Repuntan los alquileres de campos

A valor producto, las operaciones se ubican entre un 5 y un 10% por encima de las del año anterior
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3 de mayo de 2003  

Se registró un leve recalentamiento del nivel de los alquileres de campos para la siembra de granos.

En términos generales, según un amplio sondeo que realizó LA NACION, los valores de los alquileres de campos para la siembra de granos están siendo concretados a un 5-8-10 por ciento más elevados en valor producto (trigo o soja). Claro está, comparando esta campaña con la anterior.

Este moderado aumento obedece a una mayor presión de la demanda sobre la oferta, debido fundamentalmente a que el campo sigue siendo uno de los pocos sectores de la economía que resiste estoicamente los embates de la crisis económica general, que parece no terminar nunca.

Se han concretado valores de alquileres de 10-12-13 quintales de soja por hectárea y por año en la zona núcleo. En otras zonas ese porcentaje baja.

Eso sí, hubo alquileres mayores a estos niveles que llegaron a alcanzar los 15 o más quintales. La mayoría de los consultados concluyó que los que pagan esos valores son "aventureros o aves de paso" que muchas veces no miden los riesgos de una producción que inevitablemente sufre los riesgos de los avatares climáticos y de otro tipo. Y eso se paga.

Sin excesos desmedidos

"No validamos alquileres elevados que estén fuera del propósito central del negocio que es la rentabilidad con el cuidado de los suelos. Aunque el campo nos interese no pagamos excesos", comentó Oscar Alvarado, de El Tejar, empresa que prácticamente siembra toda la producción en campos de terceros.

Ricardo Bersini, productor y distribuidor de agroquímicos de Saladillo, Buenos Aires, reconoce negocios de alquiler por 8-10 quintales de trigo en esa zona, Roque Pérez y 25 de Mayo.

Por otra parte, para la siembra de soja se han concretado operaciones de 6,5 quintales en Roque Pérez; para trigo, 10,5-11 quintales en Tandil, y un valor fijo de 50 dólares la hectárea en La Paloma, Chaco.

Otros valores que se observaron fueron: 13 quintales de soja en Pergamino, 10 en Monte Buey y Corral de Bustos, sur de Córdoba; 8 en Montecristo, Pilar y Jesús María, Córdoba; en Totoral-Las Arrias, centro de Córdoba, se han pagado 7 quintales, y en Pampa de Pocho (lugar ubicado entre las provincias de San Luis y Córdoba) hubo alquileres de 4 quintales de soja por hectárea.

Muchos productores y algunos inversores del sector comercial urbano, profesional y de los servicios tienen algunos ahorros en sus manos o "debajo del colchón". Obviamente, quieren hacerles rendir frutos y participan en alguna medida en la búsqueda de campos para producir trigo, y muy especialmente la soja, cultivo que es posible observar en muchas y dispares zonas de las pampas argentinas.

El propietario de un campo mediano alquilado se encuentra con un monto de dinero que puede llegar de los 300.000 pesos al millón anuales, según las hectáreas alquiladas. Recibe ese monto normalmente en tres cuotas periódicas comenzando en mayo y finalizando en el mismo mes de 2004.

Con ese dinero puede vivir tranquilamente en el pueblo alejado de los vaivenes de las tormentas o de la sequía, o de si se tapona uno o varios conductos de la sembradora, o si la pulverizadora deja "chanchos", o de las pérdidas de las cosechadoras y de la angustia que provoca depositar algún cheque "a fecha futura" de los acopiadores.

Todos esos problemas ya no los tiene. Pero normalmente los propietarios de tierras que alquilan sus campos se alejan de la producción, del ajetreo diario, de los contactos con los proveedores, del olor a tierra mojada y del barro. En suma, toman una distancia efectiva del negocio del campo. ¿Se preguntarán acaso si el alquiler de un campo resulta el primer paso que encamina hacia la venta de aquél?

"Los dueños de los campos quieren primero asegurarse el cobro de los alquileres con gente de prestigio y que cumple con los pactos acordados. Luego se preguntan ¿qué hago con el dinero? Algunos compran un departamento, otros realizan algunas mejoras en sus casas, entre otras inversiones", comentó José Borleto, productor de la zona centro de Córdoba.

En los casos de los alquileres de campos hay dos cuestiones que cada vez son más tenidas en cuenta: 1) cuáles cultivos se van a implantar en los campos que se alquilan y si se va o no a seguir con rotaciones que cuiden con las condiciones físicas y químicas de los suelos, y 2) la duración del contrato del alquiler.

"Si el arreglo es por un año y se hace soja con sistemas convencionales, no hay que esperar cuidados escrupulosos de los suelos. Ahora bien, si los contratos son más largos, esto es, 3, 5 o más años, y se incluyen rotaciones trigo-soja de segunda, maíz y luego soja de primera, en siembra directa, se puede pensar en trabajos más serios pensando en el mediano plazo", comentó Alberto Marchionni, de Hughes, Santa Fe.

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