Se aguarda el sí de la UE

Por Héctor Müller De la Redacción de LA NACION
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15 de diciembre de 2001  

El mundo ganadero vive días de expectativas y tiene sobradas razones para ello. Finalizada la inspección de la Unión Europea el viernes 29 de noviembre, ahora resta saber si el informe que recibirá el Consejo Veterinario de la UE, que se reúne el próximo 18, será oral o escrito.

Toda la cadena comercial anhela que sea oral, tal como ocurrió con Uruguay. A este mecanismo se lo denomina vía rápida, y de arrojar un resultado positivo permitiría estar embarcando cortes a principios de enero.

De lo contrario, si el informe es escrito, su análisis requerirá más tiempo y sólo se podría pensar en la reanudación de los envíos para la segunda quincena de febrero. Un retraso más que considerable para un sector que atraviesa por una profunda crisis.

Datos difundidos por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra) señalan que ante la imposibilidad de que el escenario actual se modifique se puede estimar con un escaso margen de error que en 2001 las exportaciones de carnes vacunas llegarán a 190.000 toneladas res con hueso por un valor de 400 millones de dólares. En comparación con 2000 esto arrojaría una caída de 57,1% y 65,9%, respectivamente.

Optimismo

Aunque la impaciencia domina la escena y pese a que no ha trascendido oficialmente lo conversado en la reunión final entre las autoridades del Servicio Nacional de Seguridad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación (Sagpya), "el clima es de optimismo respecto del resultado", sostiene Ciccra.

Según trascendió, existieron observaciones respecto de la campaña de vacunación por la demora en la aplicación a todo el rodeo de la segunda dosis de vacuna, la decisión de una sola vacunación anual en el Noroeste Argentino (NOA) y objeciones por la no vacunación de ovinos y de porcinos.

No obstante, la comisión que realizó la inspección en fábricas manifestó su aprobación por el estado edilicio y operativo. Además, no encontró inconvenientes en el manejo de los registros documentales en aquéllas.

"Estamos esperando, pero seguramente tendremos buenas noticias", dijo el ingeniero Gustavo Oliverio, subsecretario de Producción Agropecuaria y Mercado, al participar del cierre del seminario organizado el martes último por la firma GAPP (Genética Aplicada en Producción Pastoril), referido a los criterios para un crecimiento sustentable en producción de carne.

También hizo un comentario que, aunque el sector ganadero lo conoce perfectamente, no deja de producir escalofríos: los cuatro puntos que tienen que ver con el consumo, la exportación, la faena y la evolución de precios: son nefastos.

El consumo, que años atrás llegó a ubicarse en los 90-95 kilos de carne por habitante y por año, se fue cayendo sistemáticamente hasta llegar a los niveles de hoy, que rondan los 60-62 o 65 kilogramos.

Ciccra sostiene que en el acumulado de los primeros diez meses de 2001 la faena total de ganado vacuno se ubicó en 9.574.439 cabezas, con una disminución del 7,1% respecto del período enero-octubre de 2000.

La caída de los precios está directamente asociada a la disminución del consumo y a la desaparición de las exportaciones.

Por eso, ahora, lo primordial es la reapertura de la UE, con lo que se daría el primer paso para descomprimir la cadena, pero pensando en nuevos mercados, salvo destacadas excepciones dentro de la producción y de la industria nacional, el contexto indica que, en general, aún resta mucho por observar y por hacer respecto de qué es lo que realmente quieren nuestros potenciales compradores.

"La realidad es que el esquema comercial de carnes en la Argentina no se ha modificado en los últimos diez años. No ha crecido. No ha mejorado. Estamos como atornillados. Siguen los mismos nombres, los mismos grupos que se dedican a evadir", dijo con dureza Oliverio, y advirtió que el sector tendrá que hacer frente a grandes desafíos para incrementar las exportaciones.

Valor agregado

Todos los indicadores señalan que en el resto del mundo el consumidor sigue firme en la demanda de productos que cada vez posean mayor valor agregado.

En los Estados Unidos, por ejemplo, donde se consume entre el 90 y el 92% de lo que se produce, la industria se dedicó a transformar cortes de bajo valor en otros de alto valor para vender en supermercados, restaurantes o casas de comidas rápidas.

Otro gran concepto por tener en cuenta es que los países consumidores de carnes rojas que pagan el valor del kilogramo de proteína animal mucho más caro de lo que se abona por otro tipo de proteína aumentan los niveles de exigencia de calidad y, además, les está interesando saber qué origen tiene la carne (trazabilidad). Esto está llegando de alguna u otra forma a la Argentina.

Un trabajo desarrollado por la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea) arrojó como resultado que existe en el país un enorme potencial de crecimiento para la producción de carne.

Si eso llegara a suceder, habrá que pensar mucho más en el comercio exterior: adónde se quiere ir, con qué productos, poner énfasis en el concepto de seguridad alimentaria y, también, tratar de recuperar lo más rápidamente posible la muy dañada credibilidad.

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