Problemas de calidad en la cosecha fina

Carlos Marín Moreno
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8 de diciembre de 2001  

"En el CREA Alberdi, en el noroeste de Buenos Aires, los trigos están completando su ciclo y muestran un aspecto no muy favorable por el desarrollo de enfermedades. Al revisar los cultivos se ve entre un 5 por ciento y un 10 por ciento de espigas con fusarium, pero hay casos extremos de hasta un 50 por ciento, sobre todo en variedades precoces sembradas temprano", afirma Gerardo Chiara, asesor del CREA.

Estas apreciaciones coinciden con los primeros resultados de la cosecha en zonas trigueras ubicadas más al Norte, donde se verifican grandes diferencias entre el rinde potencial y el obtenido como consecuencia de la acción de agentes criptogámicos.

Chiara afirma que el síntoma más conocido de la fusariosis es la espiga blanca y el grano chuzo, pero hay otros efectos perjudiciales menos visibles. El principal es el dañado del raquis de la espiguilla ubicada enfrente a una enferma. Esta última muestra un aspecto normal, pero produce granos más livianos por inconvenientes en el llenado.

"La baja calidad del trigo, junto con la crisis financiera, generarán una situación ventajosa para los compradores", apunta Chiara.

El técnico entiende que los productores que dispongan de instalaciones de almacenaje en el campo, quienes tomen la precaución de analizar muestras de su producción y los que acondicionen la mercadería en origen, tienen menos posibilidades de entrar en la situación de riesgo de malos precios que plantea el actual contexto.

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La contracara de este problema del trigo ha sido la posibilidad de reanudar las siembras de granos gruesos durante los últimos diez días gracias a la normalización de las condiciones climáticas.

"En el CREA Alberdi pudimos sembrar mucho menos maíz del que se había planeado originalmente por problemas de piso o inundaciones. Se implantó donde se pudo y se llegó a sembrar en algunos lotes que no estaban destinados al maíz", relata Chiara.

Luego hubo un largo intervalo hasta que se empezó a implantar la soja, que se sembró a los tirones hasta el 20 de noviembre, momento a partir del cual, gracias al espaciamiento de las lluvias, viento y días de sol se produjo un oreo que permitió avanzar vertiginosamente en la siembra de la oleaginosa. "El cambio de situación fue tan rápido que en algunas lomas hubo que parar las siembras a mediados de esta semana porque el perfil estaba demasiado seco", completa.

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Los productores del CREA enfrentan el interrogante sobre qué hacer con el maíz que se perdió. "De lo sembrado en fecha, en cada lote se perdió entre el 15% y el 30% por anegamiento al momento en que las plantas habían desarrollado 2/3 hojas. Entonces, en los potreros quedan lamparones sin plantas con la tierra completamente pelada, explicó Chiara.

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