China se desvela por sostener su tregua comercial con Estados Unidos

Fuente: Reuters - Crédito: Kevin Lamarque
El gigante asiático rebaja aranceles y le da un giro a sus políticas; ecos del acuerdo en Buenos Aires
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23 de diciembre de 2018  

PEKIN (The Economist).- Sus palabras eran cuidadosas, su tono sobrio. En una reunión del politburó para hablar de los planes económicos para 2019, los máximos líderes chinos acordaron que deben estar preparados para que haya problemas y que, por sobre todo, deben mantener la estabilidad interna. Fue un fuerte contraste con la misma reunión de hace un año. Entonces el politburó exudaba confianza, concluyendo que China era el motor económico del mundo, con un nuevo nivel de poder.

Este giro hacia el interior explica por qué, luego de un año de enfrentamiento ojo por ojo con Estados Unidos, China está decidida a poner fin a la guerra comercial. La opinión, que era común en un tiempo en Pekín, de que podía resistir más que Estados Unidos en una desgastante batalla de aranceles ha cedido a la comprensión de que, siendo el país con el inmenso superávit comercial, China tiene más que perder de entrada.

También se quebró el optimismo respecto de que el gobierno podía combatir en dos frentes: domar su fuerte carga de deuda al mismo tiempo que enfrentaba a Estados Unidos. La perspectiva económica se ha vuelto más oscura. Los analistas están debatiendo si el gobierno, una vez más, desplegará un gran estímulo fiscal para apuntalar el crecimiento.Por lo que el pavoneo de hace un año se está viendo reemplazado por mensajes más conciliadores. En un reciente foro Ma Jiantang, vicepresidente de un centro de estudios vinculado al gabinete, subrayó los profundos vínculos entre las economías de China y Estados Unidos.

El objetivo inmediato para los funcionarios chinos es sostener la tregua comercial que los presidentes Donald Trump y Xi Jinping acordaron luego de la reciente cumbre del G20 en la Argentina. Tienen hasta el 1 de marzo para alcanzar un acuerdo, de otro modo los dos países pueden atacarse con aranceles nuevamente.La oferta de paz de China comienza a definirse. El gobierno ha hecho o insinuado una serie de concesiones en las últimas dos semanas. Ha retomado las compras de soja estadounidense, anunció reducciones de aranceles sobre importaciones automotrices e indicó que modificará una política industrial que genera sospechas en el extranjero. Esta es la serie más notable de pasos dados por China para responder a los rezongos comerciales de Estados Unidos.

Otra cosa es si satisfará a Trump.Los primeros indicios son que le gusta lo que ve sobre la mesa. El 14 de este mes, luego de que el consejo de estado chino dijo que cancelaría temporariamente un arancel extra del 25% sobre los autos estadounidenses, Trump tuiteó feliz. "China quiere hacer un acuerdo muy grande y abarcante. ¡Podría suceder y más bien pronto!"Pero los negociadores chinos no están a punto de descorchar botellas de fino moutai aún. Un tema complicado es el de Meng Wanzhou, la jefa de finanzas de Huawei, un gigante tecnológico chino, que fue detenida por Canadá con pedido de extradición de Estados Unidos. China ha tratado de aislar su caso de las negociaciones comerciales. Pudo centrar su ira contra Canadá, deteniendo dos ciudadanos canadienses en china como venganza apenas disimulada. Pero si Canadá entrega a Meng a Estados Unidos, la tregua podría sufrir nuevas tensiones. Lo que es más, Estados Unidos podría provocar nuevos enfrentamientos.

Según se dice, el departamento de Justicia está listo para acusar a hackers chinos por espionaje económico.China también ha descubierto que Trump es un combatiente impredecible, tironeado por dos bandos dentro de su administración. Las palomas, tales como Steven Mnuchin, el secretario del Tesoro, apoyaron previas ofertas chinas de comprar más energía y productos agropecuarios estadounidenses.

Los halcones, especialmente Robert Lighthizer, representante comercial de Estados Unidos, han querido más, exigiendo que China termine con las prácticas que supuestamente le permiten a sus firmas robar tecnología estadounidense. Y no son sólo los halcones. James McGregor, responsable por China de APCO Worldwide, una consultora, dice que las empresas extranjeras quieren ver "resultados importantes", habiendo soportado el drama arancelario.La cuestión crucial es qué tipo de resultados puede ofrecer China. Reducir los aranceles sobre las importaciones automotrices y comprar soja no vale demasiado.

Esas medidas solo hacen que la relación comercial vuelva a su situación de hace un año. Pero las demandas de cambios fundamentales son mucho más difíciles para China. Van al corazón de su modelo económico, requiriendo potencialmente que, por ejemplo, reduzca los subsidios a compañías estatales.Los negociadores chinos se centran en dos temas, según gente familiarizada con las negociaciones. Primero, están dejando de lado el plan "Made in China 2025", que busca convertir al país en una potencia manufacturera avanzada. Las empresas extranjeras lo objetan porque especifica objetivos de porcentajes de mercado para China en sectores que van desde la biotecnología hasta la robótica.

Funcionarios chinos ya le han restado importancia, describiéndolo como un documento vago, que expresa aspiraciones. Segundo: el gobierno quiere mostrar que las compañías extranjeras tienen un campo de juego equitativo. Liu He, el principal negociador comercial chino, ha pedido al banco central que presente guías para indicar cómo funcionaría en China la "neutralidad competitiva", según personas conocedoras del proyecto. La idea, promovida por la OCDE, un club de países ricos, es que las compañías estatales pueden formar parte de una economía de mercado saludable siempre que no gocen de ventajas especiales. China tratará de convencer a Trump de que quiere cumplir con este estándar.

China está actuando hasta cierto punto de acuerdo a lo que dice. Luego de una sucesión de medidas aprobadas, puede sostener que está abriendo su economía a las firmas extranjeras. Tesla va camino de ser el primer fabricante extranjero de autos en contar con instalaciones de fabricación totalmente de su propiedad en China. UBS, un banco suizo, se convirtió en la primera firma extranjera en tener una participación mayoritaria en un bróker en China.

ExxonMobil empezará a construir un complejo petroquímico totalmente de su propiedad, cosa que hasta hace poco las firmas extranjeras no podían hacer. China también ha publicado normas más duras para proteger la propiedad intelectual, cosa que las firmas extranjeras exigen hace mucho.Pero aplacar a los negociadores estadounidenses será difícil. El desafío para China es demostrar que estos son algo más que cambios cosméticos de un sistema económico en el que el estado sigue siendo muy poderoso.

Mientras el gobierno quiera convertir compañías estatales en potencias globales, los rivales extranjeros tendrán buenos motivos para pensar que las cartas están marcadas contra ellos en China.El 18 de este mes China celebró el 40 aniversario del comienzo de su período de "reforma y apertura", el nacimiento de la economía luego del desastroso reinado de Mao.

Algunos esperaban que Xi usara la ocasión para lanzar nuevas reformas audaces. Pero en un discurso en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, en cambio, reflexionó cuanto ha avanzado China, guiada por la mano poderosa del Partido Comunista. Una actitud humilde no puede ocultar el orgullo chino por su éxito en las últimas cuatro décadas, aunque los últimos meses hayan sido turbulentos. Es renuente a liquidar y reemplazar lo que ve como una fórmula ganadora.

Traducción de Gabriel Zadunaisky

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