Santuario de la naturaleza

El lugar sirvió para comparar tierras vírgenes con suelos labrados y con los que se practica siembra directa
(0)
28 de octubre de 2000  

CARLOS CASARES. - Casi con reverencia, hasta con respeto, uno podía caminar por El Santuario. Son unas 60 hectáreas que jamás fueron tocadas por ser humano alguno, desde la creación del globo terráqueo hasta nuestros días. Está intacto, original y prístino.

A cada paso se podía oler y observar la fina estructura del suelo que alberga especies vegetales nativas, especialmente gramíneas.

Eso por fuera. Si uno escarbaba un poco en las entrañas del suelo, podía observar hongos y microorganismos específicos diferentes de los de las tierras cultivadas, tales como algunos ácaros y ciertas hifas fúngicas.

En rigor se trató de uno de los lotes más visitados por los asistentes a la reunión Un productor en acción, en la estancia La Corona, organizada por la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid).

El Santuario fue pensado por John Campbell, hace 125 años, uno de los pioneros por estas tierras. Quería contar con un lote virginal a través del tiempo y, por cierto, las sucesivas generaciones respetaron su mandato.

En el siglo XIX el embrollo central pasaba por la convivencia con los indios y la cruenta lucha con los malones. Eso fue hace mucho tiempo, pero no el suficiente como para pasarlo totalmente al olvido.

Hoy en La Corona, que es administrada por Alistair Henderson (bisnieto de Campbell), el desafío se centra en la consolidación de un sistema productivo y agronómico moderno y en consonancia con las amenazas y oportunidades de nuestra época.

Para pensar

Los suelos productivos típicos de esta zona son frágiles, casi como cristales de buena calidad. Con una enorme mayoría de partículas medianas, muchas gruesas y con estructuras algo débiles, representan fielmente a la comarca conocida como el "oeste bonaerense".

No hace falta mucha lucidez para darse cuenta de que con una ventolina, o tal vez con una pertinaz lluvia (por aquí caen unos 800 milímetros por año en promedio), se ponga en juego la estabilidad de los mismos. En otras palabras, los riesgos de erosión eólica e hídrica son altos. Sobre todo si se utilizaran métodos de trabajo convencionales. Aunque no es el caso de este establecimiento, ya que trabaja desde hace mucho en siembra directa permanente.

El Santuario resultó el lugar ideal para reflexionar sobre las características comparativas con lotes que venía con antecedentes agrícolas o con un historial ganadero. Y sobre todo, en lo referente a un sistema de producción en siembra directa y otro en convencional.

Veamos algunas de las conclusiones que se plantearon:

  • Desde el punto de vista agronómico y productivo, la dinámica de los nutrientes es mejor en un sistema de siembra directa que en El Santuario. El aporte que representa los 5-6 y hasta 10 toneladas de residuos de cosecha cada año permiten lograr rendimientos con sustento económico con el correr del tiempo. Esto ya marca una diferencia.
  • Los actuales niveles de materia orgánica (8-10 por ciento), contenido de fósforo (58 partes por millón) y otros macronutrientes (3000 partes de calcio) y micronutrientes (270 partes de magnesio) son relativamente altos en el lote virginal. Para llegar a estos niveles son necesarios muchos años de prácticas con siembra directa.
  • En cambio, sería impensable lograr buenos valores de calidad física y química de suelos con sistemas de labranza tradicionales.
  • La combustión de la materia orgánica y el desagregado de las partículas de suelo provocados por arados y rejas ocasiona resultados notoriamente diferentes de los que se observan en El Santuario, o en los lotes con siembra directa permanente.

    Tribuna

    Los organizadores ya preveían una fluida asistencia de gente en El Santuario, así es como instalaron una tribuna de madera para albergar a cientos de personas que escucharon a un orador, en esta ocasión Rodolfo Gil, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Castelar y profesor de suelos del Instituto de Capacitación de Aapresid.

    Uno de los comentarios que se originó durante la jornada fue que en lotes de siembra directa (tanto los dedicados a la agricultura como a la ganadería) la cantidad de lombrices observada por metro cuadrado era mayor que en El Santuario.

    Tanto la porosidad de los lotes trabajados en siembra directa como las relaciones entre compuestos relacionados con el carbono y el nitrógeno facilitan la vida de las lombrices.

    Doble beneficio

    La acción de estos animalitos tiene un doble beneficio para los suelos: por un lado, una mejora de la capacidad porosa que ayuda a la circulación del agua y, por otra parte, un pasaje de tierra por el tracto digestivo que facilita la estructuración de la tierra.

    Ambas funciones le dan vigor a los suelos, pero por sobre todas las cosas, facilitan la posibilidad de lograr producciones económicamente viables y estables a lo largo del tiempo.

    ADEMÁS

    MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

    Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.