2019, un año en el que el comercio internacional estará en la agenda política y económica

Félix Peña
Félix Peña PARA LA NACION
Analizar las variables globales, regionales y nacionales será clave para articular una hoja de ruta en la que el país pueda basarse para ganar mercados e integrarse comercialmente con el mundo
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6 de diciembre de 2018  

Varias cuestiones novedosas se pueden destacar en la agenda 2019 sobre prioridades para el comercio exterior argentino. Tienen que ver con la necesidad de actualizar y renovar estrategias de proyección al mundo de bienes y servicios para que el país esté en condiciones de producir con calidad y eficacia, sobre la base de ventajas competitivas y, en especial, de dotación de recursos naturales, talentos y creatividad, y de diversidad de su desarrollo industrial y tecnológico.

Es una renovación que resulta necesaria a la luz de una visión, siquiera superficial, de los cambios que se están operando en los últimos tiempos en el plano global y en el entorno regional latinoamericano. Reflejan una época que se destaca por un elevado número de protagonistas –países, pero también empresas, consumidores, organizaciones sociales– en la competencia por los mercados mundiales, con múltiples opciones sobre a quiénes vender y comprar bienes y servicios que necesitan, prefieren y valoran. Reflejan, a su vez, el hecho de que la distribución del poder económico y tecnológico relativo permite considerar un número cada vez más amplio de potenciales competidores, con una distribución geográfica también muy diversa.

Son cambios, por lo demás, que tornan más intensa la interacción entre las diversas culturas que caracterizan a países y regiones y, por ende, el comercio internacional. Entender el alcance y el efecto de las diversidades culturales, con su impacto en prioridades y preferencias de ciudadanos y consumidores, está siendo cada vez más un factor crucial para asegurar la competitividad internacional de un país y de sus empresas.

Se está entrando entonces en una etapa del comercio mundial en la que los protagonistas son cada vez más numerosos y tienden a estar cada vez más conectados. Por esta razón, resultará difícil considerar que son pocos los protagonistas que tienen una incidencia principal en la definición de las prioridades y, en especial, de las reglas de juego de la competencia global.

En la práctica, salvo por razones de seguridad, en general los países procurarán cada vez más tener buenas relaciones con todos los demás.

Con esta premisa en mente, las principales cuestiones a incluir en la agenda 2019 del comercio exterior argentino son:

  • En el plano global, entender e incidir en la necesaria renovación del sistema multilateral del comercio mundial, institucionalizado en la Organización Mundial del Comercio (OMC), y, a la vez, lograr la vinculación del país con la creciente red de acuerdos comerciales preferenciales de alcance regional e interregional.
  • En el plano regional latinoamericano, tener una participación activa en la adaptación del Mercosur a nuevas realidades del comercio mundial, incluyendo la necesaria articulación entre sus países miembros y los de la Alianza del Pacífico, y el pleno aprovechamiento de todo el potencial del Tratado de Montevideo de 1980.
  • En el plano nacional, es necesario lograr un efectivo desarrollo de la estrategia incluida en el programa Argentina Exporta, lanzado en octubre pasado por el gobierno nacional a través del Ministerio de Producción y Trabajo.

Obviamente, estas no son las únicas cuestiones prioritarias del comercio exterior argentino para el próximo año. Otras serán resultantes de las políticas de estabilidad macroeconómica –y sus consiguientes efectos en la estabilidad del sistema político– que se desarrollen en los próximos meses y, en especial, de aquellas que procuren lograr claras ganancias de productividad, innovación tecnológica y articulación social, sin las cuales sería difícil imaginar una inserción internacional exitosa del país.

En el plano global, las reformas de la OMC son prioritarias. Es un marco institucional clave para preservar reglas básicas para el comercio internacional, tales como el principio de no discriminación en las políticas arancelarias y en otras prácticas comerciales.

La reunión del G-20 en Buenos Aires ha acordado procurar los necesarios consensos y volver a considerar el tema en la próxima cumbre, en Japón. La Argentina, como miembro de la troika del G-20, podrá continuar desarrollando un papel de facilitador en la construcción de tales consensos, como lo hizo en la reciente cumbre.

En el plano regional latinoamericano, la reforma y la actualización del Mercosur, así como su articulación con la Alianza del Pacífico, también tendrán una fuerte prioridad. Todo indica que, por razones políticas, lo conveniente será alcanzar tal objetivo sin que sea necesario reformar el Tratado de Asunción, lo que podría plantear dificultades internas en algunos de los países miembros. Esto es factible si se logra el predominio de enfoques prácticos y no dogmáticos, especialmente sobre lo que debe ser una unión aduanera o una zona de libre comercio. La combinación entre sentido político, pragmatismo económico y flexibilidad jurídica permitiría lograr resultados concretos, asegurando a la vez la necesaria previsibilidad de las reglas que se pacten. Y en el plano regional latinoamericano, el Tratado de Montevideo de 1980 brinda con su figura de los "acuerdos de alcance parcial" los necesarios instrumentos para el desarrollo de una estrategia inteligente de articulaciones productivas de alcance sectorial.

Y, finalmente, en el plano nacional, un desarrollo eficaz del programa Argentina Exporta permitiría no solo la aproximación al objetivo de lograr hacia 2030 un salto hacia unas 40.000 empresas exportadoras con presencia sostenida en otros mercados, pero, sobre todo, fortalecería el alcance federal de la estrategia de inserción comercial internacional de la Argentina.

La experiencia exitosa del papel desempeñado por el país en la Cumbre del G-20 –y en todo el proceso de reuniones desarrolladas durante doce meses– conduce a valorar el trabajo en equipo cuando se quieren lograr objetivos difíciles en el plano internacional. Es el caso de estas tres cuestiones de la agenda 2019. Al igual que lo ha sido en la participación del país en el G-20, el compromiso directo del presidente Mauricio Macri y de su equipo presidencial será fundamental. Como también lo sería una figura del sherpa. Por ello, asumiendo el necesario compromiso personal del Presidente en el logro de los mencionados objetivos de la agenda 2019, no sería mala idea pensar en la figura de un sherpa a cargo del seguimiento de cada una de esas cuestiones relevantes.

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