Mercado de granos: se intensificará la pulseada entre compradores y vendedores

La soja, con incertidumbre
La soja, con incertidumbre Fuente: Archivo
Pablo Adreani
(0)
11 de mayo de 2019  • 00:25

La complicada relación y el conflicto de incierta resolución entre los Estados Unidos y China esta semana tuvo impacto directo en el desarrollo del mercado de soja en Chicago, con fuertes bajas, luego de conocida la voluntad de Donald Trump, de aumentar los aranceles de importación a los productos chinos.

Además del impacto negativo que los factores de incertidumbre externos generan sobre los mercados, el productor argentino debe lidiar con nuevas medidas y cambios permanentes en las reglas de juego. El Gobierno anunció esta semana el aumento de la tasa de estadística, que grava a las importaciones, del 0,5 al 2,5%. Dicha tasa había permanecido en el 0,5% durante los últimos 20 años, de ahí la sorpresa que causó entre los importadores.

Pero la mayor sorpresa recae sobre la industria aceitera, ya que dicha medida afecta por igual a la soja, que bajo el régimen de importación temporaria ingresa de Brasil y de Paraguay que, a su vez, estaba exenta de dicha tasa. Vale decir que a partir de ahora la soja importada desde los países limítrofes, para ser procesada y exportada como aceite de soja y harina de soja, debe pagar un nuevo impuesto del 2,5%. Nuevamente la mala praxis del Gobierno tiene efectos que son muchos más graves y negativos que el 2,5%.

Veamos el impacto de la medida, de arranque se incrementa el costo de producción para la industria aceitera de la soja importada en un 2,5% y le resta competitividad no solamente a la industria sino a toda la cadena. La primera reacción fue el freno de las importaciones de soja provenientes de países como Brasil, Paraguay y Bolivia.

El otro efecto colateral directo es el aumento de los costos operativos, si la industria no puede importar soja de estos países habrá un incremento de los mismos. Y este aumento de los costos operativos impacta directamente en el poder de compra de la industria aceitera. Otro efecto colateral es la imposibilidad de la industria de poder mezclar la soja proveniente de Paraguay, con alto contenido proteico, con la soja argentina de menor contenido. Esa mezcla permitía a la Argentina exportar harina con un contenido de proteína mayor, dentro de las exigencias del mercado internacional.

Al no poder mejorar el contenido proteico de la harina de soja local, los principales destinos aplicaran un descuento en el precio de venta de nuestros productos. En definitiva tendrá influencia en el precio final que la industria puede pagar a los productores de la Argentina.

Aumento de los costos operativos, imposibilidad de mejorar la calidad proteica de la harina, baja en el precio de la harina de soja de exportación y caída en las importaciones que nos permitan dicha mejora, tendrán influencia indirecta negativa en el precio de la soja que reciben los productores.

La medida implementada por el Gobierno, solo en el caso del impuesto a ser aplicado a la soja importada de Brasil y de Paraguay, tiene un beneficio para los ingresos del Estado de US$28 millones y el perjuicio para los productores puede multiplicar varias veces esa cifra, pues debemos agregar el menor precio de la harina de soja que recibirán las fabricas procesadoras por el producto exportado y el menor precio que podrían recibir los productores.

Todos estos factores externos al negocio no hacen más que acentuar la incertidumbre y provocar la reacción no deseada por el Gobierno: habrá una mayor resistencia a vender y, en consecuencia, un menor ingreso de divisas. Antes de la medida el productor ya tenía una estrategia de retener la soja, vender lo mínimo posible para cubrir compromisos y sentarse arriba de los silobolsas, a la espera de que los precios de la soja disponible mejoren. Con un 60% ya cosechado, de acuerdo a la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, no hubo aluvión de ventas, muy por el contrario. Las ventas a precio y el volumen ya fijado en conjunto apenas llegan a los 8 millones de toneladas, de una producción estimada en 57 millones, no llegan al 15% de la cosecha total.

A partir de ahora se intensificará la pulseada entre la necesidad de venta de los productores y la necesidad de compras de las fábricas. Por el momento, el primer round lo vienen ganando las aceiteras, pagando precios de soja disponible por debajo a los US$215. Este valor no es suficiente para los productores de zonas extra pampeanas, que con rindes muy por debajo de los de la zona núcleo y fletes más caros, entran en zona de pérdidas netas por hectárea.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.