2013, año clave para la relación con el mundo

La agenda del Mercosur privilegió disputas políticas y enfrió los temas de integración; la búsqueda de mayor competitividad e inserción internacional, fundamentales para el despegue
Dante Sica
(0)
2 de enero de 2013  

Hace más de un año que el Mercosur transita por un camino donde las definiciones políticas ganaron el protagonismo de la agenda, en tanto que los temás duros de la integración económico-comercial perdieron espesor. Difícil que hubiera sido de otra manera en un año en el que las restricciones comerciales aplicadas por la Argentina a través de distintos instrumentos se endurecieron tanto. Y los socios del bloque no sólo no quedaron exentos de esas trabas, sino que a juzgar por las estadísticas, fueron de los más afectados.

Esas restricciones dejaron poco espacio para avanzar en temas como la eliminación del doble cobro, acceso a mercados, libre circulación o barreras no arancelarias, aspectos considerados clave en el camino hacia la unión aduanera. Por otra parte, la negociación con la UE está pendiente de una decisión política fuerte y del logro de un consenso interno en el Mercosur que, al parecer, está bastante lejos de alcanzarse. En ese contexto, los puntos destacables están asociados a la incorporación plena de Venezuela, la eventual ampliación del Mercosur a través del ingreso de Ecuador y/o Bolivia en un futuro próximo, y la suspensión temporal de Paraguay.

Crédito: Alejandro Álvarez
Por un lado, hay que decir que estos avances son positivos en la medida que permiten expandir la significancia tanto económica, como territorial, política y comercial del bloque. Pero, también cabe observar que este proceso se parece demasiado a la "huida hacia delante" que tuvo una versión sin demasiados resultados entre 2005 y 2006, y que consiste en buscar un terreno distinto que permita mostrar dinamismo cuando los temas relevantes que hacen a la conformación de la unión aduanera se estancan, o cuando crecen las tensiones comerciales en el espacio intrazona.

En el terreno político, se intenta sumar a nuevos países que puedan "refrescar" el presente del Mercosur. Pero el riesgo que ello conlleva es que, más temprano que tarde, como ocurrió en 2006 con Venezuela, se descubra que las inconsistencias del proceso de integración siguen presentes, e incluso se vean amplificadas por la mayor diversidad de intereses que los nuevos países traen consigo. Las asimetrías internas, así como la emergencia de un nuevo escenario internacional, han hecho evidente que la estrategia de integración al mundo debe exceder el ámbito comercial. La necesidad de inversiones productivas en los sectores estratégicos, y la conformación de cadenas productivas regionales que permitan lograr una mayor escala de producción, mayor competitividad e inserción internacional, parece ser el camino ineludible para sobrevivir primero y crecer después en un mundo caracterizado por la debilidad de la demanda de los países avanzados y la supracompetitividad de las naciones del Asia-Pacífico.

En el grupo de integración productiva se está trabajando desde hace varios años en sectores estratégicos, tales como autopartes, línea blanca, madera y muebles, maquinaría agrícola, vitivinicultura, naval, aeronáutico, petróleo y gas, entre otros. Pero los avances son muy lentos (excepto en algunos casos puntuales) y los resultados demasiado magros como para responder adecuadamente a la velocidad con que se producen los cambios en el mundo.

La relevancia que tiene el Mercosur para Brasil es menor que en el pasado, ya que las ganancias de comercio están llegando a un punto de saturación, y las dificultades que plantea el mercado argentino para las inversiones directas afecta la importancia del mercado regional. Sin embargo, Brasil aún necesita al Mercosur como plataforma de negociación y de inserción al mundo, y a la Argentina en particular por la relevancia como mercado para sus exportaciones industriales. Las medidas de restricción a las importaciones implementadas por la Argentina y los límites a la remisión de utilidades de las empresas brasileñas instaladas aquí lejos están de reforzar estos vínculos.

En consecuencia, 2013 será en muchos sentidos un año de transición: el mantenimiento o una profundización del actual escenario restrictivo sin duda alejará aún más a la Argentina del centro de la estrategia de relacionamiento externo de Brasil, y por supuesto afectará a los flujos de inversión directa en nuestro país, mientras que una flexibilización de las trabas y la emisión de señales que contribuyan a reducir la incertidumbre nos colocará más cerca de Brasil y de la posibilidad de diseñar y consolidar una estrategia de inserción común.

Por: Dante Sica
ADEMÁS

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.