Se necesitan señales claras para crecer

Por Gustavo Oliverio Para LA NACION
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31 de mayo de 2003  

En la campaña 2002-2003 el sector agropecuario le aportó nuevamente al país una cosecha récord de 72/72,5 millones de toneladas (frente a los 69,6 millones t del año anterior).

Este récord de producción se produjo en el marco de una fuerte inestabilidad económica, ruptura de la confianza entre los integrantes de las cadenas granarias, incertidumbre del funcionamiento de los mercados de futuro, inexistencia del crédito y, más grave aún, en un país que nuevamente apeló a las retenciones a las exportaciones para hacerse de los recursos fiscales necesarios para el funcionamiento del Estado.

Las posibilidades de que el sector agropecuario continúe creciendo están fuertemente ligadas a las decisiones que tomen las autoridades del nuevo gobierno.

El país -el sector agroalimentario en particular- necesita estabilidad política y económica, seguridad jurídica, restablecimiento de un sistema financiero sólido, equidad en la carga fiscal, agresiva política comercial externa y recuperación de la confianza de los argentinos y de los inversores extranjeros, para iniciar una nueva etapa de crecimiento.

Sólo a partir de un sólido marco político, económico y social, quienes estamos en el sector privado podremos -y deberemos- trabajar activamente en la construcción de planes estratégicos para cada una de las cadenas agroalimentarias e industriales y luego aportar los mismos a las autoridades, para la construcción de un plan estratégico global.

Lograr esto llevará tiempo, pero se necesitan hoy señales claras, para saber si las nuevas autoridades continuarán pretendiendo en los próximos años distribuir la riqueza generada en el sector agropecuario y agroindustrial (por medio de la continuidad de las retenciones, la excesiva carga fiscal, etcétera), o se pondrán como objetivo lograr un plan estratégico global que lleve a una mayor generación de riqueza y producción, promoviendo así el trabajo genuino y el crecimiento de todos los que vivimos en este país.

En el último año, el sector (como el resto del país) debió enfrentar la ruptura de las reglas jurídico-económicas vigentes en la última década y asumir su riesgo productivo en un escenario de incertidumbres. Todos estos factores que hacían prever un estancamiento o caída de la producción quedaron superados por la mejora de los precios internacionales, la tecnología disponible finalmente aplicada por el productor y las bondades climáticas. Lo ocurrido permite llegar hoy a buenos resultados, tanto productivos como económicos, y como es norma en este sector, ello se tradujo en una fenomenal reactivación de la actividad comercial en todo el interior del país, que tiene como ejemplo las importantes ventas de maquinaria agrícola (tractores, sembradoras, pulverizadoras y cosechadoras) registradas en los últimos meses.

Frente a la realidad política y económica de hoy, el productor de granos empieza a planificar (incluso sembrar trigo en los próximos días) para la campaña que viene en un marco tan confuso e incierto como en la campaña anterior.

Ingresos adicionales

Trabajos realizados recientemente por la Fundación Producir Conservando muestran que este sector es uno de los más dinámicos de nuestra economía en los últimos años y que potencialmente estamos en condiciones de crecer y llegar a producir 100 millones de toneladas, quizás en pocos años más. Esto significa ingresos adicionales para la Argentina de aproximadamente 6300 millones de dólares, por aumento de las exportaciones de granos y subproductos, a los que podríamos sumar 1500/1600 millones de dólares adicionales si se produjera un crecimiento equivalente en la producción y exportación de carnes (vacuna y aviar), productos lácteos y frutas.

Los mismos trabajos muestran que, aproximadamente el 40% de la población económicamente activa en el país se encuentra directa o indirectamente relacionada en su actividad laboral, según datos de 1999, con el sector agropecuario, agroindustrial y los servicios conexos.

La decisión de crecer no sólo generará mayor riqueza, sino que la misma llegará a mucha gente. Para alcanzar los potenciales productivos, será necesario ampliar obras de infraestructura básicas (capacidad de almacenaje, puertos, plantas industriales procesadoras, mejores rutas, ferrocarriles y vías navegables), lo que a su vez generaría nuevos empleos.

El sector agropecuario y agroindustrial en la Argentina tiene mucho para seguir creciendo, aportar ingresos externos adicionales y generar más trabajo, pero necesita el marco adecuado para que ello se produzca. Sería una irresponsabilidad hacia nosotros mismos y -peor aún- hacia las generaciones futuras, dejar pasar las oportunidades que hoy nos permiten afianzar un futuro próspero.

El autor es director de la Fundación Producir Conservando.
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