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Algo no salió bien

Carismático gobernador. Puso una banca del Senado al mejor postor

Carlos Manzoni
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3 de agosto de 2020  • 00:12

Nadie imaginó que ese hombre que repartía volantes políticos a la salida del metro en Chicago podría convertirse algún día en gobernador de Illinois y, mucho menos, que llegaría a sonar como presidenciable. Sin embargo, Milorad Blagojevich lo logró: en una de las carreras más explosivas en la política estadounidense alcanzó la gobernación y empezó su camino hacia la Casa Blanca, hasta que una declaración de su suegro destruyó sus sueños y lo envió a la cárcel.

Blagojevich nació el 10 de diciembre de 1956, en Chicago, Illinois, al noreste de los Estados Unidos. Hijo de inmigrantes serbios que habían llegado a América en 1947 desde lo que entonces era la Yugoslavia de Tito, Rod, como se lo apodó desde niño, vivió en un hogar en el que nunca sobró nada.

Creció en un barrio humilde del noreste de Chicago, donde su padre "paraba la olla" como obrero metalúrgico y su madre, picando boletos de colectivo. Por eso, pasó su infancia y temprana adolescencia de trabajo en trabajo, para ayudar a su familia: fue limpiabotas, repartidor de pizzas y empleado en un frigorífico.

Cuando cursaba el último año del secundario, se fue a trabajar como lavaplatos a una empresa que construía un oleoducto en Alaska. "Rod siempre fue muy arrojado y sabía que esa era la única forma que tenía de poder pagarse la universidad a la que pronto tendría que ingresar", cuenta un conocido en la serie Juicios Mediáticos, que se puede ver en Netflix y que dedica a Blagojevich el capítulo 6, titulado El Senado al mejor postor.

Milorad Blagojevich
Milorad Blagojevich

Según lo describen sus conocidos, Rod era un muchacho común y, como dice el periodista John Chase, en la serie mencionada, "venía de la nada". Pero contaba con algunas cartas en su manga: tenía buena presencia, era carismático y, sobre todo, sabía lo que era trabajar de sol a sol para ganarse el pan y conocía las necesidades de los obreros.

Un año de novios y el salto al congreso

Su vida empezaría a cambiar al conocer a su futura esposa: Patricia Mell, hija de Richard Mell, un exconcejal demócrata conocido como "la máquina política de Chicago". Su mujer cuenta que había terminado un noviazgo largo y, en lugar de encerrarse y autocompadecerse en su casa, fue a un evento a beneficio de su padre, donde un amigo en común le presentó a Rod. "Mi actual marido fue, literalmente mi despecho", señala.

Patricia Mell cuenta que a Rod siempre le robaban algo del auto. "Estábamos ahí, sin radio, y entonces él me cantaba canciones de Elvis. Pensé que podría haber algo ahí. Estuvimos un año de novios, nos comprometimos y nos casamos", agrega.

En ese tiempo, Rod no era más que un abogado del montón al que le interesaba la política, pero todo dio un vuelco cuando su suegro necesitó un candidato como representante estatal y le ofreció la chance a él. "Nadie sabía quién era en esa época, más allá de estar casado con Patti Mell y ser el yerno del concejal Dick Mell", se narra en El Senado al mejor postor.

Columna Algo no salió bien, en Lo que el día se llevó

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Blagojevich finalmente ocupó ese cargo, pero enseguida se aburrió allí, porque él era muy inquieto, pero no tenía poder para nada; entonces, en 1996, decidió lanzarse al Congreso. La opinión pública lo veía como un demócrata bien financiado y con lazos familiares poderosos. En una entrevista televisiva, le dijeron: "Rod, tu suegro es un concejal muy prestigioso. No te postularías de no ser por Dick Mell". A lo que él simplemente comentó: "Es justo decir que me ayudó mucho".

Al ser elegido congresista, lo primero que pensó fue: "Puedo ser gobernador". En su partido le respondieron que eso era posible, pero que, para dejar de ser visto como el "protegido" de su suegro, debía recolectar un millón de dólares. "Consigue eso y empezarán a tomarte en serio", le sugirieron.

Rod juntó más de tres millones de dólares y, en uno de los ascensos al poder más meteóricos que se haya visto, en 2002, diez años después de ingresar en la política, se postuló para gobernador de Illinois y ganó. Fue el primer gobernador demócrata en su estado, después de 30 años de dominio republicano.

Apenas asumió, en enero de 2003, declaró: "Quiero aclarar que los negocios de siempre en el estado de Illinois son cosa del pasado". Durante su gestión pudo expandir la atención médica de los niños, les ofreció a los ancianos viajes gratis en el transporte público, aumentó el salario mínimo, obligó a los farmacéuticos a administrar anticonceptivos y no permitió su veto solo por razones políticas.

Eso no fue todo. Un día dijo: "Derribaremos los peajes. Pondremos cobro electrónico". Lo hizo y logró reducir los tiempos de viaje. Claro que, como se dice en la serie, hubo algo que no pudo evitar: poner su nombre en letras gigantes en esas rutas ("Rod Blagojevich, gobernador"). "Hicimos lo mejor posible por la gente de Illinois. Y la prensa era buena con nosotros en ese momento", recuerda su esposa.

El populista carismático

Así fue cómo se lo empezó a ver como un "populista carismático con un posible futuro en la Casa Blanca" y logró su reelección como gobernador. "Era casi como una estrella de rock", cuenta Patti Mell. "Aún no han visto nada", proclamó Rod, exultante, al asumir su segundo mandato. Todos, en ese momento, coincidían: tenía el camino perfecto a la Presidencia de los Estados Unidos.

Aquel chico de un barrio humilde de Chicago, que había llegado desde la nada, era ahora la mayor apuesta política de Illinois, había acumulado un inmenso poder y tenía fundamentos para soñar con un lugar en la Casa Blanca. Estaba en su mejor momento. Tocando el Cielo con las manos. Pero... siempre hay un "pincelazo", que lo arruina todo.

Un día, Rod lo hizo a un lado a su suegro y se armó su propio equipo de recaudadores. Richard Mell nunca se lo perdonó; es más, le dijo que jamás debía morder la mano de quien le había dado de comer. La relación nunca más fue la misma hasta que, luego de un desplante de Blagojevich en una comida familiar, en 2004, Dick declaró ante un periodista que su yerno vendía designaciones importantes del comité por US$50.000.

Milorad Blagojevich
Milorad Blagojevich

Eso se publicó en un diario al día siguiente y, por supuesto, llamó la atención del FBI, que inició una investigación y pronto recopiló pruebas sólidas en contra del gobernador. Pero la sorpresa mayor de los agentes llegó cuando, al intervenir los teléfonos de Blagojevich, descubrieron que había algo más oscuro aún: cuando Barack Obama fue elegido presidente, el único que tenía el poder de nombrar su reemplazo en el Senado era Rod, que, ni lerdo ni perezoso, había puesto ese escaño al mejor postor.

El FBI grabó horas y horas de conversaciones telefónicas y, cuando tuvo todas las piezas engarzadas, detuvo a Rod, en un operativo que recorrió los canales de televisión. Luego de un largo juicio (en realidad, fueron dos), Blagojevich fue condenado en 2012 a 14 años de prisión por poner la banca del Senado al mejor postor, más otros 16 delitos de corrupción.

Pasó ocho años preso y, si bien fue indultado en febrero pasado por el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, la vida de Rod hacía ya tiempo que había dejado de ser la misma: al salir de la cárcel, demacrado y totalmente canoso, su imagen pública estaba manchada por la ignominia y su carrera política, sepultada varias capas bajo tierra.

* Si querés ver la columna en vivo, sintonizá los viernes a las 23 Lo que el día se llevó (martes a viernes), por LN+: 715 y 1715 de DirecTV, Cablevisión 19 Digital y analógico/ 618 HD y Flow, Telecentro 705 Digital, TDA 25.3, Telered 18 digital y servicio básico y Antina 6 digital.

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