Brasil: cansados de esperar

La paciencia del principal socio del bloque se agota y se multiplican en público las voces de empresarios y de referentes académicos que señalan que el Mercosur es un ancla para el posicionamiento de Brasil en el mundo.
La paciencia del principal socio del bloque se agota y se multiplican en público las voces de empresarios y de referentes académicos que señalan que el Mercosur es un ancla para el posicionamiento de Brasil en el mundo.
Florencia Carbone
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26 de noviembre de 2013  

Nada de consultores ni especialistas en comercio internacional. Para asegurar la supervivencia del Mercosur lo ideal sería tener a Houdini, el célebre ilusionista que lograba escapar de una camisa de fuerza mientras colgaba cabeza abajo de una grúa.

Ese es el sentimiento de Brasil respecto del Mercosur. Empresarios y especialistas brasileños gritan ahora a los cuatro vientos lo que hasta hace un tiempo confesaban en voz baja. Hablan de aislamiento; dicen sentirse "amarrados", con un chaleco de fuerza que les impide abrazar a nuevos socios.

El presidente de la Confederación Nacional de la Industria (CNI), Robson Braga, subió la apuesta la semana última: al reclamo por un acuerdo con la Unión Europea (UE) sumó a otro con Estados Unidos. "Un acuerdo de libre comercio no se hace de la noche al día, tenemos que comenzar a negociar con Estados Unidos, pues la industria brasileña se tornará más competitiva" de esa forma, explicó Braga. "Como líder en América latina, Brasil necesita buscar nuevas asociaciones, sin estar amarrado al Mercosur", dijo.

El director de Desarrollo Industrial de la CNI, Carlos Abijaodi, también fue contundente: "No podemos seguir aislados. El Mercosur es importante pero no suficiente, necesitamos otros mercados. Nos gustaría celebrar ese acuerdo en el marco del Mercosur, pero si éste no quiere, que Brasil tenga la libertad para negociar acuerdos".

De visita en Buenos Aires para dictar un seminario en la ICBC Fundación, Vera Thorstensen profesora en la Escuela de Economía de la Fundación Getulio Vargas y directora del Centro de Comercio Internacional e Inversiones, aseguró que "el modelo que tiene Brasil de prioridad en América del Sur está explotando. Las ganancias comerciales que se pueden tener son muy pequeñas; las grandes están en Europa y Estados Unidos".

Thorstensen, que trabajó durante 20 años en la OMC y es una reconocida experta en acuerdos regionales (de hecho estuvo en la cocina del Mercosur), asegura que Brasil "no puede quedar afuera de las negociaciones de los megaacuerdos" por el "momento histórico en el que se encuentra".

"Europa volvió a tener interés de negociar con Brasil porque ahora tenemos un cambio ajustado. El momento histórico de Brasil es diferente del de la Argentina, que está viviendo un momento difícil, con problemas de crédito externo y tiene que restringir las importaciones para mantener las reservas", dijo a LA NACION.

¿Qué tipo de Mercosur es el que quiere Brasil? ¿Sigue queriendo al Mercosur?

"Un Mercosur más abierto", responde Gustavo Segre, de Center Group.

Félix Peña, apunta: "Tanto Brasil como Argentina, a pesar de las críticas y los malos humores, siguen valorando al Mercosur entendido como idea estratégica para trabajar juntos un espacio geográfico común e inevitable. Lo que cada país miembro debe preguntarse es qué espera del bloque y los instrumentos que deberíamos mejorar. Nos debemos un gran debate, todos los integrantes y los sectores: político, académico, económico. Tenemos que debatir qué Mercosur queremos y si la respuesta fuera que no lo queremos, evaluar qué opciones existen. No hay respuestas fáciles. Está claro que la etapa fundacional se agotó, pero el Mercosur sigue".

Peña habla de "adaptarlo a las nuevas realidades". ¿Y cómo se traduce eso? "Eventualmente ver cómo introducir elementos de flexibilidad para el acceso a mercados por ejemplo, múltiples velocidades, geometría variable, integración a la carta, pero sin prescindir de lo esencial: una cierta preferencia de acceso a nuestros respectivos mercados. Darnos preferencias que no daremos a otros."

Costo de oportunidad

Thorstensen cuenta que hizo la simulación de los efectos que tendría en Brasil un acuerdo entre Estados Unidos y Europa: "Las pérdidas para nuestro comercio son muy fuertes. No podemos quedarnos afuera".

"Hay que flexibilizar el Mercosur, darle a la Argentina el tiempo que quiera, convencer a Europa que tiene que dar plazos extra…" ¿Y si la Argentina no quiere, Brasil tendría que irse del Mercosur?, preguntó LA NACION: "Sí", respondió, tras agregar: "Estoy totalmente en contra de las decisiones drásticas, soy de las que cree que todo tiene solución y que hay que negociar velocidades diferentes, con metas: Brasil llega al 80% en 10 años, Argentina llega en 15, por ejemplo".

Juan Pablo Lohlé, embajador argentino en Brasil entre 2003 y fines de 2011, cree que la Argentina podría aprovechar los últimos cambios de funcionarios y "hacer un cambio profundo en sus relaciones exteriores". "La Argentina está afuera del acuerdo con la UE, mientras que en Brasil hay una clara tendencia para cerrarlo", dice.

La Nacion le preguntó si ese interés se mantiene firme aun a costa de sacrificar el Mercosur. "Hay dos visiones: están quienes dicen que el Mercosur con todas las excepciones que tiene está totalmente perforado; hay otra visión más ideológica y política que habla del bloque como sinónimo de la hermandad entre las naciones. Pero entre una hermandad que no produce nada y países que requieren acción, hay quienes optarán por salir de la foto y volver a la acción."

–¿Percibió en algún momento de su gestión que Brasil sintiera al Mercosur como un chaleco de fuerza?

–Al final se rumoreaba eso en los sectores empresarios que veían que la Argentina no acompañaba las políticas de convergencia para las negociaciones internacionales. Eso tiene que ver con que los dos países tienen políticas macroeconómicas diferentes. Hay políticas brasileñas que no tienen absolutamente nada que ver con las de acá. Por caso: tenemos un modelo económico con metas de inflación, llegamos al 25%; en Brasil están en crisis cuando piensan que tendrán el 5%. Además, hay un tipo de cambio flexible que se ajusta con tasa de interés. Brasil sufre hoy también una sobrevaluación del real, lo que genera muchos problemas a sus exportadores, pero están dispuestos a cambiar. Los últimos recambios en el gabinete mostrarán en las próximas semanas si acá hay una real disposición al cambio o una profundización del modelo.

Da la sensación de que, hasta ahora, la fuerte postura empresarial anti-Mercosur ha sido neutralizada por la decisión política de sostener el bloque por parte del gobierno de Dilma Rousseff. Pero, ¿cuánto tiempo pasará antes de que el romanticismo ideológico sea derrota por las necesidades comerciales de los privados (y del propio gobierno)?

Otra agenda

Segre explica que en Brasil se dan hoy una serie de cuestiones internas mucho más importantes dentro la agenda que el Mercosur y la Argentina.

"Por un lado, las cuentas públicas no están dando muy bien. Por el otro, la visibilidad internacional que provoca que varios ex funcionarios de primera línea terminen en la cárcel (la Corte Suprema condenó por corrupción a ex funcionarios del gobierno de Lula da Silva). Hay mucha sensibilidad. Respecto del acuerdo con la UE, creo que será muy importante cuánto demore la Argentina en presentar su lista. Se trata de un acuerdo estratégico para Brasil. Necesita algo para mostrarle al comercio internacional y hoy no tiene nada. Si la Argentina demora su propuesta será un buen justificativo para que la Fiesp (Federación de Industriales de San Pablo) y la CNI le señalen al gobierno la necesidad de liberarse de esa ancla. Si la Argentina no se demora, es muy probable que continúen con la paciencia de siempre, y tolerando el comportamiento del hermano menor y mal criado con el que seguís junto a pesar de sus planteos", opinó.

¿Surgirá algún ilusionista que logre liberar al bloque del supuesto chaleco de fuerza por medio de la famosa flexibilización de las reglas y así mantenerlo con vida? ¿O será que el Mercosur se transformará tan solo en una ilusión?

De la capacidad de contorsionismo del grupo depende su propia existencia.

"UN TIEMPO"

¿Qué pasaría si, como en una pareja en crisis, la Argentina y Brasil decidieran "tomarse un tiempo", se dieran independencia y autonomía y retomaran la convivencia más estrecha una vez que emparejaran su situación? "Entre personas pasa y es más factible; entre países vecinos como nosotros no es recomendable. La historia larga muestra lo que pasa. Es más inteligente sentarnos a discutir cómo adaptamos lo que hoy llamamos Mercosur a las nuevas realidades. Practicar una suerte de metamorfosis. Está claro que no podemos seguir como hasta ahora", dice Félix Peña.

Gustavo Segre coincide: "No lo veo viable en el Mercosur. La mayoría de las veces cuando alguien propone eso es que ya tenía definido que no quería estar más con el otro. Es una disculpa política para retirarse. El tema es cuando el otro vuelve y pide hablar, se encuentra con esta respuesta: me encantaría, pero ya me casé", ironizó.

SENTIMIENTO EMPRESARIO

El hartazgo por las restricciones

El presidente de la Cámara de Comercio Argentino Brasileña (Cambras), Jorge Rodríguez Aparicio, atribuye buena parte de la presión del sector privado brasileño para negociar solos a las restricciones comerciales que aplica la Argentina. "Si hay algo que es insoportable para el empresariado brasileño son algunos funcionarios argentinos. Se puede estar de acuerdo o no con las medidas, pero cuando son claras y están escritas, uno sabe a qué atenerse. Brasil tampoco es una joya en cuanto a la liberalización del comercio, pero al menos las tienen escritas. No respetar los códigos es muy serio. Y creo que lo peor, más allá de los gobiernos y las restricciones, es la desconfianza que se ha creado en los empresarios brasileños acerca del cumplimiento de los compromisos por parte los empresarios argentinos, ya sean proveedores o clientes."

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