Claves para armar un presupuesto del hogar

Crear hábitos para optimizar el uso del dinero es todo un desafío en tiempos de alta inflación; qué pasos conviene dar y qué variables observar para lograr que los ingresos tengan el mayor rendimiento posible
Esteban Lafuente
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9 de diciembre de 2018  

Acostumbrados a vivir entre promociones, descuentos, tarjetas de beneficios y una inflación de dos dígitos desde hace más de una década -este año superará el 45% y será récord desde 2002- los argentinos crean hábitos para intentar optimizar el uso del dinero.

Además de erosionar el poder adquisitivo, la suba de los precios y la dispersión que existe en diferentes puntos de venta impiden planificar y ordenar los gastos semana a semana. "El argentino es un consumidor experimentado e inteligente, sobre todo en tiempos de crisis. Es ágil como los cazadores recolectores, pero no tiene la ventaja del sedentario que puede planificar", sintetiza el economista Matías Tombolini, especialista en consumo y hoy dedicado a la política. Su propuesta para "consumir mejor", sintetizada en el libro 113 secretos para ganarle a la crisis, se apoya en la planificación y la información, dos hábitos que, sostiene, no están muy desarrollados entre los argentinos y que permitirían "ahorrar entre un 15% o un 20% del presupuesto mensual". A continuación, algunas de sus claves.

  • Armar un presupuesto. Es el primer paso para ordenar los gastos de una persona o un grupo familiar. De una forma simple, requiere armar una lista de productos, servicios u otro tipo de consumos que ingresan en un mes. Los rubros principales a tener en cuenta son alimentos, transporte, comunicación y esparcimiento. La inflación, en este caso, puede ser un problema. En un contexto de volatilidad de precios, el economista sugiere no pensar en plata (montos o un porcentaje de los ingresos de cada mes), sino en consumos ordenados según su necesidad.
  • Informarse. La tecnología es clave para el consumo eficiente. El "camine, señora" que Lita de Lázzari popularizó como estrategia para buscar los mejores precios, se reemplazó hoy por otra clave, que es navegar. Para los consumos cotidianos, existen plataformas como Precios Claros, que permiten conocer los valores de cada producto en los supermercados del país.
  • Controlar. "No nos terminamos haciendo cargo de lo que gastamos", dice Tombolini. En los hábitos de los consumidores del país no es común el registro de los gastos. "El criterio de presupuesto no existe y eso hace que seamos muy ineficientes en el uso de nuestra plata", insiste. Desde una tabla de Excel hasta métodos más sofisticados como apps o programas digitales (Checkbook, Money Prop), existen varios recursos para anotar ingresos y gastos. "Consumir mejor no es complicado, pero hace falta orden", afirma Tombolini.
  • Qué mirar al consumir. Años de inflación acumulada generan distorsión en algunos precios y mucha diferencia entre productos, variedades o presentaciones. "Hoy los precios no representan la unidad de información que deberían representar y eso a veces hace que las decisiones se alejen de lo óptimo", dice el autor. Una clave del consumo eficiente es identificar no el precio del producto en sí, sino su expresión por unidad: valor por kilo, por litro o por metro. Con ese criterio, es posible identificar paradojas, como ocurre con la carne (el kilo de lomo cuesta mucho menos que la hamburguesa congelada), o con el queso (el trozo de horma es mucho más económico que la bolsita de queso rallado).
  • Identificar falsas promociones. "La asimetría de información entre el consumidor y el que vende los productos es enorme y todas las estrategias de marketing se basan en esa asimetría. Está estudiado cómo se arman las góndolas, qué se mira en determinada altura y cómo consumimos", dice Tombolini. Por eso, plantea estrategias para evitar caer en esas "trampas" y minimizar gastos innecesarios. "No hay que ir con hambre al supermercado. Hay que buscar también el final de la góndola e identificar los buenos y malos hábitos propios del consumo", dice el economista, quien habla de decisiones "disfuncionales". "Cuando te dicen que un detergente rinde por cuatro, lo comprás porque no vale cuatro veces más que uno común. Pero la información en la decisión de compra no es la misma que la decisión de uso. En general, no usás un cuarto del detergente", apunta.
  • El error de buscar descuentos cuando no conviene. Buscar el último descuento y el mejor precio en cada compra no siempre es el mejor camino para el bienestar. "La idea es que puedas ser lo más feliz que puedas con la plata que querés gastar", dice. La clave: encontrar el equilibrio y priorizar. "Para ahorrar, una de las cosas es determinar ese costo de oportunidad. Si uno sale del trabajo a las ocho de la noche y vas al supermercado todos los días para tener justo lo que necesitás con la mejor promoción y ahorraste el 3% de tu sueldo, pero te perdiste tiempo con tu familia o de hacer deporte o si tu mascota estando sola te rompió medio sillón. no te conviene", ilustra.
  • Invertir el ahorro. Es una decisión que implica una planificación. "No hay una receta clara. Depende de la aversión al riesgo, que es a cuanto te animás, cuánto querés mantener el valor de tu plata y qué querés ganar". "Si vas a tener en tres meses un gasto en moneda nacional, te conviene ahorrar en pesos con un plazo fijo UVA y te cubrís de la inflación. Si vas a viajar y comprar un pasaje al exterior, es mejor pensar en dólares y no en inversiones de largo plazo. Ahí no querés ganar plata Querés pagar tus vacaciones".

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