Carne: la decadencia argentina favorece a Uruguay

Un mercado de carne vacuna traspone una frontera
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17 de diciembre de 2009  • 02:55

MONTEVIDEO.- Durante décadas, la familia de Gabriel Pintos, dedicada a la cría de ganado vacuno, miró hacia la otra orilla del Río de la Plata, con envidia y respeto por la legendaria tradición argentina como productora de carne.

Pero al pasear recientemente la mirada sobre la vasta extensión de su estancia de casi 80 hectáreas, donde los patos graznaban en una laguna cercana mientras 120 vacas pastaban en la hierba verde, Pintos exudaba un nuevo vigor competitivo.

"Hoy Uruguay tiene la madurez necesaria para que su carne pueda competir con la de cualquier parte del mundo", dijo el curtido señor Pintos, de 51 años. "Esta es una oportunidad histórica para nosotros".

Durante más de un siglo, Argentina ha distinguido su carne vacuna como la más saludable y natural del mundo. Las vacas se paseaban a sus anchas por el rico suelo de la pampa húmeda, mordisqueando el pasto verde, no los cereales ofrecidos en los atestados comederos de la acelerada industria estadounidense.

Pero esa imagen podría convertirse en un recuerdo de épocas pasadas. Las decisiones políticas de la Argentina están cambiando el gusto del afamado bife argentino y amenazan con arruinar la renombrada industria de la carne vacuna del país.

Los cambios han ahuyentado a muchos inversores, reducido la cantidad de cabezas de ganado y le han ofrecido al vecino más pequeño de Argentina, Uruguay, la oportunidad de capitalizar los problemas argentinos promocionándose como "la última gran granja" de ganado más saludable, alimentado con pastos.

Argentina, en cierto sentido, es víctima de su propio éxito. Las exportaciones aumentaron después de una profunda devaluación del peso argentino en 2002, que hizo más competitiva a la carne argentina a nivel global. Pero el abastecimiento empezó a escasear para los consumidores argentinos –que comen más carne vacuna por persona que cualquier otro ciudadano del mundo, dicen los funcionarios de la industria–, haciendo subir los precios y generando descontento social.

Entonces Néstor Kirchner, el presidente de Argentina en ese momento, respondió en 2006 con una prohibición de exportar durante 180 días para hacer bajar los precios de la carne. Más tarde, impuso controles de precios a ciertos cortes populares, como el roast beef, actitud que a su vez impulsó a los argentinos a comer aún más carne vacuna.

Pero al enfrentarse este año con una prolongada sequía y preocupación por sus ganancias, muchos ganaderos están convirtiendo sus campos de pastura en cultivos de soja. Ahora los incentivos del gobierno para engordar más rápidamente el ganado están estimulando la tendencia a criar más ganado argentino con cereales como el maíz y la avena en comederos cada vez más atestados, ofreciéndole así a Uruguay la oportunidad de reclamar para sí el lugar de productor de carne con vacas naturalmente alimentadas.

Los españoles llevaron las vacas a Uruguay hace más de 400 años, y la carne vacuna ha sido desde hace tiempo su industria exportadora más importante. Las vacas superan en número a los habitantes en más de tres a uno en este país de 3,4 millones de habitantes, en el que alrededor del 80 por ciento de la tierra está dedicada al pastoreo. La nación está hecha un sandwich entre Brasil, el mayor exportador de carne vacuna del mundo, y Argentina, que tiene cinco veces más cabezas de ganado que Uruguay. Las vacas de Argentina y las de Uruguay siempre fueron bastante similares –en ambos casos vagaban libremente por las pasturas, y también comparten características genéticas británicas. Como en Argentina, gauchos con bigotes deambulan por las llanuras uruguayas, con sus boinas negras encasquetadas sobre sus rostros curtidos por el viento.

A pesar de los problemas de su vecino, Uruguay se ha esforzado para competir con la reputación global de Argentina.

Alejandro Berrutti, un productor de Montevideo, recodó sus frustrantes esfuerzos por introducir la carne uruguaya en el mercado de Dinamarca este mismo año. En un supermercado de Copenhague, la carne argentina estaba clasificada como la mejor del mundo, pero los empleados jamás habían oído hablar de la carne uruguaya, señaló. En un restaurante, los platos principales eran salmón danés y "bife argentino". Berrutti le preguntó al camarero si había algunos otros platos.

"Señor, este es el menú que hemos tenido durante los últimos 25 años, y funcionar", le contestó el camarero, recordó Berrutti.

En el Instituto Nacional de la Carne de Uruguay, dedicado a promover la industria de la carne, Silvana Bonsignore, la directora de marketing, citó un estudio de cuatro ciudades realizado en 2004 –las ciudades eran Atlanta, Boston, Denver y Washington– que demostraba que muchos estadounidenses no sabían casi nada de Uruguay como país, por no hablar de su reputación como productor de carne vacuna.

"Es muy difícil vender carne uruguaya si nadie está familiarizado siquiera con Uruguay", dijo Bonsignore.

Tomando en cuenta esa idea, Bonsignore y su equipo idearon en 2005 una nueva campaña de marketing para vender a Uruguay –sus vinos, sus playas en la glamorosa Punta del Este– y promover al mismo tiempo su carne vacuna. Brillantes pósters yuxtaponen imágenes del ganado pastando y platos de carne, con escenas de los viñedos y las ramblas uruguayas.

Bonsignore ha organizado eventos de degustación de carne en España y Portugal, con chefs uruguayos. En abril de 2008, el instituto de la carne organizó "el asado más grande del mundo", cerca de 150 metros de parrillas y 13.000 kilos de carne, que le reportó a Uruguay un Record Mundial Guinness.

Uruguay está tratando de demostrarle al mundo que el país está dedicado a la carne "natural", ganado que es por ley alimentado con pasto y libre de hormonas. Una campaña de marketing muestra el símbolo de un código de barras de supermercado que emerge del pasto. Otro señala que cada vaca uruguaya pasta, de promedio, en campos del tamaño de dos canchas de futbol.

Al mismo tiempo, los grandes inversores de la industria de la carne han empezado a apostar por las políticas uruguayas, más amigables con el mercado. Terry Johnson, propietario de BPU Meat, está invirtiendo 150 millones de dólares en Uruguay, incluyendo una planta programada para enero que será capaz de procesar 1.500 cabezas de ganada en un turno de ocho horas. Johnson, un británico, vendió en 2006 sus plantas procesadoras de Argentina y Brasil para concentrarse en Uruguay.

"Por la razón que fuere, el gobierno de Argentina ha intentado sojuzgar a la agroindustria", dijo Johnson. "La cantidad de ganado se está reduciendo, la tierra se ha abaratado. Cualquiera que esté relacionado con el ganado quiere marcharse. Uruguay ofrece la oportunidad de hacer las cosas bien".

En su estancia, donde también cría caballos y corderos, Pintos, que es veterinario diplomado, dijo que está buscando maneras de aumentar la producción pero siempre manteniendo la tradición uruguaya de pastoreo.

Proviene de una familia de agricultores, y su esposa de una familia de ganaderos. Ahora les están enseñando el negocio a sus hijos, y enviaron al mayor a Nueva Zelanda por seis meses para que se interiorice de la industria ganadera.

"Los holandeses están invirtiendo mucho aquí, al igual que los argentinos, los franceses, los brasileros", dijo animadamente. "Yo soy un humilde trabajador que quiere mejorar día a día, no sólo por mí y mi familia, sino por mi país".

(Traducción: Mirta Rosenberg)

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