Un marino heroico y productor rural

Guillermo Brown, cuando sus obligaciones con la Patria se lo permitían, cultivaba alfalfa
Susana Boragno
(0)
12 de mayo de 2012  

Una faceta poco conocida del almirante Guillermo Brown fue su condición de chacarero. Antes de empezar su carrera naval en el país, el marino decide vivir en Buenos Aires. Vistiendo como un criollo, con poncho pampa como abrigo y hablando unas pocas palabras en español, compra unos terrenos anegadizos en el Bañado de Barracas. Como en cada sudestada la zona se inundaba, se decide rellenar el terreno donde se va a levantar la casa, tarea que le fue encomendada a su amigo, el alarife Mateo Reid, quien la proyecta y construye. Era de estilo inglés y contrastaba con las otras quintas de la zona. El frente de la propiedad tenía una verja de material combinada con la reja que la separaba de la calle de tierra y un amplio portón de hierro de dos hojas. Al pie de cada pilar de la entrada, plantados en forma oblicua, a manera de poste, dos cañones, algo carcomidos por el tiempo. Estaban para resguardar la entrada, para evitar que algún conductor distraído en el manejo de los carros atropellara la pared. Se la conocía como la casa "de los cañones" o la "mansión del inglés"

La casa estaba rodeada de árboles: sauces, álamos y cipreses. Brown cultivaba frutas y verduras en forma personal. El mismo dirigía la cosecha de alfalfa, que era uno de sus medios de subsistencia. Conocía el trabajo de campo, seguía así su tradición por pertenecer a una familia de agricultores y no de marinos. Había nacido en un hogar labriego, humilde y católico. Su padre tenía una pequeña heredad en Foxford, condado de Mayo, Irlanda. Un país casi enteramente rural y sojuzgado. Era su lugar de nacimiento.

Cuando sus compromisos con la Patria no lo requerían, se dedicaba a las tareas rurales, que sólo interrumpía para hacer los viajes a Quilmes, donde se ocupaba de la venta de caballos, y a Colonia, Uruguay, donde tenía arrendados unos campos. Con el tiempo, el chacarero compra más tierras y las suma a su quinta, que llega entonces hasta la costa en el Río de la Plata. Sobre la "calle del héroe Brown", hoy avenida Martín García, hace construir siete casitas para guardar las herramientas y para que las utilicen los trabajadores. Las tareas rurales las combinaba con las celebraciones religiosas, con las obras benéficas y con sus amigos irlandeses. Madrugador, modesto, recatado en los actos comunes, frugal en las comidas, poco amigo de las bebidas, así era el chacarero. Buen jinete, salía a caballo, a veces cubierto con un poncho, bordeando la costa del río, eludiendo la muchedumbre del centro. Iba desde su quinta de Barracas hasta Recoleta.

Por el decreto 18.536 del 22 de junio de 1948, el lugar donde estuvo su quinta, Martín García 584, fue declarado lugar histórico. Una placa recuerda: "En este lugar se alzó la casa donde vivió el almirante Guillermo Brown y aquí falleció...". La placa no evoca su condición de chacarero, tarea que desempeñó en ese lugar durante tantos años.

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.