaciones endeudadas.

"Muchos tambos están al borde de la quiebra porque no resisten que el endeudamiento pase a estar en una moneda dura como el dólar y los ingresos permanezcan en una moneda sin respaldo con una fuerte devaluación instantánea", afirmó Carlos Brandes, tambero de Trenque Lauquen. Con las nuevas reglas monetarias, lo que está jaqueado por la deuda no es poco: 14 millones de hectáreas hipotecadas, el 50% de la superficie arable, 6000 millones de dólares en deuda bancaria y 3000 millones de deuda comercial.

En cuanto al futuro, la segura ausencia del crédito durante 2002 puede enfriar cualquier shock productivo promovido por la mejora cambiaria. Por ahora, en el campo los beneficios de la devaluación estarían todavía muy lejos de poder advertirse.

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